

Hernán Maximiliano Venegas Delgado
Uno de los temas historiográficos más trabajados y referentes al Noreste novohispano es y sigue siendo el de la colonización tlaxcalteca, misma que, por otra parte, está imbricada indisolublemente a la composición genética y cultural de su población actual, lo que hace también más complicado a la vez que rico el conocimiento a profundidad de su impacto en toda esta macro región nordestina.
Así, cuando caminamos por las calles de Saltillo, por ejemplo, y nos preguntamos dónde está esa herencia cultural multifacética tlaxcalteca en la actualidad, la respuesta se hace complicada, aparentemente. Es que dicha herencia está en sus habitantes mismos, en sus mezclas genéticas y culturales, junto a la de otras diversas etnias indígenas y también de los conquistadores europeos, que no solo fueron españoles, sino también judíos conversos inicialmente, por ejemplo.
Llegados a fines del siglo XVI, con la fundación del poblado de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, contiguo al de Saltillo, esta fundación se expandiría hacia otras más en el noreste, en una serie de acontecimientos conocidos con el nombre genérico de la “diáspora tlaxcalteca”, primero para organizar y establecer puntos estratégicos de defensa y ofensiva frente a los llamados chichimecas, poblaciones seminómadas habitantes de la región, y más adelante, en particular durante el siglo XVIII, para contener los ataques de las poblaciones nómadas apaches y comanches provenientes de las Grandes Llanuras o Grandes Planicies de lo que es hoy el centro de los Estados Unidos de América, entonces ámbito de codiciada expansión por parte de los conquistadores y colonizadores españoles.
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El número de poblados tlaxcaltecas fundados desde entonces varía en las estimaciones historiográficas, pero sí está establecido que estos engrosaron la suma de varios poblados -acorde con cada época histórica-, unos con mayor éxito -y duración temporal- que otros. Estos nuevos colonizadores, aliados de los españoles e hispano-criollos, por conveniencias propias recíprocas, también recibieron especies de privilegios especiales a cambio, exentándolos ante todo de las jurisdicciones coloniales del Septentrión y haciéndolos depender directamente del virrey novohispano de turno, lo que les brindaba una autonomía significativa para ese entonces.
Por supuesto que estos colonizadores tlaxcaltecas recibieron privilegios especiales, no usuales entonces en toda la América Hispana que comenzaba a desarrollarse, lo que los hace más interesantes para sus análisis contemporáneos por parte de numerosos historiadores e historiadoras, sobre todo de América y de Europa. Por ejemplo, los tlaxcaltecas recibieron el título de hidalgos, lo que los libraba de “servicios” especiales usuales impuestos a otros pueblos indígenas, que usualmente derivaban hacia diversas formas, en la práctica, de esclavitud o servidumbre.
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Sin embargo, esta situación se repotenciaría, tras el sometimiento siquiera parcial de los pueblos aborígenes septentrionales novohispanos, desde fines del siglo XVII y en particular en el siglo XVIII, con el arribo masivo y cada vez mayor de otras poblaciones aborígenes, en lo fundamental nómadas, como fue el caso de los apaches y los comanches, sobre todo los primeros para el noreste colonial, pero sin excluir la presión de los segundos, en concreto y mayormente, hacia Texas.
![Fuente: Andrea Alejandra Martínez Coronel, “Mapa 2. Colonización tlaxcalteca en el noreste virreinal siglos XVI-XVIII” (mapa en “La epidemia de tifo de 1814 y su impacto en las familias de los pueblos tlaxcaltecas del sur de la provincia de Coahuila” [tesis de maestría, Universidad Autónoma de Coahuila, 2024], 41).](https://i0.wp.com/atiempo.tv/wp-content/uploads/2025/12/image-3.png?resize=1000%2C707&ssl=1)
De aquí que, en el transcurso de este nuevo periodo histórico para la colonización, ahora hispano-criolla -en esencia- del Septentrión, los poblados tlaxcaltecas proliferaron en estas macro región en su porción nordestina, con cifras que varían acorde con las épocas históricas que referenciemos, pero que cada vez se precisan más a través de las más recientes publicaciones y en los fondos de tesis profesionales de licenciatura y maestría recientes, como por ejemplo el establecido por la Maestría en Historia del Noreste Novohispano y Texas, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UAdeC, consultable en línea.
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Pero, no obstante, esa relativa estabilidad en la colonización tlaxcalteca en el noreste colonial se vería afectada por las nuevas reformas del Despotismo Ilustrado español tardío de la segunda mitad del siglo XVIII que, pese a todas sus limitaciones centralistas, no pudieron impedir la ampliación ahora de un nuevo proceso de integración cultural de esas comunidades tlaxcaltecas a esa rica y multifacética cultura regional que ahora disfrutamos y de la que formamos parte a través de nosotros y nosotras mismas y nuestros descendientes.
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