
El Mundial de 2026 ya está en marcha. El evento deportivo más importante del planeta se juega del 11 de junio al 19 de julio en México, Estados Unidos y Canadá, y desde el primer partido las apuestas están en todas partes: patrocinando a los equipos, apareciendo en los cortes comerciales y colándose en la plática entre amigos y aficionados.

No es un detalle menor de mercadotecnia. Este Mundial se perfila como el mayor evento de apuestas de la historia: es el primero que se juega con las apuestas desde el celular ya legalizadas y masivas en Estados Unidos, además de tener un formato más grande, de 48 selecciones y 104 partidos, lo que aumentó en un 62.5% los partidos en los que se puede apostar en comparación con los mundiales anteriores.
Lo que se sabe del problema en México viene, sobre todo, del periodismo. De acuerdo con un reportaje realizado por la revista Proceso, se sabe que es común el endeudamiento de jóvenes por las apps de apuestas: entre muchachos que se sabe deben decenas de miles de pesos o que apostaron el equivalente a un mes de salario en apuestas que un tipster (persona que vende o comparte pronósticos sobre eventos deportivos) les vendió como seguras, hasta el caso de un joven de 19 años que perdió cerca de un millón de pesos y llegó a planear un secuestro falso para pagar sus deudas. Si bien son historias y testimonios sueltos, y no estadísticas, ya comienzan a ponerle rostro a algo que hasta hace poco no se medía.
Al respecto, México apenas empieza a recabar estadísticas sobre este tema. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) de 2025 es el primer ejercicio nacional de esta serie que pregunta por las apuestas, y sus primeros hallazgos ya nos dan información para reflexionar. De acuerdo con esta encuesta, el 4.3% de las personas entre 12 y 65 años (unos cuatro millones de mexicanos) realizó una apuesta en el último año y un 6.9% de adolescentes participó en juegos de apuestas (9.2% hombres y 4.5% mujeres). Entre las personas de 12 a 65 años que reportaron participar en juegos de apuestas, el 6.3% cumplió con “criterios de juego problemático”, mayormente en hombres (8.7%) que en mujeres (0.7%).
¿Cuánto vale exactamente el mercado mexicano de apuestas? Las estimaciones varían; de acuerdo con un artículo de Infobae, la consultora Mordor Intelligence calcula que el juego en línea estaría valuado para 2025 en unos 790 millones de dólares en 2025. En otro artículo de Miguel Ángel Ochoa Sánchez, presidente de la Asociación de Permisionarios, Operadores y Proveedores de la Industria del Entretenimiento y Juego de Apuesta en México A.C, publicado en el Financiero, ubica al mercado legal del juego en México en unos 2,700 a 3,000 millones de dólares para el mismo año, y en Expansión se publicó otro artículo donde la plataforma Sumsub estimó que el mercado de casinos y apuestas en línea en México vale entre 2,400 a 2,500 millones de dólares. En algo en lo que todas las fuentes coinciden es en la dirección; se estima que el mercado crece a doble dígito, siendo las apuestas deportivas el principal motor de crecimiento del mercado, y siendo el fútbol el deporte que representa los mayores ingresos anuales. Esto es especialmente relevante en el contexto actual, en el que se espera que el mundial 2026 traiga el mayor pico comercial en la industria.
Detrás de esos millones hay pocos dueños. Y típicamente, quien quiera operar un casino en línea debe rentar el «paraguas» de un permisionario histórico, permisos que se encuentran en manos de un puñado de grupos corporativos, como Caliente, la casa de apuestas oficial de la Liga MX y de la Selección de México; la firma española Codere; Grupo Logrand, con su marca Strendus; PlayCity, de Televisa; o Grupo Salinas, cuyo permiso agrupa a marcas globales como Bet365 y Betano. A esa concentración se suma un mercado en la sombra: la propia Asociación de Permisionarios estima que 60% de las páginas de apuestas en línea que operan en México son ilegales, lo que significa que incluso las cifras más altas del valor del mercado de apuestas mexicano se quedan cortas frente al fenómeno real.
Las reglas con las que México enfrenta todo esto son viejas. La ley que rige el juego (la Ley Federal de Juegos y Sorteos) es de 1947, escrita para hipódromos, frontones y ferias, mucho antes de que existiera una app de celular. Las apuestas por internet funcionan desde 2004 al amparo de un reglamento, no de una ley moderna.
Lo que sí ha avanzado rápido ha sido el cobro de impuestos. En noviembre de 2025 un decreto subió el impuesto especial a las apuestas del 30% al 50%, vigente desde enero de 2026. Si bien el impuesto lo paga la casa de apuestas y no el apostador, la casa lo cobra indirectamente a través del precio, de menos promociones o de peores momios (el número que indica cuánto paga una apuesta y qué tan probable la considera la casa). El único cobro que el apostador ve con claridad es la retención sobre lo que gana: en la Ciudad de México, de un premio de diez mil pesos se entregan nueve mil trescientos, y el resto son impuestos sobre el premio. El riesgo es que subir los impuestos sin cerrar el mercado ilegal salga caro: la asociación del sector calcula que cerca del 60% de los sitios que operan en el país son ilegales, y hay analistas que advierten que el alza podría empujar a más jugadores hacia esas plataformas, que no pagan nada.
En materia de apuestas deportivas, Caliente es la empresa que más destaca por su presencia. Es la dueña del club Tijuana y de su estadio, patrocina a catorce de los dieciocho equipos de la Liga MX, es la casa oficial de la Selección y su marca llega hasta el béisbol y las divisiones de ascenso o algunos eventos de lucha. Ninguna otra firma está tan presente en el deporte mexicano.
Y ya asoma algo que la ley de 1947 ni siquiera sabe nombrar: los mercados de predicción. El mayor de estos mercados, Polymarket, es una plataforma en la que se permite comprar “contratos” sobre eventos tan variados como la segunda venida de Jesucristo, el descubrimiento de vida extraterrestre, si la presidenta termina su mandato o sobre quién gana un partido o una elección. Para quien arriesga su dinero podría parecer una apuesta, aunque sus dueños insisten en que es más un producto financiero, no un juego. Esto lo hace problemático, al funcionar como una casa de apuestas, aunque esté diseñado legalmente para no serlo.
LO QUE YA SE VIVE EN OTROS PAÍSES
En Estados Unidos ya ocurre, a mayor escala, algo parecido a lo que se ve en México. En 2018, la Suprema Corte de ese país anuló la ley federal que impedía a los estados autorizar las apuestas deportivas. Como ningún estado quiso renunciar a la recaudación que esto podría ofrecer, el mercado pasó de unos 400 millones de dólares en 2018 a más de 13 mil millones en 2024, con cerca de 150 mil millones apostados ese año.
El dato más sólido sobre el daño viene de justo de este país. Un estudio con datos de unos siete millones de personas (Hollenbeck, Larsen y Proserpio, 2025) comparó qué pasaba al legalizar las apuestas según el canal permitido: donde se pudo apostar por internet, las declaratorias de bancarrota subieron alrededor de 10%, creció la deuda enviada a cobranza y bajaron las calificaciones de crédito; donde solo se permitió el casino físico, casi no hubo daño. Los autores precisan que se trata de un efecto sobre el conjunto de la población, no sobre cada apostador, pero el sentido es claro: lo que hace daño es el fácil acceso desde el teléfono, no apostar en sí.
La señal se repite en otros lados. En la provincia de Ontario, Canadá, los contactos a la línea de ayuda por problemas de juego aumentaron 317% entre los hombres de 15 a 24 años tras abrirse el mercado en línea en 2022 (Forrest et al., 2026). En Argentina, donde hay adolescentes que apuestan desde los doce años, especialistas advierten que la adicción que en el casino físico tardaba años en formarse, por internet se construye en meses.
El daño tampoco se queda en quien apuesta. Un estudio de la Universidad de Oregón (Arnesen y Matsuzawa, 2024) cruzó datos de delitos con resultados deportivos y encontró que, donde las apuestas son legales, una derrota inesperada del equipo local de fútbol americano eleva la violencia de pareja alrededor de diez puntos más de lo habitual. El efecto es mayor los domingos siguientes a los días de pago, cuando hay más dinero disponible para apostar y, por lo tanto, más que perder. Es la vía mejor documentada por la que un producto que consumen principalmente los hombres termina cobrándose en el cuerpo de las mujeres. En un país con la violencia de género que tiene México, donde siete de cada diez mujeres de 15 años o más ha vivido al menos una situación de violencia a lo largo de su vida (ENDIREH, 2025), ese dato es algo a tomar en cuenta.
¿CÓMO LLEGAN LOS JÓVENES A ESTAS APPS?
La llegada de los jóvenes viene menos por el comercial de televisión y más por alguien carismático que apuesta en vivo y comparte su código promocional. La promoción se mudó a las transmisiones en plataformas como Twitch, YouTube y Kick, y a los canales de Telegram, donde el modelo de negocio de estos promotores consiste en un porcentaje de lo que la casa le gana a los jugadores que él llevó: gana más cuanto más pierde su público. O el modelo del tipster, que cobra por cada cliente nuevo que entrega a las casas.
Frente a esto, algunos países ya movieron ficha. En Inglaterra, los clubes de la Premier League acordaron retirar las apuestas del frente de la camiseta a partir de la temporada 2025/26. En España, desde 2020 la ley impide que figuras conocidas (como deportistas, artistas o influencers) protagonicen la publicidad de juegos y casinos, y mueve este tipo de anuncios a la madrugada. En Reino Unido no puede aparecer apostando nadie que aparente menos de 25 años. Son límites parciales, pero marcan una dirección.
En España y Reino Unido la ley ya pone límites a esta publicidad; en México no hay regla específica, aunque en diciembre de 2025 un diputado propuso prohibir esos anuncios en los horarios en que hay menores frente a la pantalla, una iniciativa que sigue sin discutirse.
¿ANTES O DESPUÉS?
Como alguien que convive de manera cotidiana con jóvenes en sus veintes, me ha tocado ver como recientemente el tema de las apuestas (y especialmente las apuestas deportivas) ha venido surgiendo con fuerza, además de constituir una actividad, a mi parecer, cada vez más especializada y de más fácil acceso al vivir en el celular. Si bien, no se trata de prohibir las apuestas, las cuales son una actividad económica muy importante para la economía mexicana, se trata de conocer los datos y de tomar decisiones a tiempo. La evidencia de Estados Unidos y Canadá ya mostró qué pasa cuando el casino entra al bolsillo de los jóvenes. La pregunta es si esperaremos a tener, como país, nuestros propios números y testimonios de bancarrota, adicción y violencia, o si trazaremos límites y regulaciones antes de que se presenten con fuerza estos efectos negativos. Ya veremos como termina la situación después del mundial.
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