
El 24 de junio de 2026 dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 golpearon el norte de Venezuela con menos de un minuto de diferencia

Los mexicanos sabemos muy bien lo que es sentir que el piso se mueve. Fue algo que vivimos en 1985 y que la naturaleza nos recordó en 2017: ese momento en el que las conversaciones y las actividades se detienen mientras caemos en la cuenta de la situación , vemos que a nuestro alrededor las cosas se mueven y nos ponemos a buscar un sitio seguro para poder resguardarnos.
Eso fue lo que vivieron en Venezuela la tarde de este miércoles 24 de junio: un primer sismo de magnitud 7.2 a las 6:04 de la tarde y, treinta y ocho segundos después, otro de magnitud 7.5, ambos con epicentro a unos 25 kilómetros al sureste de Yumare, en el estado de Yaracuy. No fueron una réplica de la otra: fueron dos sismos mayores, casi consecutivos, ocurridos a lo largo del mismo tramo de fallas geológicas.

Gráfica 1. Epicentros y réplicas sobre el mapa de Venezuela; los anillos marcan 50 y 100 km del epicentro. Fuente: USGS.
La escala con la que se mide la magnitud de los sismos no es lineal, sino logarítmica, y esto hay que tomarlo en cuenta al momento de tratar de entender la intensidad de un temblor. En una escala lineal, el salto del 6 al 7 es idéntico al del 7 al 8; en una escala logarítmica no, porque en estas cada entero multiplica al anterior: subir un punto completo de magnitud significa que el suelo se sacude con una amplitud diez veces mayor y que la energía liberada se multiplica por treinta y dos.
Dicho de otro modo, un sismo de magnitud 8 no es «un poco más fuerte» que un sismo de 7: el más potente libera alrededor de treinta veces más energía. Por eso, aunque en el papel nos parezcan casi iguales, un 7.5 y un 7.2 están más lejos de lo que sugiere la cifra: un sismo de 7.5 sacude el suelo con cerca del doble de amplitud con respecto al de 7.2, pero libera casi el triple de energía, como explicó la BBC al desglosar el impacto.
En perspectiva, el terremoto de 1985 que marcó a la Ciudad de México fue de magnitud 8.1 y el del 19 de septiembre de 2017 en Puebla y Morelos fue de 7.1. Es decir: cada uno de los sismos venezolanos de este miércoles fue más potente que el de 2017 que tantos recordamos.

Gráfica 2. Comparación con los sismos que México recuerda. Fuente: USGS / SSN.
¿Venezuela es sísmico? Sí, al menos en el norte, donde vive la mayoría de la gente. El país está asentado sobre una de las “costuras” de fallas más activas del continente. Allí la placa del Caribe se desliza hacia el este contra la placa Sudamericana a un ritmo de un par de centímetros por año (más o menos la longitud que crecen las uñas). Ese roce se acumula durante décadas en un sistema de fallas, y los dos sismos ocurrieron justo donde confluyen ambas placas.

Gráfica 3. Las placas tectónicas de la región: los sismos fueron sobre el límite entre la placa del Caribe y la Sudamericana. Fuente: límites de placas, Bird (2003), modelo PB2002; epicentros, USGS.
El término técnico para lo que pasó es el “doblete sísmico”: dos rupturas mayores en segmentos contiguos de falla que ceden casi al mismo tiempo. Al encadenarse los dos sismos, la duración de la vibración del terreno se prolongó como si se tratara de un evento de mayor magnitud. Esa duración extra es lo que terminó por vencer a los edificios. A ello se suma que ambos fueron muy superficiales, ocurriendo a unos 20 y 10 kilómetros de profundidad según el USGS, lo que descarga la energía más cerca de la superficie.
Nada de esto era imprevisible. El catálogo del USGS registra varios macrosismos previos en el país: uno de magnitud 7.3 el 21 de agosto de 2018 y otro de magnitud 7.0 el 9 de julio de 1997. Lo extraordinario de este 24 de junio no es que en Venezuela tiemble, sino la fuerza con lo que ocurrió: es la secuencia más potente que vive el país desde hace más de un siglo.
HERIDOS Y FALLECIDOS
Al momento de terminar este artículo, el saldo de víctimas y heridos seguía subiendo. Uno de los primeros balances oficiales presentados a la mañana del día siguiente, atribuido al gobierno venezolano, hablaba de 164 muertos y 970 heridos. Para el mediodía la cifra citada subía a 188 muertos y más de 1,500 heridos. Y por la tarde, el ministro de Salud venezolano reportó al menos 235 muertos y más de 4,300 heridos.

Gráfica 4. Fuente: Elaboración propia con datos de BBC Mundo, cifras del gobierno venezolano.
Detrás de cada número hay una escena que el número no alcanza. La cobertura en vivo recogió el testimonio de Médicos Unidos Venezuela: “todos nuestros hospitales carecen de suministros y medicamentos”, lo que complica atender a los heridos en un país que ya arrastraba una emergencia humanitaria previa. La cancillería de España, por su parte, confirmó dos ciudadanos españoles muertos y unos 80 sin localizar, un recordatorio de los alcances diplomáticos que tiene el desastre. En el terreno, el gobierno desplegó al ejército y maquinaria pesada en las zonas más afectadas para abrir rutas para los rescates y el transporte de víveres y alimentos a aquellos que perdieron su hogar.
UN GOBIERNO NUEVO EN LA ÉPOCA MÁS OSCURA
El terremoto cayó sobre un gobierno cuya configuración actual apenas tiene seis meses. En la madrugada del 3 de enero de 2026, Nicolás Maduro fue capturado en una operación de Estados Unidos y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos de narcotráfico (a los que se declaró no culpable). Tras esa captura, Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada (E); trabajando junto a su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Diosdado Cabello, el ministro del Interior. Si bien en los hechos es la misma estructura de poder que gobernaba antes de enero, ahora les toca demostrar que, sin la figura que antes los encabezaba, pueden sostener el gobierno del país enfrentando ahora su peor momento.
La solidaridad viene llegando: México ha enviado un un contingente de 261 rescatistas de búsqueda y rescate junto con un avión C-130 cargado de medicamento y equipo. El Salvador envió 50 toneladas de insumos, así como 300 expertos en rescates y paramédicos altamente calificados. Por su parte, el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció US$150 millones en ayuda, de los cuales unos 50 millones se canalizarían a través de organizaciones ya presentes en el país. En Doral, al oeste de Miami, donde vive una de las comunidades venezolanas más grandes de Estados Unidos, restaurantes como El Arepazo se convirtieron en centros de acopio de medicinas y agua; comportamiento que se viene replicando también en otras ciudades de Latinoamérica por parte de los millones de venezolanos que se encuentran viviendo en otros países de la región.
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