La mujer ideal desde Rousseau y Mary Wollstonecraft

Gabriela Ximena García Reyes

Los debates en torno a la concepción del ser humano durante la Ilustración colocaron a la figura humana en el centro del pensamiento filosófico, político y social. En este contexto, la educación y el papel que hombres y mujeres debían desempeñar en la sociedad se convirtieron en temas recurrentes. Entre las nuevas propuestas destacó la de Jean-Jacques Rousseau, cuya obra Emilio o De la educación (1762) funcionó como un modelo educativo, que lo consolidó como uno de los grandes pensadores del periodo. Sin embargo, Mary Wollstonecraft, en Vindicación de los derechos de la mujer (1792), retoma y cuestiona varios de sus planteamientos, especialmente aquellos relacionados con la igualdad, para demostrar que las ideas de Rousseau sobre las mujeres eran limitadas y contradictorias.

Rousseau estableció que todos los hombres nacen iguales y que ninguno posee autoridad sobre su semejante, porque todos son seres razonables (Lares, 2024). Sin embargo, su propuesta es bastante contradictoria e incoherente en la práctica.  Es selectiva y limitada, bajo una supuesta “naturaleza”, justifica la subordinación a las mujeres. Incluso entre los propios hombres, factores como la clase social son determinantes que condicionan el acceso a esa ciudadanía igualitaria. Demostrando a través de sus postulados que la igualdad nunca fue algo deseable.

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Mientras que Mary Wollstonecraft cuestionó la supuesta igualdad al argumentar que tanto los hombres como las mujeres son seres racionales y que no existe ninguna distinción natural entre ellos (Madero, 2022). Si alguna diferencia llega a manifestarse, esta proviene de la falta de acceso a la educación y de la reproducción de patrones sociales que benefician únicamente al varón, pero nunca de un fundamento biológico. De hecho, los propios postulados de Rousseau lo evidencian: mientras afirma que a los niños debe inculcárseles el gusto por la lectura y la razón para fomentar su libertad y autonomía, sostiene que las niñas deben ser educadas para obedecer, pues su “naturaleza” radicaría en la sumisión. Con ello, se crean desde la infancia condiciones de dependencia y subordinación al hombre.

 Es pertinente cuestionar no solo la educación, sino también la supuesta “naturaleza” que utiliza Rousseau para justificar la desigualdad entre hombres y mujeres. Para él, el hombre es bondadoso, razonable y libre, mientras que la mujer es ingenua, frágil, sentimental, en caso de llegará a poseer algún rasgo masculino, se volvería fea y desagradable, porque su ingenuidad es lo que la hace encantadora. Por ello siempre debe de tener a un hombre que piense, opine y actué por ella,  porque su finalidad en  existir es para verse linda, agradar y tener hijos para educar en casa. Volviéndose a la mujer en un mero complemento o accesorio para los caballeros.  

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Pareciera que con estos aspectos esa naturaleza femenina solo beneficia al hombre porque no tienen ni una pizca de igualdad a pesar de que Rousseau se considera un defensor de ella. No obstante con ello, afirmó que las mujeres están llenas de vicios y defectos, que su única solución es atender al marido, aceptar cada reproche de él por su bien. Lo que vemos aquí son las bases del patriarcado moderno, porque coloca a la mujer en un papel de subalterna hasta el punto de deshumanizarla al considerarla al servicio del hombre. Porque aunque la ilustración y sus postulados surgieron como una respuesta intelectual diferenciada a lo que antes concebido, no es más que otra forma en que los hombres miembros de la clase alta o burguesa para esos años, siguen posicionándose en las altas esferas para mantener el orden, control y poder.

La respuesta de Mary ante todo esto es  contundente “la mujer puede hacer todo eso y más”.(Lares, 2024) Porque simplemente poseen las mismas características racionales que los hombres. Porque a lo largo de la historia, se ha demostrado, que la mujer ha demostrado que pueden pensar, decidir, creer y participar en competencia con los hombres, en contextos que les negaba estructuralmente la posibilidad de hacerlo.  Si no le hemos visto o no lo percibimos de tal manera, es porque la sociedad ha tomado los postulados de Rousseau para someterlas desde la infancia y limitar sus libertades. Nunca fue  naturaleza ser dóciles ni depender de los hombres, no es desagradable ser inteligentes, se enseñó a guardar silencio,  porque “calladita te ves más bonita” pero solo porque a ellos les convenía. 

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Todos estos aspectos sirvieron para reforzar las bases del patriarcado moderno y moldear el papel de la mujer en la sociedad contemporánea.  Porque sí, la ilustración fue revolucionaria pero también opresora y excluyente, se crearon teorías en la que no todos llegamos a ser ciudadanos por no ser parte del prototipo. La igualdad se retrasó hasta mitad del siglo XX, pero no fue por naturaleza, sino por el temor de perder y compartir el poder al reconocer a la mujer como ciudadana libre y sujeto de derechos.

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