Reflexiones desde el corazón  de los Oscar: una serie crítica – Parte II

Jesús Díaz

La película ganadora de los premios de la Academia, ‘Oppenheimer’, ha provocado reacciones divididas sobre su interpretación de eventos históricos devastadores 

Sé que puede parecer atemporal, pero intencionalmente he dejado que pase un mes para retomar el tema de los premios Oscar, que presencié en el Teatro Dolby por cuarta ocasión.

Y justo lo hice por eso. Porque me parece más oportuno abordar, con algo de distancia y objetividad, esta ceremonia, de manera crítica —o al menos reflexiva—, cuando en la mente apenas quedan los rezagos de la emoción del glamour.

Como siempre, la idea es derribar el mito de que el cine es solo entretenimiento; en realidad, los consumos culturales, y más aún los populares, se filtran en nuestras vidas y moldean no solo nuestras ideas, sino también el contexto sociopolítico en que vivimos.

Esto es algo que ya profundicé en mi artículo anterior con el documental “The Pervert’s Guide to Cinema”, donde Slavoj Žižek nos invita a ver cómo el cine no solo refleja, sino que también puede transformar nuestra realidad.

A estas alturas, si no la ha visto, ya debió haber oído hablar de «Oppenheimer», que se llevó a casa siete estatuillas de la Academia, incluyendo Mejor Película, Mejor Director para Christopher Nolan, y premios de actuación para Cillian Murphy y Robert Downey Jr.

El filme ya se perfilaba como el ganador incluso antes de que empezara la ceremonia: Un día antes, entrevisté a las afueras del Teatro Dolby a un conocido aficionado del cine estadounidense, al que el New York Times y otros grandes medios llaman “El Embajador de Hollywood”.

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Con un sombrero de copa y varios accesorios alusivos a «Oppenheimer», este personaje no dudaba: “No hay otra película que la supere”, me aseguró con una convicción que muchos compartían.

Su nombre es Gregg Donovan y su historia es muy peculiar. Hasta 2011, era la cara amable que recibía a los clientes en Rodeo Drive, un rincón de compras exclusivas que sufrió lo que llaman el “síndrome de la Mujer Bonita”. Esta crisis, inspirada en la famosa película, se desató porque la gente común empezó a evitar las tiendas, temiendo ser discriminados. 

Él los recibía con su peculiar estilo hollywoodense, pero cuando los problemas financieros de los años 2000 golpearon, Gregg perdió su empleo. Aun así, su amor por Hollywood no ha menguado: “La gente me pide autógrafos, me toma fotos, y he conocido a un montón de celebridades”, me contó el hombre de 64 años. 

Gregg es el reflejo del fan promedio estadounidense, atrapado por el encanto de las películas que consume la gente de todo el mundo sin reservas. Y, me parece, su devoción por la película de Nolan tiene todo el sentido; estamos hablando de una producción de primera. 

Para empezar, está basada en un majestuoso trabajo literario, el libro “Prometeo americano. El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer”, de Kai Bird y Martin J. Sherwin, que se publicó por vez primera en Estados Unidos en 2005, recibiendo el premio Pulitzer de Biografía un año después. 

La alusión a Prometeo no es casual; carga con un peso simbólico intenso y agrega varias capas de significado a la interpretación cinematográfica de Nolan. 

Prometeo, en la mitología griega, no era cualquier figura divina; se atrevió a robar el fuego de los dioses del Olimpo para dárselo a la humanidad. Un acto que simboliza la iluminación, el avance tecnológico y, sobre todo, el desafío a la autoridad suprema.

Por su audacia, Zeus no lo perdonó: lo condenó a sufrir eternamente, castigado no solo por dar fuego, sino por “empoderar” a la humanidad con el conocimiento. La figura de J. Robert Oppenheimer, el llamado «padre de la bomba atómica», se alinea metafóricamente con la de Prometeo.

Oppenheimer fue una pieza clave en el Proyecto Manhattan, el cual culminó con la creación de las primeras armas nucleares. A través de su conocimiento y liderazgo, entregó a la humanidad una «nueva forma de fuego» —el poder nuclear—, que tiene el potencial tanto de avanzar nuestra civilización como de destruirla.

Al igual que Prometeo, el científico enfrentó graves consecuencias por sus acciones.

Tras la Segunda Guerra Mundial, se volvió una figura controvertida, criticado por su papel en la proliferación de armas nucleares y, más tarde, perseguido durante la era del macartismo, donde fue acusado de tener simpatías comunistas y despojado de su posición de influencia en la política científica estadounidense.

Acá surge una analogía cuando menos singular: la vida de Oppenheimer pareciera la de la tragedia que en mitología se conoce como del “héroe prometeico”, elevado por sus logros pero finalmente castigado y marginado por los mismos poderes que inicialmente lo apoyaron.

¿QUÉ SIGNIFICA QUE PROMETEO SEA RECONOCIDO CON EL OSCAR?

La mayoría de los especialistas de cine, especialmente en México, se han centrado en la construcción fílmica de Nolan, es decir, en sus detalles técnicos que indiscutiblemente hacen de este filme una obra de arte.

Si nos enfocamos en lo visual, es notable por su experimentación en el formato IMAX, especialmente en sus secuencias en blanco y negro, que intensifican el drama visual.

Destaca además la estructura narrativa típica de Nolan, que suele ser no lineal y permite una exploración compleja de la vida de Oppenheimer y del Proyecto Manhattan a través del filme, que retrata sus logros científicos y sus dilemas morales a lo largo de diferentes épocas. Ni qué decir del diseño de sonido, premiado también, que refuerza la tensión y la inmersión en la historia.

Aún así, el mensaje ulterior es algo que, como suele pasar con la crítica de cine mexicana, la que está embelesada por Hollywood y su glamour, ha pasado desapercibido. Los diarios y revistas locales, ya no se digan los youtubers e influencers, no han ahondado en este rubro.

Los críticos en Asia han prestado más atención a estas capas subyacentes. Allá el legado de Oppenheimer es especialmente problemático; él es el arquitecto detrás de la bomba que devastó Hiroshima y Nagasaki, matando a decenas de miles y afectando a generaciones futuras con la radiación persistente. 

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Es claro que Nolan no quiso hacer una apología de este científico, pero en tantas horas de metraje, ¿dónde quedan las víctimas, personas reales que murieron: madres, bebés, niños, abuelos? Pequeño spoiler: no están en el filme.

Esto lo hizo ver desde su estreno en Estados Unidos, en julio de 2023, el director Spike Lee, quien dijo que en su larga duración, de más de tres horas, Nolan pudo retratar algo de la experiencia de las víctimas en Japón.

«La gente se evaporó. Muchos años después, otra gente sigue siendo radiactiva. No es que él no tuviese ningún poder… [Nolan] les dice a los estudios lo que hacer”, opinó.

Nolan se defendió enfatizando el carácter íntimo de la película, que al ser narrada desde la subjetividad de Oppenheimer, no forzosamente debe proyectar la realidad.

“La película presenta la experiencia de Oppenheimer de forma subjetiva. Siempre fue mi intención mantenerse rígidamente en eso. Oppenheimer se enteró del bombardeo al mismo tiempo que el resto del mundo”, dijo Nolan a Variety.

¿QUÉ CAUSÓ EL ESTRENO EN JAPÓN?

“Oppenheimer” se estrenó recién el 29 de marzo en Japón, siete meses después de presentarse globalmente. Allá generó reacciones encontradas. 

En una proyección previa antes del estreno celebrada en Hiroshima, el ex alcalde de esa ciudad manifestó su sentir: «Desde la perspectiva de Hiroshima, sentí que el horror de las armas nucleares no estaba adecuadamente representado», acusó. 

La corresponsal de la BBC en Japón, Shaimaa Khalil, habló con algunos asistentes a un cine en Hiroshima, literalmente a metros de donde cayó una de las bombas. 

Una espectadora, llamada Erika Abiko, no dudó en expresar su rechazo: “Me dio mucho asco ver la euforia de la gente, su alegría por el experimento y el lanzamiento de las bombas atómicas». 

PESE A ELLO, LA PROYECCIÓN HA SIDO TODO UN ÉXITO

Se estrenó en 343 salas de todo Japón, registrando ingresos de taquilla de 379 millones de yenes (unos 41 millones de pesos mexicanos) en sus primeros tres días, lo que la convierte en el mejor comienzo para una película extranjera allá en 2024. 

No solo en Japón, también en Rusia ha habido críticas, como apunta la periodista Victoria Nikiforova, de ria.ru que describió al filme con una “franqueza pornográfica”. 

“Está claro que una superproducción de este nivel, sobre un tema así, rodada por un director de este calibre, no es solo una película, sino un complejo mensaje propagandístico. ¿Cuál es el verdadero significado de la nueva obra maestra de Nolan?”, se pregunta. 

Ella profundiza en cómo Stanley Kubrick mostró bien la locura de las armas nucleares en su inmortal película «Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba», de 1964. “Allí, cada fotograma grita sobre el cruel absurdo de una guerra nuclear, que Washington está dispuesto a desatar sin motivo alguno”. 

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“El mensaje es: somos propietarios de súper tecnologías y podemos destruir a tantas personas en el planeta como queramos con impunidad. Esto, por supuesto, es una mentira propagandística, pero todo se presenta de forma muy convincente”, opina. 

También ha habido reservas dentro de Estados Unidos, como la de la columnista Ariel Kaminer, del New York Times, que piensa que Nolan omitió las consecuencias de los experimentos nucleares en los trabajadores del Proyecto Manhattan. 

Más allá del mensajero y el emisor, lo importante es notar que la interpretación de un filme parte de quién lo mira. 

Mientras resulta casi lógico que el “Embajador de Hollywood» destaque a “Oppenheimer”, lo es también que haya daños colaterales en otros territorios por este protagonista y las consecuencias de su “regalo” a la humanidad.

 La idea acá, es mantener una actitud crítica.

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