

Prevenir empieza en casa
Septiembre es el mes dedicado a la prevención del suicidio, un tema sensible que nos invita a reflexionar sobre la salud mental y emocional dentro de nuestras familias. Es fundamental reconocer que cuidar el bienestar emocional es tan esencial como prestar atención a la salud física.
El suicidio ha mostrado una tendencia creciente en México. En 2023, representó el 1.1% de las muertes registradas. En Coahuila, la situación es especialmente alarmante. Pues en 2024 se reportaron 284 casos, lo que equivale a una tasa de 9.7 por cada cien mil habitantes. Esto significa que, en promedio, más de 23 personas toman la decisión de quitarse la vida cada mes.
FACTORES QUE INFLUYEN EN EL SUICIDIO
Al analizar diferentes fuentes, se observa que el suicidio es un fenómeno multifactorial. Entre los factores que influyen se encuentran los conflictos familiares y de pareja, problemas de salud mental, como la depresión, y la falta de una detección oportuna y precisa. Sin embargo, más allá de entender las causas, es prioritario enfocar nuestros esfuerzos en la prevención y en fortalecer el bienestar integral de nuestros hijos, desde el núcleo familiar.

La familia juega un papel fundamental al proporcionar herramientas, habilidades y estrategias que permitan a los hijos enfrentar y resolver positivamente las demandas de la vida.
EL ENTORNO FAMILIAR COMO CLAVE DE PREVENCIÓN
Los hijos aprenden principalmente de lo que ven y experimentan, más que de lo que escuchan. Si observan a sus padres reconocer cuando están cansados, pedir ayuda cuando la necesitan y expresar sus emociones en lugar de reprimirlas, aprenden que la vulnerabilidad no es una debilidad, sino parte de aceptar nuestra humanidad.
Por ello, es útil detenerse y reflexionar sobre cómo los padres manejan sus emociones, y el ejemplo que brindan al afrontar retos, dificultades y frustraciones.
EL BIENESTAR DE LOS PADRES
Como padres, buscamos estar bien para nuestros hijos, pero también debemos darnos permiso de sentir. No es necesario estar fuertes o felices todo el tiempo, es natural preocuparse y cansarse. Es importante tomar momentos de descanso para recuperarse. Buscar espacios de conversación con la pareja o amigos, y, cuando sea necesario, acudir a un profesional que ayude a gestionar las dificultades que se presenten.
Otra recomendación es procurar un equilibrio entre las distintas actividades del día a día. El desgaste laboral puede compensarse con momentos de convivencia y diversión en familia. Así como aprender a desconectarse de las preocupaciones del trabajo cuando se está en casa.
FOMENTAR LA SALUD EMOCIONAL EN LOS HIJOS

Además de atender nuestro propio bienestar y revisar cómo gestionamos los momentos difíciles, es esencial fomentar deliberadamente la salud emocional de los hijos. Esto no implica llenarles la vida de actividades, sino estar presentes en lo fundamental. Brindarles espacios de diálogo, escucharlos con atención y permitirles compartir cómo estuvo su día, qué vivieron y cómo se sintieron.
Ofrecerles un espacio donde se sientan escuchados, sin temor a ser juzgados o minimizados, genera cercanía familiar y fomenta ambientes seguros. Así, los hijos aprenden que sus emociones son válidas; que está bien enojarse, entristecerse o tener miedo, y que al expresarlas es más sencillo gestionarlas y desarrollar herramientas para afrontarlas de manera positiva.
DETECTAR CAMBIOS EN LOS HIJOS
En niños y adolescentes, el dolor emocional no siempre se expresa con palabras claras. Por ello, es importante estar atentos a manifestaciones y cambios repentinos en su conducta o personalidad.
Por ejemplo, si un niño alegre se vuelve retraído y deja de convivir con sus amigos, evita actividades que antes disfrutaba, o presenta cambios bruscos en hábitos básicos como dormir o comer, algo puede estar pasando. También se debe prestar atención si muestra miedo intenso a fallar, a no cumplir expectativas, o decepcionar a otros.
No todos estos cambios son signos inequívocos de depresión, pero sí de que necesitan nuestro apoyo y acompañamiento.
EL MEJOR ESCUDO
Como padres de familia siempre buscamos lo mejor para nuestros hijos y muchas veces pensamos que lo mejor es “protegerlos” de los riesgos y problemas. Sin embargo, el mejor escudo contra la frustración, ansiedad y depresión no es evitarles los problemas. Sino enseñarles a enfrentarlos con recursos personales internos y sólidos.
Necesitan desarrollar habilidades que, con nosotros o incluso sin nosotros, les permitan abordar las dificultades que forman parte natural de la vida. Algunas de estas herramientas que me permito recomendar para fortalecer en nuestros hijos son las siguientes:
- La resiliencia: enseñarles que los errores y caídas no son el fin del mundo, sino oportunidades para aprender y hacer mejor las cosas. Cuando algo no salga bien, pregúntale ¿qué aprendiste de esto?
- Gestión emocional: ayúdalos a aprender a reconocer sus emociones, a ponerles nombre, expresarlas y hacer la paz con ellas.
- Tolerancia a la frustración: en lugar de tratar de resolverles todo de inmediato, déjalos que vivan pequeñas dificultades y que busquen cómo resolverlas ellos.
- Habilidades sociales. Fomenta que pidan ayuda cuando la necesitan, que resuelvan conflictos mediante el diálogo y que respeten las diferencias de los demás para convivir con respeto.
- Sentido de propósito. Pensar en lo que quieren lograr, descubrir sus intereses y encontrar alguna causa en la que se sientan útiles ayuda a darle otro significado a su propia vida.
- Pensamiento crítico. Invítalos a analizar pros y contras, y a reflexionar antes de actuar, asumiendo la responsabilidad de sus elecciones y comprendiendo que, cuando elegimos algo, renunciamos a otra cosa.
- Autocuidado: que desde pequeños aprendan que las rutinas ayudan a cuidar el cuerpo, la mente y el espíritu.

Si como padres nos enfocamos en generar estrategias de fortalecimiento, no sólo acompañamos a nuestros hijos en los momentos difíciles, sino que les damos herramientas para vivir con resiliencia y esperanza.
Al promover un bienestar integral —mental, emocional, físico y espiritual— sembramos en ellos la certeza de que, aunque la vida presenta retos, siempre existen caminos para afrontarlos.
La prevención del suicidio no comienza en un consultorio ni en una campaña, comienza en casa. En la forma en que escuchamos, abrazamos y modelamos el cuidado de la vida.
Ser padres conscientes es recordar cada día que nuestro ejemplo, nuestra palabra y nuestra presencia son faros que iluminan el camino de nuestros hijos hacia un futuro más fuerte y lleno de sentido.
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