

¿Quién nos educa o nos debe educar para ser buenos ciudadanos?
Si buscamos la definición de “ciudadano” encontraremos que se refiere a “quien es natural o vecino de una ciudad”…
Pero también encontramos dos definiciones interesantes:
La primera, lo define como “la persona considerada como miembro activo de un Estado, titular de derechos políticos y sometido a sus leyes”.
Y la segunda, conceptualiza al ciudadano como “hombre bueno”; y me quedo con esta última definición, aunque a partir de ella, “buen ciudadano” sería un pleonasmo.
Sin embargo, como me interesa enfatizar la importancia de nuestro papel en el entorno, me disculpo por ser redundante y seguiré utilizando ambos términos.
Dicho lo anterior podemos proseguir a tratar de definir ¿qué es o quién es un buen ciudadano?
Personalmente me atrevo a decir que es aquella persona que ama a su ciudad y está orgulloso de ser parte de ella, por lo que respeta las reglas y obligaciones, aunque no esté de acuerdo con todas ellas.
Es quien manifiesta respeto a la autoridad, reconociendo la importancia del voto consciente, a pesar de que no le agraden todas las decisiones que se tomen.
Es un individuo que se preocupa por su ciudad, por la organización y el entorno, por ayudar a que se mantenga limpia, y dentro de la cual busca no sólo el bienestar propio, sino el de la mayor parte de quienes coinciden en el espacio.
Es quien participa a su modo y en la medida de sus posibilidades en la mejora de la comunidad.
Ahora bien, ¿quién nos enseña o nos debe enseñar a ser ciudadanos?
Si recordamos, muchos llevamos la materia de “Civismo” o “Formación Cívica y Ética” en la escuela, en la cual el enfoque era promover el desarrollo moral del estudiante para que sea capaz de tomar conciencia de los principios y valores que deben orientar sus acciones, y de buscar el bien para sí mismo y para los demás; también en esta asignatura se favorecía el respeto y cumplimiento de normas y leyes, y se hacía énfasis en que como ciudadanos tenemos derechos y obligaciones, siendo una de las más importantes, la responsabilidad de mejorar nuestro entorno.
Independientemente de los cambios que se están dando en los nuevos programas y en la polémica que el tema está suscitando, considero que la formación de ciudadanos no es responsabilidad exclusiva de la escuela, pues es la familia la que, al ser la unidad social elemental, quien tiene la oportunidad de inculcar -y no sólo con palabras, sino principalmente con acciones y sobre todo con el ejemplo-, lo que significa realmente ser un buen ciudadano.
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Como sociedad hemos cambiado: nuestro ritmo de vida se ha acelerado, muchas situaciones se han complicado; los retos y dificultades que vivimos propician que algunas veces nuestros ánimos se vean alterados y, sin darnos cuenta, que estemos dejando de realizar acciones en las que creemos como ciudadanos; o incluso, hasta nos sorprendamos haciendo algo que pudiera ir en contra de nuestros valores.
Sin embargo, es importante hacer un alto en el camino y realizar una seria introspección acerca de cómo estamos educando a los ciudadanos que tenemos cerca: a nuestros hijos; independientemente de lo que hagan otras personas y contra lo que no estemos de acuerdo, siempre hay la posibilidad de poner nuestro granito de arena y de emprender pequeños cambios que, realizados de forma continua y permanente, marcarán una diferencia en las nuevas generaciones de ciudadanos.
Así es que, los invito a reflexionar en torno a nuestro papel en la comunidad, a partir de nuestros valores, objetivos y expectativas y revisar si estamos aportando lo que nos gustaría dejar en ella, recordando que siempre tenemos la maravillosa oportunidad de mejorar como ciudadanos y que, a través de nuestro ejemplo, estaremos motivando a nuestros hijos para que también lo hagan.
Y para ello, les comparto algunas reflexiones:
- ¿Respetamos las reglas y cumplimos nuestras obligaciones? No sé si se han dado cuenta, pero, a veces, basta que un coche se pase un alto, para que otros tomen valor y también lo hagan; ¿por qué no hacerlo a la inversa? Pongamos el buen ejemplo.
- ¿Cuidamos nuestro entorno y sus recursos? Plantemos un árbol, no tiremos basura, evitemos incendios y desperdiciar el agua, cuidemos las instalaciones que nos toque utilizar.

- ¿Criticamos lo que otros hacen o no hacen? En la medida de lo posible, mejor busquemos cómo colaborar en la comunidad; sencillas acciones como aportar en colectas, ayudar en alguna actividad comunitaria o participar en organizaciones de la sociedad civil, pueden marcar una diferencia; cualquier actividad es buena si se enfoca en mejorar nuestro entorno.
- ¿Cómo es nuestro comportamiento en la vía pública? Cedamos el paso, manejemos con respeto y amabilidad, respetemos las ciclovías, las zonas reservadas para personas discapacitadas, no obstaculicemos cocheras o nos estacionemos en doble fila.
- ¿Cómo es nuestro trato a otras personas? Seamos respetuosos, tolerantes y amables con el que está pidiendo algún tipo de ayuda, con los peatones, con quien se mete en la fila, con los que trabajan en los diferentes establecimientos y que no siempre encontraremos de buen humor. Ayudemos a quien lo necesita.
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Aunque no nos demos cuenta, siempre somos ejemplo para alguien más, principalmente dentro de la familia; lo que hacemos o dejamos de hacer impacta y tiene efecto en al menos una persona, quien, aun sin darnos cuenta, está observando lo que hacemos y aprendiendo de ello… así es que generemos una cadena virtuosa, dando un buen ejemplo como ciudadanos.
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