Votar o no votar

acordeones electorales
Boletas electorales para las Elecciones Judiciales a celebrarse el 1 de junio.FOTO EE: ESPECIAL

Una decisión que pesa más de lo que creemos

En los próximos días muchos estamos frente a una decisión que no ha sido vista como sencilla: votar o no votar en el proceso relacionado con el Poder Judicial.

Algunos pudieran tener claro ya qué harán; pero otros muchos aún dudan; y otros, con tono resignado o indiferente, pudieran pensar que para qué votar.

Antes de tomar una postura definitiva, me gustaría invitarlos a hacer juntos una pausa y reflexionar; porque esta decisión no es menor.  No se trata sólo de ir a la urna; se trata del rumbo que queremos para la justicia en nuestro país y de construir juntos esa democracia que deseamos y no dejar que otros decidan por nosotros.

¿Qué es lo que hace tan compleja esta decisión? Que quizá vemos al Poder Judicial como algo distante o técnico; y muy probablemente así haya sido, pues probablemente no conocemos a sus integrantes como podríamos estar al tanto de los candidatos a alcaldes o a gobernador, quienes se dan a conocer entre la ciudadanía mucho tiempo antes de las elecciones; pero no sucede esto con el poder judicial, sin embargo, sus decisiones nos afectan aunque no siempre lo notemos; este poder es el que debe garantizar que la ley se aplique de forma justa y equitativa, sin importar si somos ricos o pobres, mujeres u hombres, jóvenes o adultos mayores; es quien decide si se protege a una persona ante un abuso, si se sanciona a quienes violan derechos o si se hace valer una garantía constitucional.

Además, en este caso, no votamos por un partido, sino por la manera como queremos que se integre el sistema de justicia, lo cual también muchos quizá no entiendan plenamente y por eso deciden no participar; esto aunado a la desconfianza que muchos sienten hacia promesas incumplidas y al sentir que nada cambia, hace que muchos se sientan decepcionados u otros simplemente ya no quieran poner su granito de arena, porque sienten que no vale la pena.

Sin embargo, no votar es también tomar una decisión. Cuando decidimos no participar, alguien más tomará la decisión por nosotros, y lo hará desde su perspectiva, intereses o sus prioridades y eso puede ser algo muy diferente a lo que tú puedas pensar; de cualquier manera, tendremos que asumir esas decisiones porque directa o indirectamente también nos afectarán.

Así es que, no votar deja el espacio abierto para que otros decidan cómo debe integrarse el sistema judicial, qué tanto podrá ser influido por actores políticos o qué tipo de justicia tendremos en el futuro.

Aunque muchos piensan que abstenerse es una forma de protestar, la realidad es que, si sentimos que las cosas no cambian, menos van a cambiar sin nuestra participación, o va a cambiar de acuerdo con los intereses de quienes se organizan y sí participan, quienes no necesariamente buscarán el bien común.

Todos sabemos que votar no resuelve todos los problemas; pero es un derecho, un compromiso y, sobre todo una herramienta que nos pertenece y que debemos utilizar con conciencia, información y convicción.

En ningún país el silencio debe ser opción; y menos cuando todavía existen brechas de desigualdad, violencia e incluso impunidad; por ello es importante asumir nuestro papel y responsabilidad como ciudadanos, no quejándonos sino tomando las decisiones que nos corresponden.

Y además, votar no sólo es un deber cívico; debemos verlo también como un acto de dignidad personal y colectiva; se trata de levantar la voz y decir con toda claridad que nos interesa nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país; es pensar en poner lo que nos toca para las futuras generaciones, con la conciencia tranquila de que lo hicimos.

Y es claro que quizá no entendamos las opciones, además de que posiblemente no confiemos totalmente en quienes promueven o incluso organizan estas votaciones; pero creo que incluso en este caso, la participación crítica debe marcar la diferencia.  Y siempre un voto informado tendrá más fuerza que la indiferencia.

Por ello, lo mejor será optar por un voto razonado, por lo que te doy algunas recomendaciones para analizar a quienes buscan ocupar un lugar en el Poder Judicial:

  • Revisa su trayectoria: ¿qué cargos ha ocupado? ¿Qué experiencia tiene en temas jurídicos, defensa de derechos y dentro del sistema de justicia? ¿En qué ha basado su carrera, en méritos o relaciones políticas?
  • Observa cómo se expresa sobre la ley y la justicia.  ¿Habla de estas con respeto y conocimiento? ¿Defiende los derechos humanos, la imparcialidad y la legalidad? ¿Expresa una postura clara sobre la independencia judicial?
  • Revisa su autonomía. ¿Qué tan independiente se muestra de partidos, poderes o grupos de interés? ¿Qué tipo de decisiones ha tomado a favor de la legalidad? ¿Qué tanto promueve la ciudadanía o qué tanto busca agradar a los cercanos?
  • Escucha lo que propone y lo que no se dice. ¿Tiene una visión clara de justicia? ¿Promueve la transparencia, el acceso a la justicia y la equidad? ¿Evita temas incómodos como la corrupción, la impunidad o los derechos de las víctimas?

Elegir con conocimiento y sentido crítico es una forma de ejercer nuestro poder ciudadano. Dejar que otros sigan decidiendo por nosotros no generará la transformación que tanto esperamos.

Antes de decir “yo no voy”, pregúntate “¿quién sí irá? Y ¿qué decidirá en mi lugar?

Y por último responde ¿estás dispuesto a dejarle a otro ESE poder? La justicia no va a transformarse sola.

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