

Más del 54% de la población ocupada en México carece de seguridad social y derechos laborales básicos
Con información de México, ¿Cómo vamos? y Oxfam México
¿Qué es la informalidad laboral? La informalidad laboral es aquella situación en la que una persona trabajadora no cuenta con seguridad social o protección legal e institucional correspondiente al tiempo trabajado, de acuerdo con el informe “El laberinto de la informalidad”, publicado por Oxfam México y la organización México, ¿Cómo vamos? y donde tuve la oportunidad de participar.
En el primer trimestre de 2024, la situación de la informalidad laboral en México refleja una problemática profunda y extendida en el mercado laboral. Con más del 54% de la población ocupada en empleos informales, millones de personas trabajadoras y sus familias carecen de acceso a derechos laborales esenciales como la seguridad social o la estabilidad en el empleo. Este fenómeno, a diferencia de la percepción popular, no es una elección voluntaria sino una consecuencia de arreglos estructurales que han perpetuado la precariedad y desprotección de una amplia mayoría de trabajadores en el país.
La informalidad laboral afecta a diversos sectores, grupos demográficos y regiones en México. Las mujeres, especialmente aquellas con hijos y con menor escolaridad, son las más afectadas, así como las personas que residen en localidades pequeñas o que trabajan en microempresas.
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La informalidad se distribuye en cuatro ámbitos principales: el sector informal (donde entran vendedores ambulantes), el empleo en empresas y gobiernos (trabajadores por honorarios), el ámbito agropecuario (trabajadores agrícolas autoempleados), y el trabajo doméstico remunerado (trabajadores y trabajadoras del hogar). Esta realidad multidimensional muestra que la informalidad no se limita a sectores marginales; incluso en actividades como salud, educación y servicios públicos se registran altos niveles de informalidad.
Los sectores con mayores tasas de informalidad incluyen la agricultura, los servicios diversos (como el trabajo doméstico remunerado), la construcción y la hospitalidad, que abarca hoteles y restaurantes. En particular, el sector de la construcción no solo destaca por su alta informalidad, sino también por ser uno de los más riesgosos en términos de seguridad laboral. En este contexto, la cobertura de seguridad social resulta fundamental para proteger a los trabajadores, quienes a menudo enfrentan condiciones de trabajo precarias y sin acceso a beneficios que garanticen su bienestar en caso de sufrir accidentes laborales.
La informalidad laboral trae consigo una amplia gama de desigualdades. Las personas en la informalidad ganan en promedio poco más de la mitad que sus contrapartes en empleos formales. En términos reales, mientras que el ingreso de un trabajador formal permite adquirir aproximadamente 2.9 canastas básicas urbanas, el ingreso de una persona en la informalidad alcanza solo 1.5 canastas, un nivel apenas suficiente para cubrir necesidades esenciales.
Además, la informalidad perpetúa desigualdades de género, ya que las mujeres en estos empleos suelen tener jornadas extensas de trabajo no remunerado, particularmente en labores de cuidado y domésticas. Estas desigualdades en ingresos y condiciones laborales se reflejan en las distintas regiones de México, siendo más pronunciadas en estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas y Puebla, donde la informalidad alcanza tasas superiores al 70%.
La informalidad en México tiene raíces históricas y estructurales. La falta de recursos suficientes para sostener un sistema de seguridad social universal ha creado un ambiente en el que los empleadores y el gobierno pueden operar sin extender los derechos laborales a todos los trabajadores. Las políticas de formalización, como el Régimen Simplificado de Confianza, han fracasado en abordar los factores que mantienen a una gran parte de la población laboral en la informalidad, limitándose a esquemas tributarios sin resolver la falta de empleo formal de calidad.
Mitos sobre la informalidad
En México, la informalidad laboral está rodeada de numerosos mitos y prejuicios que distorsionan su verdadera naturaleza y afectan a las personas que trabajan en esta situación. A continuación, se presentan algunos de los mitos más comunes y las realidades que los desmienten:
- Mito: La informalidad es una decisión personal.
Realidad: La mayoría de las personas en la informalidad no están allí necesariamente por elección, sino por falta de opciones en el mercado laboral formal. La informalidad se concentra en sectores como el comercio minorista, la construcción y el trabajo temporal, donde las condiciones económicas limitan el acceso al empleo formal. Además, esta situación está vinculada a la pobreza, por lo que es difícil afirmar que alguien elige vivir en desprotección social y laboral.
- Mito: Los trabajadores informales no pagan impuestos.
Realidad: Aunque no contribuyen directamente a la seguridad social, muchas personas en la informalidad pagan impuestos indirectos, como el IVA y el IEPS, y una parte de ellos paga el ISR a través de contratos de honorarios en el sector formal. Estudios estiman que formalizar toda la actividad informal solo aumentaría la recaudación en un margen de entre 0.25 y 1% del PIB, siendo este incremento bajo debido a los bajos ingresos promedio que se ganan en los trabajos típicamente informales.
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- Mito: Todos los trabajadores informales son iguales.
Realidad: La informalidad laboral incluye diversas situaciones laborales: desde el vendedor ambulante hasta el consultor por honorarios en empresas y gobiernos, o personas en el sector agropecuario y trabajadores domésticos. Este fenómeno se muestra diverso y atraviesa diversos sectores económicos, lo cual evidencia que no todas las personas en informalidad viven las mismas condiciones o sufren las mismas carencias.
- Mito: Los informales se dedican a actividades ilícitas.
Realidad: La mayoría de los trabajadores informales se dedican a actividades legales y visibles, como el comercio y los servicios. La informalidad laboral no es sinónimo de ilegalidad ni de economía subterránea; se trata de actividades no reguladas o no protegidas, como el trabajo de consultoría por honorarios o el empleo en pequeñas empresas sin registro formal.
- Mito: Las personas en informalidad se aprovechan de los servicios que otros pagan.
Realidad: Las personas en situación de informalidad también contribuyen a la economía mediante el pago de impuestos indirectos y, en ocasiones, impuestos directos. Sin embargo, suelen estar excluidas de servicios esenciales de seguridad social, por lo que forzosamente deben recurrir a servicios privados o sistemas públicos de salud no contributivos, los cuales varían mucho en calidad y accesibilidad según la región.
Estos mitos perpetúan la estigmatización de la informalidad laboral y dificultan la comprensión de sus causas estructurales y sus complejidades. Reconocer esta realidad es el primer paso hacia políticas efectivas que promuevan la inclusión laboral y reduzcan las desigualdades en el acceso a derechos laborales en México.
Para mejorar la situación de la informalidad laboral, es fundamental implementar políticas públicas que aborden el problema desde una perspectiva integral:
- Fortalecer la inspección laboral en sectores y regiones con mayor incidencia de informalidad y crear un sistema de seguro de desempleo que permita a los trabajadores buscar empleos formales sin caer en situaciones de vulnerabilidad.
- Simplificar y abaratar los trámites para la contratación en micro, pequeñas y medianas empresas(MiPyMEs), brindando acceso a crédito y reduciendo los costos para que estas unidades puedan registrar a sus empleados y ofrecerles seguridad social sin comprometer su sostenibilidad financiera.
- Implementar un Sistema Integral de Cuidados para reducir la carga de trabajo no remunerado, especialmente entre las mujeres, y permitir su integración en el mercado laboral formal. Además, debe facilitarse el acceso a cuentas de ahorro para el retiro, independientemente de la condición laboral de la persona.
La informalidad laboral en México es una deuda histórica con una gran mayoría de la población trabajadora, que se ha visto excluida de la protección social y de las oportunidades de crecimiento personal. La solución no radica únicamente en elevar los ingresos formales, sino en desarrollar políticas de corresponsabilidad entre el Estado, los empleadores y la sociedad para crear un sistema de seguridad social que incluya a todas las personas trabajadoras.
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