¿Por qué nos relacionamos con gente positiva?

Dime con quién andas y te diré cómo eres

Las personas somos seres sociales por naturaleza. Desde tiempos prehistóricos, aprendimos que mediante los grupos y la cooperación podíamos sobrevivir. Nuestro cerebro ha evolucionado a partir de nuestras relaciones. Gran parte de nuestro aprendizaje es social: el lenguaje, las normas, valores y habilidades las adquirimos mediante la interacción con nuestros padres y, posteriormente, en otros grupos. La socialización es un factor crucial para nuestro avance como sociedad.

Las relaciones que establecemos tienen un fuerte impacto en nuestro bienestar, no solo emocional sino también físico. Por ello, es importante cuidar las personas con las que nos relacionamos, especialmente aquellas con las que tenemos vínculos fuertes y frecuentes. Si las personas con las que convivimos son muy negativas o incluso tóxicas, tendrán un impacto negativo en nuestra vida, afectando nuestra salud mental y física, nuestro comportamiento y nuestro bienestar general. En contraste, tener relaciones con gente positiva genera felicidad y bienestar emocional.

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Veamos algunas de las muchas y diversas razones por las que es importante buscar a personas positivas.  Primeramente, nos proporcionan una red de apoyo emocional. Tener alguien con quien hablar y compartir preocupaciones reduce el estrés y la ansiedad. Sentirnos comprendidos y acompañados nos genera una sensación de pertenencia y aceptación que facilita el enfrentar problemas y situaciones difíciles, sabiendo que no vamos solos. 

Y esto no se debe únicamente a cuestiones afectivas. Las interacciones sociales  también influyen en nosotros de forma biológica: nuestro cerebro ha evolucionado para aprender a procesar información social, tomar decisiones y entender las emociones de otros, para lo cual contamos con las neuronas espejo, que son las células del sistema nervioso que se conectan con las neuronas de otras personas y se activan cuando observamos a otros realizar una acción o ellos nos ven a nosotros realizarla. 

Estas neuronas influyen en la empatía, la imitación y la comprensión de las emociones y las intenciones de otros, por eso sentimos cuando alguien está molesto, preocupado, triste o feliz sin que nos lo digan, e incluso llegamos a contagiarnos del mismo sentimiento.

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Por otro lado, y siguiendo con la influencia biológica, las personas con las que establecemos fuertes vínculos positivos aumentan la producción de hormonas como la oxitocina -conocida como la hormona de los abrazos- que está asociada con sentimientos de amor y conexión, lo que reduce la presencia de hormonas que generan estrés como el cortisol.  La oxitocina se activa cuando recibimos una muestra de confianza o cariño y cuando se aumenta en nuestro organismo, tendemos a ser más generosos y comprensivos; el cortisol, por su parte es la hormona del estrés; es la que se segrega cuando vivimos momentos de amenaza y aunque nos ayuda a afrontar desafíos y retos, puede provocarnos taquicardia, sudoración, temblores, problemas digestivos, bloqueo mental o incluso la sensación de ahogo, y cuando esta se segrega de forma constante, afecta nuestro estado de ánimo y comportamiento.

Todo esto, aun sin darnos cuenta, influye en nuestra salud física y en nuestro sistema inmunológico, y en el de los demás; si vivimos constantemente en situaciones de estrés, esto vamos a contagiarlo; y si convivimos con alguien que lo está, tenderá a compartir esa generación de cortisol.

Como dice Marian Rojas, nuestra felicidad depende de la capacidad que tenemos de unirnos o desunirnos a otros; estamos diseñados para convivir, para vincularnos, tratarnos y querernos, pero de la manera como nos relacionemos y con quiénes lo hagamos depende si esas relaciones nos fortalecen o nos debilitan.

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Todos tenemos nuestros momentos positivos y nuestros momentos complejos, y no se trata de alejarnos de quienes pasan por uno de estos; al contrario, lo que se espera de nosotros es ser empáticos y compasivos y hacernos presentes para ayudarles a superar el momento por el que atraviesan, como lo buscaríamos a la inversa; pero para poder hacerlo, siempre será mejor estar recargados de energía positiva que nos permita realmente ayudar; por tanto, cuida a tu familia y a tus amistades, promueve momentos de alegría y de diversión; genera actividades recreativas y sociales que te carguen de energía positiva y generen recuerdos significativos; busca personas positivas que te inspiren a ser mejor; cuida a las personas que tienes cerca, abrázalas, agradece sus detalles, pero también regálate tus propios momentos de recarga personal, en el que realices las actividades que te ayuden a fortalecerte: descansar, leer, hacer ejercicio, meditar, orar. 

Si te sorprendes quejándote con frecuencia, haz el esfuerzo de encontrar el lado positivo; si te das cuenta que has estado muy enfrascado en el trabajo, sal con amigos; revisa cómo te explicas a ti mismo lo que sucede alrededor, pues el lenguaje que utilizamos para explicarnos lo que vemos influye fuertemente en lo que sentimos.

Es importante buscar personas positivas; pero más importante es nosotros serlo.  Que seamos esas personas que generan buen humor y bienestar, y que contribuyen a generar un entorno de paz y seguridad a los demás.

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