El día que el T-MEC se volvió anual

Canadá busca extender el gran T-MEC por 16 años más
Foto: IMER Noticias

*con información de México, ¿Cómo vamos? 

El tratado sigue vivo hasta 2036, pero por ahora se prevé que haya renegociaciones cada año

El 1 de julio, el secretario de Economía Marcelo Ebrard, el representante comercial estadounidense Jamieson Greer y el ministro canadiense Dominic LeBlanc se reunieron para cerrar la primera revisión conjunta del T-MEC, una cita que el propio tratado fijó desde 2020 para su sexto aniversario. De esa videollamada salieron tres comunicados sobre el mismo hecho: Washington hablando de déficits comerciales, México hablando de certidumbre y Canadá sobre aranceles a sus productos de exportación. 

QUÉ CAMBIÓ ESTE 1 DE JULIO (Y QUÉ NO)

El comunicado del USTR (la oficina del representante comercial de los Estados Unidos) dice que “Estados Unidos no aceptó renovar el T-MEC en su forma actual” y que seguirá negociando con sus dos socios para corregir tanto las deficiencias del acuerdo como sus “déficits comerciales con estos países”. Recordemos que un déficit comercial entre dos países ocurre cuando un país compra más bienes y servicios a otro país de los que le vende. En este caso, la queja de Estados Unidos es que México y Canadá le venden más de lo que le compran.

Lo que estaba en juego era la cláusula de revisión del Artículo 34.7: si los tres países confirmaban la renovación, el tratado se extendía dieciséis años, hasta 2042. Mientras que México y Canadá llegaron con la pluma lista, Estados Unidos dijo que no, y esto activó el mecanismo alterno que el propio acuerdo prevé: que el tratado siga plenamente vigente, con las mismas reglas, pero entrando a revisiones anuales hasta que haya consenso para extenderlo o hasta su expiración en 2036.

No se canceló nada, no se impuso ningún arancel nuevo y ningún camión se detuvo en la frontera. La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo así en la mañanera del 2 de julio: “el tratado se mantiene hasta el 2036” y en cualquier momento los tres gobiernos pueden prolongarlo dieciséis años más. El boletín de la Secretaría de Economía presentó incluso las revisiones anuales como un acuerdo de los tres países y recordó que más del 80% de las exportaciones mexicanas entran a Estados Unidos sin arancel. Del lado canadiense, LeBlanc reafirmóel apoyo inquebrantable de Canadá al tratado y a su renovación” y la misma lectura de vigencia plena hasta 2036.

Una forma simple de entender el cambio es llevarlo al terreno de la renta de una casa. Imaginemos que rentamos una casa con contrato firmado hasta 2036 y una opción de extenderlo dieciséis años más de una sola vez. El casero nos avisa que por ahora no firmará la extensión larga y que prefiere revisar las condiciones cada año. Nadie nos está corriendo: seguimos viviendo ahí, con la misma renta. Pero ya no remodelamos la cocina o repintamos las paredes, porque no sabemos si el arreglo nos durará. Si bien es un ejemplo burdo (Estados Unidos no es el casero de ningún país), nos sirve para entender como ante la incertidumbre, las decisiones de inversión a mediano y largo plazo se posponen o se cancelan. 

En esta ocasión, el pasado primero de julio, dos países querían firmar la renovación completa del tratado mientras que el tercero, el más grande, prefirió dejar la puerta de salida entreabierta. Bajo esta situación, la primera revisión anual llegará hacia julio de 2027, con dos ventanas políticas en medio: las elecciones intermedias estadounidenses de noviembre de 2026 y la presidencial en 2028, que los analistas de Banamex ven como una fecha realista para que la extensión a 2036 vuelva a la mesa (ya con Trump fuera de la presidencia).

La prensa global relató el evento a modo de ruptura entre los tres países. El New York Times tituló que Estados Unidos se negó a renovar el tratado “iniciando el reloj de diez años hacia su expiración”; The Wall Street Journal escribió que la decisión “sume en la duda” al pacto comercial; el Financial Times habló de un bloqueo de Trump a la renovación de largo plazo, y en El País se avisó que “el pacto se revisará año a año, lo que añade incertidumbre”. Ninguno mintió. El peso cerró ese día con una depreciación de entre 0.29 y 0.42 por ciento, alrededor de 17.55 por dólar, y al día siguiente ya había recuperado el terreno según el tipo de cambio FIX de Banxico. La Bolsa Mexicana de Valores hizo algo más elocuente: cerró al alza, cerca de los 67,248 puntos, el mismo día en que los titulares enterraban el tratado.

Que no haya pánico no significa que no haya consecuencias. La calificadora HR Ratings recortó su expectativa de crecimiento para México en 2026 de 1.5% a 1.1% por el lastre que la revisión anual le pone a la inversión, y el escenario base de Banamex previendo revisiones anuales hasta 2028 hace que sus proyecciones de crecimiento para el país sean de apenas 1.3% este año y 1.8% el siguiente. 

LA IMPORTANCIA DEL TRATADO PARA MÉXICO

A través del comercio internacional favorecido por el TMEC, circularon entre México y Estados Unidos unos 872 mil millones de dólares durante 2025. México es el principal socio comercial de su vecino y alrededor de 14.6 millones de personas trabajando en los sectores ligados a ese comercio, según México ¿Cómo Vamos? 

Por el momento, parece que la estrategia del gobierno será la de administrar las nuevas negociaciones sin dramatismo. Marcelo Ebrard, secretario de Economía, presume una métrica de avance: de los cincuenta y cuatro temas en disputa del año pasado quedan catorce, aunque él mismo reconoció que Estados Unidos puso sobre la mesa “unos 10, 11 asuntos adicionales” nuevos. La siguiente cita ya existe: la semana del 20 de julio llega a la Ciudad de México una delegación estadounidense para la tercera ronda bilateral, y el sector privado la acompañará con una delegación empresarial, confirmó el Consejo Coordinador Empresarial.

Lo que México se juega en cada revisión anual se entiende mejor con los datos del propio sector empresarial. En las consultas públicas de la Secretaría de Economía citadas por Coparmex, 61% de las organizaciones mexicanas exporta principalmente a Norteamérica bajo las reglas del tratado y 47% obtiene ahí sus insumos. El problema es que esa integración necesita certidumbre para seguir creciendo: la inversión extranjera directa de 2025 marcó una cifra histórica de 40,871 millones de dólares, pero dos terceras partes fueron utilidades reinvertidas por empresas que ya estaban en México, no nuevas plantas.

Mientras tanto, el principal daño para México es la inversión que se queda en pausa ante la incertidumbre. En la encuesta de especialistas de Banxico de mayo, ninguno consideró que fuera buen momento para invertir y la mitad dijo que era mal momento, mientras el resto manifestó no estar seguro. Y dentro del coro empresarial que pidió calma hubo una voz discordante: la industria automotriz, que lleva año y medio pagando los aranceles de la Sección 232, la cual calificó la revisión anual como algo que “representa un retroceso” y “no contribuye a generar certidumbre”

DEL LADO CANADIENSE: EL PAQUETE COMPLETO O NADA

Canadá vive el mismo limbo desde otra aritmética y con otro temperamento. Es el segundo socio comercial de Estados Unidos, con unos 719 mil millones de dólares de comercio en 2025, y llega a esta etapa con los aranceles sectoriales estadounidenses a su acero, su aluminio, sus autos y su madera. Por eso el comunicado de LeBlanc no se detuvo en el duelo por la renovación fallida y fue directo a su prioridad: resolver esos aranceles. Su táctica declarada es ofrecer velocidad sin regalar piezas: “no seremos la causa de ninguna demora”, dijo, pero también dejó claro que Canadá no está dispuesto a resolver los temas “de uno en uno”. O se negocia el paquete completo, aranceles incluidos, o no hay prisa que valga.

El tono lo marca el primer ministro Mark Carney, que desde abril fijó postura: “no es un caso donde alguien exige y el otro suplica… Estados Unidos no dicta los términos”. La víspera de la revisión, declaró a la prensa canadiense que su gobierno prefiere el status quo antes que un mal acuerdo. Detrás del tono hay líneas rojas concretas, como la gestión de la oferta en lácteos, intocable por ley canadiense, y una oferta estratégica: profundizar la integración en energía, aluminio y minerales críticos como valor para Estados Unidos. Los centros de análisis canadienses, con el C.D. Howe Institute al frente, recomiendan dos cosas que suenan a manual de crisis: contención ante las provocaciones y coordinación estrecha con México. 

Y ahí aparece la ramificación menos comentada del 1 de julio: el riesgo de que Washington negocie con sus dos vecinos por separado. Las rondas en curso son bilaterales, no trilaterales, y el lado México-Canadá es, por mucho, el más delgado del triángulo: unos 62,300 millones de dólares canadienses al año, alrededor de 45 mil millones de dólares estadounidenses, contra los más de 700 mil de cada vecino con Estados Unidos. Dos socios que se venden poco entre sí tienen menos razones económicas para sostener un frente común, y eso Washington también lo sabe

Lo que sigue es un calendario más político que técnico y de discusión económica. La ronda del 20 de julio en la Ciudad de México dirá si el optimismo del lado mexicano aguanta; las intermedias estadounidenses de noviembre dirán si Trump llega fortalecido o acotado a la primera revisión anual de 2027; y la presidencial de 2028 es la ventana que los analistas ven para que la extensión por dieciséis años regrese a la mesa. El 1 de julio no terminó el T-MEC. Terminó la época en que Norteamérica podía darse el lujo de no pensar en el tratado durante seis años seguidos. Ahora el tratado tendrá sus citas de revisión anual.

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