

Monse Dávila
La historia está llena de grandes mujeres que muchas veces no son reconocidas, este es el caso de Saltillo, conocelas
La fundación de nuestro querido Saltillo se remonta al 25 de julio de 1577. Cuando Francisco de Urdiñola estableció la ciudad como un asentamiento en el Valle de Saltillo. Se ha reconocido el nombre de la ciudad gracias a las aguas que brotan en la región. Sin embargo, y a pesar de que no hay registros específicos sobre las mujeres fundadoras de la ciudad, se menciona la presencia de familias que se formaban por mujeres en la nueva comunidad.
A esto, es necesario subrayar, la falta de visibilidad por parte de la historia hacia las mujeres. Su ausencia de registro no implica su inexistencia. Más bien, denota el reflejo de una perspectiva androcéntrica que buscaba resaltar el trabajo, honra, orgullo y hombría que requería conquistar una ciudad -bastante claro está- por los hombres.
Por lo anterior, es que, en esta columna, reconoceremos el 447 aniversario de Saltillo desde la perspectiva de mujeres que han creado movimientos, perspectivas y esquemas disruptivos y poco convencionales en nuestra ciudad y que, sin lugar a duda, forjaron un mejor país para vivir. En memoria de ellas.
Hermila Galindo Acosta

Hermila Galindo, fue una de nuestras Mexicanas Forjadoras de la Patria. Una verdadera transformadora de la vida pública durante el periodo revolucionario. Quien, con su pluma, actitudes e ideales, luchó por consolidar los derechos, la equidad, la justicia y libertad para las mujeres de nuestro país. Dicha labor como maestra, política y periodista, acompañada de su estupenda oratoria, la hacen una pionera del movimiento feminista en México.
Hermila nació en Durango, sin embargo, desde una corta edad migró a Torreón y después a Saltillo, lugar en donde residió por tiempo indefinido. Sus preocupaciones por la situación del país y, en especial, de las mujeres, la llevaron a incorporarse al grupo «Admiradoras de Juárez», en 1906. Tres años después, un mitin en Torreón en donde escuchó y registró el discurso del abogado Francisco Martínez Ortiz, que criticaba el régimen porfirista y enarbolaba los actos de don Benito Juárez, marcó un punto de inflexión en su vida. Debía participar en los asuntos públicos y reivindicar el papel de la mujer en ellos.
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Tras el asesinato del presidente Francisco I. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez, y la llegada al poder del general Victoriano Huerta, Hermila Galindo se convenció que su labor política en el «Club Abraham González» debía redoblarse. Debido a su compromiso, elocuencia, manera de escribir y estupenda oratoria, se convirtió en la oradora de la agrupación.
En ese encargo, hacia finales de 1914, pronunció un excelente discurso en pleno cumpleaños de Venustiano Carranza. A quien impactó de inmediato con sus palabras e invitándole como auxiliar particular.
A partir de entonces y hasta el asesinato del llamado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, el 20 de mayo de 1920, Hermila Galindo desarrolló sus actividades a través de diferentes puntos de México. Todo con el propósito de difundir los principios del feminismo (creando consejos feministas) y del constitucionalismo, propiciar la crítica y fomentar la educación de la mujer como una vía para su libertad.
Al año siguiente, el 16 de enero de 1917, Hermila Galindo, en un acto inédito en la historia de nuestro país, solicitó el voto femenino restringido al Congreso Constituyente. Se basaba en la tesis liberal de la igualdad de los derechos individuales frente al poder político.
Elena Huerta Múzquiz
Originaria de Saltillo, Coahuila,. Realizó sus estudios en la Academia de Arte de Saltillo, donde después de cuatro años fue acreditada como profesora de dibujo. A partir de 1926, cursó durante un año estudios de arte con el pintor Rubén Herrera. Al concluir se trasladó a la Ciudad de México. Fue una destacada y brillante artirta y muralista en diversos recintos. Posteriormente de 1941 a 1946 vivió en la ex Unión Soviética para que a su regreso a México fuera nombrada directora de las galerías José Guadalupe Posada y José Clemente Orozco.
Fue autora de un mural en la Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro. Así mismo, durante la década de los años treinta, formó parte activa en la fundación del grupo de teatro guiñol, El Anual.

Fue autora de un mural instalado en la Escuela Superior de Agricultura Antonio Narro, en Coahuila. Además, durante la década de los años treinta, formó parte activa en la fundación del grupo de teatro guiñol, El anual. Así mismo, junto con Germán y Loca Cueto, Angelina Beloff y Leopoldo Méndez, fundó el teatro infantil. Para el cual escribió la obra El gigante Melchor (1933), con la que se inauguró el teatro guiñol dos años después.
La Nena Huerta, como la llamaron desde muy joven en Saltillo, murió en Monterrey en 1990 a la edad de 82 años. La única hija que le sobrevivió, Sandra Arenal Huerta, heredó su vocación en la lucha social. El gobierno de Coahuila publicó «El círculo que se cierra» en 1999, un recuento de las memorias de la artista escritas por ella misma.
Rosario Ibarra de Piedra
Incansable activista, fundadora de una de las primeras organizaciones de madres, padres, familiares de desaparecidos. Ha sido pionera en la defensa por los derechos humanos, la paz y democracia en México. Fue diputada, senadora y asesora política. Fue la primera mujer candidata a la Presidencia de la República en 1982 y 1988 por el ahora ya extinto Partido Revolucionario de los Trabajadores. En 1988 ante el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, se unió a los reclamos de fraude electoral. El hecho que marcó su vida fue la desaparición forzada de su hijo Jesús Piedra Ibarra. Acusado de ser presunto integrante del grupo guerrillero “Liga 23 de Septiembre”, quien en 1974, con solo 19 años, fue detenido de manera ilegal en Monterrey por agentes policiales que posteriormente lo entregaron a instancias castrenses.

Otros grandes logros por las actividades de lucha incansable de doña Rosario Ibarra que se pueden mencionar es la vinculación que logro de Eureka a organizaciones internacionales en París, Nueva York, Ginebra, La Haya, debido a la enorme experiencia adquirida en labores comunitarias. Por otro lado, en 2012 y con el impulso del Comité Eureka y el Colectivo Hijos México, abrió el Museo Casa de la Memoria Indómita para reivindicar a personas víctimas de desaparición forzada, y desaparecidos por motivos políticos. Asimismo, Ibarra de Piedra es promotora incansable de las reformas constitucionales y legales a favor de los derechos humanos y en contra de la tortura y desaparición forzada. Debido a esta gran labor ha sido candidata al Premio Nobel de la Paz en los años 1986, 1987, 1989 y 2006.
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El 23 de octubre de 2019, a 44 años de la desaparición de su hijo y cuando doña Rosario Ibarra tenía 92 años, el Pleno del Senado de la República aprobó otorgarle la Medalla de Honor Belisario Domínguez. Como un justo reconocimiento por su ardua labor como activista y defensora de los derechos humanos por más de cuatro décadas en favor de presos, desaparecidos y exiliados políticos. El Senado de la República reconoció en ella toda una vida dedicada a luchar para dar voz a los que no la tienen y exigir justicia por los que ya no pueden hacerlo.
Sin lugar a duda, las tres mujeres que han sido nombradas en estas líneas son un reflejo de todas las luchas individuales y colectivas de las mujeres saltillenses que ponen en alto nuestra ciudad. Desde lugares culturales, creativos, políticos y de lucha, Saltillo festeja sus 447 años de historia y miradas femeninas que han puesto en alto los orígenes de nuestra región.
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