

La única constante es el cambio. Heráclito
Hablar de cambio, nos resulta familiar; desde que nacemos estamos en proceso de transformación. Cada día, cada instante, cada situación es diferente a la anterior, lo cual, aparentemente nos permite sentir que estamos “acostumbrados” al cambio.
En efecto, hay gran cantidad de situaciones que, aunque se modifiquen continuamente, son ya parte de nuestra vida y no tenemos ningún problema con ellas. La resistencia se presenta ante situaciones con mayor impacto en las que se vive o se requiere del desprendimiento hacia algo importante y/o una fuerte modificación de pensamiento o de comportamiento.
El sentido de nuestra vida se justifica en la búsqueda de ciertas metas, las cuales representan una situación “ideal” acerca de nuestro estado de felicidad. Una vez que las alcanzamos, quisiéramos quedarnos permanentemente en ese estado que nos proporciona un aparente estado de “paz”. Como seres humanos, tenemos una fuerte tendencia a la estabilidad, pues el dominio de una situación nos hace sentirnos seguros y tranquilos. Después de todo, ¡tanto trabajo nos costó lograr nuestro propósito, que bien merecemos mantenerlo un buen rato!.
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Sin embargo, las actividades en el mundo actual están marcadas por un vertiginoso dinamismo. La globalización y la apertura de fronteras, el impresionante acelere en el que nos movemos, así como los avances científicos y tecnológicos están provocando una revolución en prácticamente todas las áreas de actividad, lo cual se deriva en una mayor competencia entre empresas, instituciones y, por tanto entre profesionales, quienes para mantenerse “competentes” deben no sólo dominar su profesión, sino ser mucho más flexibles: conocer, e incluso adelantarse, a las innovaciones de su área, abrirse a conocer y entender otras culturas, desarrollar y diversificar sus habilidades y conocimientos y prepararse, incluso a cambiar de actividad.
En este contexto, tenemos que estar dispuestos y preparados para cambiar nuestro enfoque de estabilidad y transformarnos más hacia la resiliencia y la adaptación a la transformación.
¿QUE NOS MUEVE AL CAMBIO?
Existen dos fuerzas básicas que nos mueven al cambio:
El temor de perder algo o la esperanza de una mejora; a lo largo de nuestra vida tenemos que afrontar diversas situaciones que aunque algunas veces están relacionadas con algún beneficio inmediato y claramente visible, otras tantas están vinculadas con algún tipo de desprendimiento personal, emocional o material que nos hacen sentir vulnerables y en desventaja.
Ser víctimas obligadas de estos cambios puede nublar nuestra visión personal y centrarnos más en lo poco que perdemos que en lo mucho que podemos ganar. El reto en la actualidad es tener éxito en los tiempos cambiantes: adaptarnos o, mejor aún, adelantarnos al cambio.
Desde esta perspectiva la actitud resulta fundamental: una actitud reactiva nos mantiene en el pasado y hace que magnifiquemos y exageremos sus ventajas, llegando incluso a perder de vista que siempre hay aspectos positivos y negativos en cualquier situación. Una actitud proactiva nos impulsa siempre a salir adelante, a hacer uso de nuestras fortalezas y talentos para aportar lo mejor de nuestra persona ante cualquier situación. Nos permite reconocer que la felicidad no es una meta, sino el proceso de transformarnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean.
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En este sentido, la resiliencia adquiere una importancia fundamental. Este término se aplicaba originalmente a los materiales, mecanismos o sistemas, haciendo referencia a su capacidad de recuperar su estado inicial después de haber sido sometido a un proceso de perturbación. También hace referencia a la capacidad de adaptación de un ser vivo ante situaciones adversas. Sin embargo, es un término que ha cobrado una gran importancia en el ámbito de la psicología, al hacer referencia a la capacidad de las personas de adaptarnos a la adversidad, de hacer frente a nuestros problemas, superar los obstáculos y no ceder a la presión, sino sobreponernos.
Y aunque hay personas que tienen un talento aparentemente natural para salir delante de la adversidad, todos podemos y debemos fortalecer esta importante habilidad, pues, como hemos comentado, la vida es dinámica y lo que hoy damos por sentado, mañana será diferente, y aprender a adaptarnos nos brindará mejor salud física y emocional, disfrutaremos mejor nuestras actividades cotidianas, y al estar en mejor equilibrio personal, podremos relacionarnos mejor con las personas que tenemos cerca, pues así como somos más tolerantes con nosotros mismos, aprendemos a serlo con los demás.
Y ¿CÓMO PODEMOS TRABAJAR LA RESILIENCIA?
Es importante empezar revisando con nuestro diálogo interior:
- no ser tan dur@ o tajante con uno mismo cuando nos equivocamos o cuando algo no sale como espero; enfocarme no en lo que perdí, sino en las alternativas que tengo hacia el frente.
- Aprender de lo ocurrido y utilizar este aprendizaje para emprender una nueva tarea o nuestras tareas cotidianas con mejor actitud, sabiendo que lo resolveremos.
- Y la mejor recomendación: agradece cada día lo positivo que has recibido o que te ha sucedido; cuando nos enfocamos más en lo bueno que nos sucede, los errores y problemas les damos un lugar más justo y no dejamos que acaparen nuestra atención.
Somos seres cambiantes. Si dejamos de luchar contra el cambio y lo aceptamos como lo más constante, iremos desarrollando estrategias para afrontar esos retos de competitividad.
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