¿Cómo resolver conflictos en la escuela?

¿Existen formas pacíficas de resolver conflictos? En este artículo podrás conocer formas para afrontar situaciones complicadas en instituciones educativas

Cuando escuchamos la palabra “conflicto”, por lo general pensamos en una situación que se presenta entre dos o más personas que entran en confrontación por tener opiniones o intereses diferentes, y quizá contrarios, y que puede manifestarse en diversos niveles de reacciones desde una simple discusión, hasta llegar a una pelea.  Si esto lo llevamos a un plano social podemos tener presentes los enfrentamientos entre grupos que compiten y pelean por el poder, el estatus, por la posesión de recursos o incluso por un territorio.

Hay conflictos intrapersonales, como la lucha que a veces establecemos con uno mismo para ser congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos, o para responder como realmente nos gustaría hacerlo; existen conflictos entre personas por razones tan simples como un malentendido o falta de información, hasta por cuestiones mucho más profundas como sentirse víctima de desigualdades o injusticias o  por defender diferentes posturas ideológicas o políticas; y también existen conflictos entre grupos, comunidades o incluso entre países, cuando se  defienden bienes materiales o incluso territorios; pero independientemente de los actores y ámbitos, el conflicto es parte de las interacciones humanas; y las escuelas, no se escapan a dicha situación.

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conflictos en la escuela

Y por lo general, a la palabra “conflicto”, le damos una connotación negativa: lo visualizamos como una batalla que seguramente representará un alto costo para alguien, o para todos; y es que, la la forma en la que abordamos los conflictos, tiene mucho que ver con nuestra cultura, con las creencias, valores y actitudes con las que hemos crecido, y en cómo hemos aprendido a ver y afrontar estas disputas que, en la gran mayoría de los casos, es verlo como una batalla en la que una parte ganará y la otra perderá.

Y culturalmente hemos aprendido diversas maneras de abordar el conflicto; hay quienes le huyen y lo evitan, pensando que con ello quedará resuelto (lo cual no llega a suceder); hay quienes buscan “resolverlo” enfocándose en el propio beneficio (y no el de todos los involucrados); hay quienes ceden ante la otra parte, con tal de librarse del problema (lo cual no los libra), y hay quienes buscan cómo trabajar juntos para intentar llegar a una solución que deje satisfechos a todos.

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Y esta última postura nos lleva a considerar que los conflictos también tienen una perspectiva positiva, pues bien enfocados nos ayudan a favorecer la cohesión de dos personas o de un grupo más grande, e incluso a impulsar el cambio y mejores maneras de hacer las cosas; y una de las herramientas para hacerlo son los Medios Alternos de Solución de Controversias, los cuales surgieron con la reforma penal del 2008, como una alternativa a la justicia formal buscando propiciar, a través del diálogo, la solución de las controversias, para llegar a un acuerdo entre las partes involucradas de forma voluntaria o con el apoyo de un tercero imparcial, es decir, un mediador.

La mediación, en la Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal, se define como “el mecanismo voluntario mediante el cual los intervinientes, en libre ejercicio de su autonomía, buscan, construyen y proponen opciones de solución a la controversia, con el fin de alcanzar la solución de esta”.

Y aunque estos medios surgieron como una alternativa para solucionar conflictos en materia penal, son una excelente estrategia para resolver conflictos en muy diversos ámbitos, uno de ellos son las escuelas, en donde se han instrumentado con el objetivo de generar una cultura de paz que ayude a fomentar valores de respeto, solidaridad, honestidad, y unidad, así como una cultura de prevención y atención diferente de los conflictos que se presentan.

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Estos medios alternos se basan en la certeza de que los conflictos son sanos y deben resolverse, pero esta solución es más efectiva cuando todos participan con respeto, solidaridad, asertividad, en la resolución pacífica y efectiva de los mismos.

Para poder instrumentarse en las escuelas, no basta con la voluntad del interesado en ser mediador, sino que éste debe participar en un proceso de formación y certificación en el que se trabaja el fortalecimiento de habilidades, principios, valores y metodologías que no sólo le permiten fungir como un mediador objetivo ante situaciones complejas, sino que le motivan a fomentar en las aulas de forma cotidiana habilidades de comunicación, escucha activa, pensamiento crítico, resolución de problemas, negociación, convivencia y solidaridad; quien se ha formado como mediador evita el uso de premios y castigos pero mantiene entornos claros de disciplina enfocados al fortalecimiento de la responsabilidad personal en sus alumnos y a un ambiente positivo de trabajo y convivencia, en el que cada vez se requiera menos la participación de un mediador.

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Por otro lado, trabajar con los niños estos principios de paz y cultura de mediación tiene grandes beneficios, pues los niños aprenden a generar ambientes más positivos en la escuela y con sus amigos, trabajando de forma cotidiana la empatía y la preocupación por otros, la comunicación asertiva y la solución de problemas mediante el diálogo y la escucha atenta hacia sus compañeros, así como el asumir las consecuencias de sus actos; todo esto fortalece en los niños su autoconocimiento y gestión de emociones, su autonomía personal y autoestima, y habilidades de liderazgo positivo; de forma natural se va permeando una cultura de tolerancia y respeto que seguramente estarán compartiendo también en sus familias, con lo que la comunidad también se ve impactada, además de que van creciendo como jóvenes y adultos con un enfoque interiorizado hacia la convivencia pacífica y la prevención de conflictos.

conflictos en la escuela

Considero que la mejor ganancia con la instrumentación de estas estrategias es enfocarse no sólo en solamente resolver conflictos, sino en evitarlos a través de instaurar los valores, actitudes y comportamientos en los que se rechaza la violencia, y cuando estos se presentan, los niños los resuelven mediante el diálogo, los acuerdos y los pactos entre las personas… y muchas veces ya sin la necesidad de un mediador.

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