

Jairo Eduardo Jiménez Sotero
El año 2025 marca una doble conmemoración sobre la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) evento fundamental que marcó un antes y un después en la historia universal y donde el protagonista innegable fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la URSS. Se tiene por un lado la liberación del campo de concentración de Auschwitz llevada a cabo el 27 de enero de 1945 por el ejército rojo. El 27 de enero de cada año se ha declarado como el día mundial para la conmemoración de las víctimas del holocausto. Cuatro meses después de la liberación de ese campo de exterminio, ocurrirá la derrota total de la Alemania nazi, igualmente efectuada por las fuerzas armadas soviéticas con la participación del célebre primer frente bielorruso.
Históricamente el recuerdo y la memoria de esos eventos coyunturales que marcaron el largo siglo XX en la historia mundial suelen infravalorar el papel de la URSS en la derrota final del III Reich. Una vista general del curso de la guerra nos muestra una realidad distinta a la que existe en el imaginario popular, donde se suele pensar casi en automático en Estados Unidos como el país que derrotó a los nazis. Por el tamaño, dimensiones y escala de las operaciones militares desplegadas por la Unión Soviética particularmente cuando pasan a la ofensiva desde el año de 1943 y con el inicio de la operación Bagration de 1944, el frente Oriental fue el teatro de operaciones decisivo en la guerra.
Las gigantescas ofensivas efectuadas por el ejército rojo posteriormente a su victoria en Stalingrado (1943) derivarían con el paso del tiempo, en la destrucción total del grupo de ejércitos centro de la Wehrmatch (ejército alemán) y la final captura de Berlín, la capital alemana en mayo de 1945.
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Las dimensiones del frente oriental, el número de soldados que participaron en las operaciones militares en ambos bandos, el número de muertos, heridos y desaparecidos no tiene comparación con ningún otro teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial. Por sus dimensiones el este de Europa fue donde se decidió el destino del conflicto. El rol protagónico del ejército rojo en la victoria aliada contra las fuerzas alemanas inspiró en muchos sentidos, movimientos anticolonialistas y de liberación nacional en regiones como el sureste asiático, particularmente Vietnam (Giap, 1971)
Un ejemplo de ello es la célebre batalla de Stalingrado que se desarrolló entre los meses septiembre de 1942 y febrero de 1943. Esa batalla representó un punto de inflexión en el conflicto pues implicó el cerco y destrucción del célebre 6º ejército alemán, bajo el mando del Mariscal Friedrich Von Paulus (Ortega, 2020).
A partir del cerco y aniquilación del ya mencionado 6º ejército alemán en enero de 1943 los soviéticos pasarán paulatinamente a la ofensiva desarrollando una serie de maniobras militares de una escala inimaginable en la historia militar por el número de efectivos, tanques y cobertura territorial que se alcanzarían en cuestión de meses. Muestra de esto fue la denominada Operación Bagration nombrada así por el Príncipe Piotr Bagration, destacado militar ruso que combatió a Napoleón Bonaparte durante la invasión Rusia de 1812.
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Esa descomunal operación que se desarrolló entre julio y diciembre de 1944 destruyó el grupo de ejércitos centro de la Wehrmatch y expulsó de manera definitiva los nazis del territorio histórico de la URSS, esto significó la destrucción de más de 30 divisiones del ejército alemán, perdiendo en total casi 450, 000 soldados (Glantz y House, 2017) pérdidas que nunca experimentó en el frente Occidental. Para tener una idea cabal de lo que significó el frente Oriental en comparación al teatro de operaciones Occidental, vale la pena establecer una comparativa entre el célebre “Día D” o su nombre en clave la Operación Overlord (el desembarco de Normandía de junio de 1944) y la Operación Bagration.
En el desembarco aliado al norte de Francia participaron en total un promedio de 147,000 mil soldados (Valencia, 2004) entre británicos, estadounidenses, canadienses, australianos y neozelandeses, número muy inferior a los efectivos desplegados en la operación Bagration, donde se contabilizó la participaron de más de 2 millones de soldados soviéticos (Glantz y House, 2017).
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Estos aspectos del papel soviético en la guerra en ocasiones suelen ser pasados dentro de la historiografía de la guerra, acentuando un fenómeno que ha sido cuestionado por algunos académicos. Debido a esto se suele subestimar el papel de las grandes campañas soviéticas del último año de la guerra entre 1944 y 1945 (Black, 2004) en aras de asignar en un rol protagónico de la visión occidental sobre las narrativas del conflicto, cuando por los datos se sabe que las batallas más sangrientas, brutales y con mayor número de bajas fueron las que enfrentaron al ejército rojo y la Wehrmatch
Estos números y contextos nos permiten repensar la cuestión del análisis crítico y “objetivo” de los procesos históricos y sociales del pasado y el presente. El tema de la Segunda Guerra Mundial ha suscitado diversos enfoques, análisis y desde luego posturas ideológicas que la mayoría de las veces tienden a demeritar el papel decisivo del ejército rojo y la URSS en la derrota final de la Alemania Nazi. La gigantesca escala de las operaciones militares (recordemos que durante la operación Barbarroja de junio 1941 la Wehrmatch invadió la URSS con más de 3 millones de soldado, cifras que el frente Occidental nunca vio en su territorio), el número de soldados y la brutalidad de las batallas del frente oriental acreditan a este teatro de operaciones como el factor determinante en la derrota del ejército alemán en 1945.

