El cine frente a la tragedia palestina: un retrato de resistencia. Parte 1

Palestina

Jesús Díaz

En el Sharjah International Film Festival, el mundo árabe se conmueve con relatos y cifras desgarradoras que revelan la dura realidad de un pueblo donde la mayoría son niños

Sharjah, Emiratos Árabes Unidos. — En nuestro continente, América, la palabra Palestina no nos es ajena: se sabe, al menos, que es un territorio en conflicto, que hay muchos muertos; muchos de ellos niños. 

Los más adentrados en el tema conocen, además, el contexto de ese conflicto, que es antiquísimo, pero que se agravó cuando Israel, después de la Segunda Guerra Mundial, formó su nación en territorios de Palestina.

Hoy, esta región, que muchos no consideran aún un país, está dividida en dos territorios: al norte, Cisjordania, la zona más extensa, y al sur, Gaza. Cisjordania está gobernada parcialmente por la Autoridad Nacional Palestina (ANP), mientras que en Gaza gobierna Hamas. 


El  7 de octubre de 2023, Hamas llevó a cabo un ataque sorpresa en territorio israelí, que resultó en la muerte de aproximadamente mil 200 personas y el secuestro de otras, incluyendo civiles que asistían a un concierto de música cerca de la frontera con Gaza, entre ellos algunos mexicanos. 

Este ataque, ampliamente documentado, generó una respuesta militar de gran magnitud por parte de Israel en Gaza, una región que ha sufrido durante años el asedio israelí y el cerco que la propia ONU ha considerado inhumano. Las cifras son devastadoras: más de 40 mil muertos palestinos y 360 israelíes. 

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Los palestinos son ciudadanos, no números. Se enorgullecen, por ejemplo, de sus olivos, árboles que abundan en su territorio y que son un símbolo de su resistencia y conexión con la tierra. Su gastronomía se basa en buena medida en el aceite de oliva, y sus costumbres milenarias reflejan un amor profundo por la familia. 

La mayoría de los hogares palestinos son numerosos, con un promedio de entre tres y cuatro hijos, y las familias juegan un papel central en su vida cotidiana y en su cultura.

Vistos solo como cifras, los medios de comunicación y las redes han dado cuenta del infanticidio en este territorio joven, donde se calcula que más del 40% de los habitantes son menores de edad. No es difícil imaginar cómo esta tragedia ha marcado a los niños. De ahí las imágenes desgarradoras de padres aferrados a sus hijos y las infames noticias falsas que acusan a las familias de usarlos como escudos humanos.

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La realidad en Medio Oriente es distante a la de América. Aquí, no solo se sabe de estos conflictos, sino que son tema de conversación cotidiana. En este territorio, las recientes elecciones en Estados Unidos no tienen eco, y el hecho de que México tenga a su primera presidenta pasa desapercibido.

Y no es que estos temas no se mencionen en los noticieros, pero la distancia con la realidad de América no es solo geográfica, sino también emocional. En lugares como Sharjah, en Emiratos Árabes Unidos, los televisores y celulares se enfocan más en lo que ocurre en Palestina.

Mientras escribo estas líneas, Israel ha bombardeado una mezquita, dejando 21 víctimas, en su mayoría mujeres y niños. Y de eso se habla: de cómo los pequeños siguen aferrándose a sus madres en medio de la tragedia.

Justo eso motivó a Omar Fahmy, un cineasta de 28 años, para realizar su corto documental que, traducido del árabe, lleva por título “Cuéntales lo que está pasando”. Es sobre una niña, llamada Habiba, encerrada en Gaza, que se comunica por teléfono con una mujer.

El diálogo entre la niña y su familiar va así:

— ¡Hola!
— ¡Hola!
— ¿Eres Jude o Habiba?
— Habiba.
— ¿Cómo está Gaza ahora?
— Es hermosa… Todavía es hermosa.
— ¿Todavía estás en casa, o te desplazaste?
— Tuvimos que dejar la casa…
— ¿Tienes miedo?
— ¡No!
— Buena niña… ¿dónde está tu papá?
— Salió a buscar agua.
— ¿Está trayendo agua desde la mañana?
— Sí, desde la mañana.
— ¿Puedes dormir bajo el sonido de las bombas?
— No.
— ¿Quieres que te traiga aquí a Cisjordania?
— ¡No!
— ¿Por qué?
— Me gusta Gaza.

“Documentar lo que sucede y lo que sigue ocurriendo es crucial”, me dijo el realizador. “Ese es el papel del arte, y especialmente del cine: documentar los acontecimientos. Lo más importante: capturar y transmitir las emociones es nuestro papel principal como cineastas.”

“El viaje de mi película comenzó después de que se iniciaron los acontecimientos, y mi mensaje desde el primer día que decidí grabar fue documentar el sentimiento colectivo de todos nosotros como pueblos árabes, para no olvidar, para no acostumbrarnos a lo que está sucediendo.”

Fahmy lamenta el cambio en la vida de Gaza, de por sí afectada, especialmente para los niños. “Tenemos a los mártires de la lucha, y antes de octubre de 2023 ellos no tenían estas preocupaciones. Hoy, los que aún están vivos y sin hogar, ya sea porque sus casas fueron bombardeadas o porque fueron desplazados, y aquellos que han perdido a sus familias y seres queridos”, detalla.

“Todo lo que les preocupa ahora es cómo sobrevivir desde la primera noche de la guerra, cómo sentirse seguros al dormir, cómo pueden dormir siquiera. Estas ideas y preguntas siguen persiguiéndome, porque todos nosotros, cuando pasamos por circunstancias difíciles o un día agotador, nuestro único pensamiento es que el día termine en paz, para poder regresar a casa”

LA VOZ DE PALESTINA EN EL SIFF

La reunión para hablar de los infantes no podía ser otra que el Sharjah International Film Festival for Children and Youth (SIFF), que nos ha invitado a su decimoprimera edición. Este encuentro de cine para menores de edad del mundo árabe, y también de otras partes del mundo, se ha convertido en un espacio para compartir estas realidades.

El festival presentó 90 producciones fílmicas de 70 países, todas enfocadas en la infancia, con Palestina como nación invitada y la proyección de títulos como The Teacher, de Farah Nabulsi, y Seven Waves, ambos centrados en ese territorio. La ceremonia no solo abordó el dolor de la tragedia, sino también la resistencia cultural y la complejidad de la identidad palestina.

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Uno de los discursos más emotivos fue el de la actriz Yasmine Al Massri, hija de un refugiado palestino y una madre libanesa (país también bajo el asedio israelí), conocida en Occidente por la serie estadounidense Quantico. Al Massri tomó cinco minutos sobre el escenario en la Sharjah Performing Arts Academy para dejar claro que Palestina “no es solo guerra, destrucción y dolor”.

“Para mí, Palestina no es solo un nombre en el mapa; es un ser vivo que respira, rico en cultura, creatividad y belleza. Cada olivo en nuestra tierra simboliza paz y autenticidad. Nuestras historias se transmiten de generación en generación, a través de la música, la poesía, el bordado y la dignidad, a través del amor a la tierra y del amor al prójimo.

No somos un pueblo conocido solo por historias de conflictos y guerras; somos pueblos con miles de historias de éxito, historias de amor, sueños, logros y creatividad. ¿Conocen el sueño del poeta palestino Mahmoud Darwish? Él decía: ‘No soñamos con cosas imposibles’”.

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