Teotihuacán: la trama de una  violencia que debe prevenirse 

Prevención de la violencia

Jesús Díaz

El ataque en un sitio arqueológico evidenció una violencia que cruza el malestar psíquico, resentimiento, cultura digital y errores mediáticos que no deben ignorarse 

Las imágenes se reprodujeron incontables veces, por miles de pantallas, entre millones de miradas. Vimos a un hombre joven montarse en la histórica Pirámide de la Luna, en Teotihuacán, amenazar a visitantes y matar finalmente a una mujer. 

No es la primera escena similar, desde luego. Sólo que lo ocurrido el pasado 20 de abril no fue en una escuela en Estados Unidos o en un centro comercial de un pueblo difícil de pronunciar, sino en la zona arqueológica que le habla al mundo de nuestra cultura, pasado y, desde luego, presente.

Han surgido ya muchas teorías, como que este hecho fue premeditado por un ente extranjero, dirán algunos, la CIA, por ejemplo, con el fin de desestabilizar el gobierno de Claudia Sheinbaum. El asesinato de una extranjera en estas piedras históricas se sumaría a varios hechos que tendrían la intención de dejar mal parado a Morena, dicen algunos defensores del gobierno actual.

Pero más allá de las especulaciones, el que un sitio patrimonial quedara dentro del alcance de un hecho violento irrumpe no sólo en lo cotidiano, los turistas han regresado a la zona, que fue reabierta, sino también en lo simbólico.

La tentación frente a un hecho así es llegar a la explicación simple, como queda visto en quienes ven una conspiración contra el gobierno actual. Lo mismo ha sucedido con las versiones más bien simplistas de que el asesino, de 27 años, era una persona que requería simplemente apoyo psicológico, ignorando su entorno social y las señales que debieron haber visto sus allegados.

Te puede interesar: ¿Qué pasó en la Pirámide de la Luna en Teotihuacán?

La propia Presidenta, días después, presentó en su mañanera una campaña que llamó la estrategia nacional #ABCDeLasEmociones, que, dijo, “se orienta a fortalecer la salud mental juvenil mediante la prevención, acompañamiento y participación comunitaria”. Es una iniciativa loable, claro está. Todo lo que sume a la balanza en la salud mental, no sólo de jóvenes sino de cualquier persona, es importante.

Aunque las investigaciones más serias sobre ataques similares, los cometidos por jóvenes o adultos jóvenes en espacios públicos, especialmente en Estados Unidos, ya dan un esbozo de que el tema es más complejo de lo que parece. 

Hay reportes específicos, como los del U.S. Secret Service y su National Threat Assessment Center, que coinciden en que no existe un perfil único de un agresor así, por lo que la prevención no debe basarse sólo en “perfiles”, sino en conductas preocupantes en todo un contexto.

En su muestra de 2016 a 2020, los puntos más fuertes para esa conducta fueron violencia en casa, creencias ideológicas o sesgadas extremas, y síntomas psicóticos. Otro estudio, The Violence Prevention Project, afirma que el 80% de este tipo de agresores mostraba una crisis perceptible antes del hecho y que el 66% filtró sus planes o intenciones a terceros o a redes sociales.

Eso pasó con el atacante en Teotihuacán, que escribió sobre su plan en las redes sociales de un chef influencer del que estaba presuntamente enamorado. La idea central es que hechos así no brotan de la nada. No es que se puedan distinguir mecánicamente, pero sí si nos detenemos a ver en nuestro entorno.

Prevención de la violencia

EL PROBLEMA DEL PERFIL DE “EL LOCO”

Un punto a destacar es que la psicología como tal sólo ayuda cuando describe procesos, no tanto cuando simplemente etiqueta. Se sabe que en muchos ataques escolares había una evidente idea de exclusión, rechazo, humillación y vergüenza. Datos del NTAC sobre ataque en espacios públicos hablan de depresión en un tercio de los agresores y de pensamientos suicidas.

El citado The Violence Prevention Project destaca lo que todos intuimos: que hay una tasa alta de tendencia a quitarse la vida, especialmente en agresores jóvenes. Lo importante es que, apunta el estudio, eso no significa que la depresión de los chicos sea la que cause estos ataques, sino que en muchos casos el acto es visto como una salida suicida en la que se arrastra a muchos.

Los reportes hablan de cuatro mecanismos en hechos violentos. El aislamiento en el que los agresores masivos socialmente aislados viven con frecuencia desempleo, soltería, frustración sexual, búsqueda de fama o de reconocimiento.

Te puede interesar: Ataque en Teotihuacán coincide con masacre en Columbine

Otro es la humillación y el resentimiento. La tesis del doctor Christopher Kehlet Ebbrecht propone el término “misrecognition”, que es la experiencia de sentirse socialmente devaluado o invisible; de ahí que el perpetrador busque obligar a una audiencia a reconocerlo. Uno más es la “narrativa de agravio”, cuando no basta con sufrir, sino construir una historia en la que el individuo aparece como la víctima definitiva y su manera de violentar, la reparación de un daño.

El último elemento, apuntan, es el narcisismo herido o “grandiosidad frágil”, ese sí menos generalizado, en el que se combinan sentimientos de vergüenza, desesperación, rumiación, ideación suicida y, en especial, fantasías compensatorias.

Ante esto, como dice el Royal Australian and New Zealand College of Psychiatrists, los psiquiatras no pueden predecir quién cometerá violencia, ni determinar que esto sucederá por una persona simplemente con problemas de salud mental aislados, o “loca”, dirán algunos menos doctos, sino que es algo desarrollado por un conjunto acumulativo.

Esto es importante porque, hay que subrayarlo aquí, la mayoría de las personas con trastornos mentales no son violentas. El NTAC ha encontrado síntomas psicóticos como un componente motivacional en una minoría, no en la mayoría.

Prevención de la violencia

EL FACTOR SOCIAL Y LA CULTURA POPULAR

La pregunta que deberíamos hacernos, entonces, no es tanto “qué tiene este individuo”, sino “con qué dialoga”. Los atacantes así no se inventan desde cero, sino que se reconocen en relatos previos, en imágenes, músicas, videos, foros, símbolos y mitologías de agresores anteriores.

Destaca el concepto de “school shooting script” o guión de tiroteo escolar, que sintetiza esto: algunos sujetos leen biografías de agresores, reconocen su propia humillación en ellos y hallan una justificación para hacerlo.

Claro, el género importa, aunque no es decisivo. Muchos tiroteos escolares pueden leerse como respuestas a amenazas sobre la masculinidad, a menudo atravesadas por humillación y homofobia. Es decir, en muchos ataques cometidos por hombres jóvenes, la violencia funciona como reparación imaginaria de una identidad masculina herida o fallida.

El NTAC encontró que casi la mitad de los agresores de su muestra tenían antecedentes de violencia doméstica, conductas misóginas o ambas. No es que “la masculinidad” cause esto, sino que ciertas formas de masculinidad agraviada, combinadas con aislamiento, rencor y disponibilidad de guiones violentos, aparecen una y otra vez. Para justificarlo.

Te puede interesar: ¿Qué es el efecto “copycat”?… Un fenómeno que preocupa

violencia en Teotihuacán

En ese punto, la difusión de los medios es importantísima. No es que sean los que “causen” estos actos, pero la sobreexposición del agresor puede ofrecer ideas, guiones, recompensas simbólicas a la frustración y un modelo de entrada a la historia pública para tipos que buscan notoriedad.

De eso se habló estos días respecto a los “copycats”. Un estudio de 2024 mostró que los imitadores documentados suelen parecerse a sus modelos en edad, sexo, raza, país, tipo de lugar y desenlace, y que casi el 80% atacó más de un año después de ese caso modelo.

Por eso hay un debate sobre nombrar o no al perpetrador. El problema es la construcción de biografías fascinantes, el despliegue de imágenes, manifiestos, símbolos y detalles que convierten al agresor en personaje con nombre y acto.

En este punto es importante saber que el entorno digital es amplificador, mediador y catalizador de estos hechos, porque ayuda a encontrar comunidades llenas de resentimiento, a normalizar sus lenguajes extremos y a unir soledades dispersas. 

Encuentra este y otros contenidos en nuestros SEMANARIOS: A TIEMPO MEDIO DIGITAL

Sí existe evidencia de ecosistemas concretos, por ejemplo comunidades incel y subculturas de memes violentas. El fenómeno incel amplifica la misoginia e incluso desaconseja la ayuda psicológica o del círculo social. Y los memes extremistas añaden ironía para volver compartible la violencia.

El caso Columbine es el primer gran recordatorio de ello, en una época, además, en la que no existía esta digitalización. Ese caso, como quedó de manifiesto en las ropas del asesino de Teotihuacán, fue convertido, por su cobertura y posterior difusión, en un punto de referencia. Es un tema hiperexpuesto, digamos, del que la cultura se ha nutrido. Esa influencia puede durar años.

Acá es importantísimo ser prudente: no estamos frente a “la juventud”, sino frente a una minoría extrema que hace mucho ruido mediático. Nuestra sociedad está mediatizada al punto de que la diferencia entre ser un don nadie y estar visible puede volverse un delirio. Si a eso sumamos conexiones frágiles, comunidades digitales, fracaso o rechazo, el resultado no es sólo violencia, sino extremismo. Lo más importante ahora mismo es mirar a nuestro alrededor.

ATiempo.Tv es el primer medio de comunicación nativo digital e independiente en Coahuila, caracterizado por su compromiso y responsabilidad de contribuir a la sociedad; brindando información verificada de manera profesional, ética y confiable. Es por eso que te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales para que tengas acceso a las noticias más relevantes a nivel local, nacional e internacional.