Venecia y la deuda pendiente del cine con 17 mil niños asesinados en Gaza

El Festival de Cine de Venecia se celebra del 27 de agosto al 6 de septiembre de 2025, en la icónica isla del Lido di Venezia.
El Festival de Cine de Venecia se celebra del 27 de agosto al 6 de septiembre de 2025, en la icónica isla del Lido di Venezia. / Foto: La Jornada
Jesús Díaz

Entre gritos de “alto al genocidio” y el estreno de The Voice of Hind Rajab, el festival más antiguo del cine enfrenta la exigencia de no dar la espalda a los fallecidos en Palestina

La 82ª edición del Festival de Cine de Venecia ya enmudece a más de uno. Por un lado, se luce una ciudad hermosa que, entre sus canales, abraza el glamour, los flashes y la parafernalia del mundo en torno a la cinematografía. Por otro, pesa en la memoria colectiva la muerte de pequeñas almas.

Según UNICEF y Naciones Unidas, más de 17 mil niños palestinos han fallecido desde el inicio del conflicto y otros 33 mil han resultado heridos. A esa tragedia se suman más de 100 muertos por desnutrición, en un escenario donde un millón de pequeños vive traumatizado y sin acceso a servicios básicos.

El genocidio que padecen los palestinos en la Franja de Gaza a manos del gobierno de Israel no es algo de lo que nadie, y menos quienes conservan la memoria de nuestros tiempos a través del arte, debiera sustraerse.

Por eso resulta casi alentador que, a unos metros de la alfombra roja del Lido, frente a la alta costura y los esmóquines, ondeen banderas palestinas y se alcen pancartas con leyendas como “Alto al genocidio”.

Apenas arranca el certamen, que culminará el 6 de septiembre, y ya se palpa una tensión que exhibe la crudeza política de nuestros tiempos. Activistas del colectivo Venice for Palestine (V4P), integrado por más de mil 500 profesionales del cine, desplegaron una enorme bandera de “Free Palestine” en la jornada inaugural, decididos a que los focos del festival iluminen, por fin, hacia Gaza.

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Convocaron además una manifestación masiva en el Lido para el sábado pasado, convencidos de que la Mostra, como todos los grandes festivales, no puede ni debe permanecer indiferente ante la masacre de nuestro tiempo.

La sacudida política se sintió incluso antes del primer pase de películas. En la conferencia de prensa de apertura, una pregunta sobre la guerra en Gaza cayó directamente sobre Alexander Payne, cineasta estadounidense y presidente del jurado oficial, que respondió titubeante: “Francamente, me siento un poco desprevenido para esa pregunta. Estoy aquí para juzgar y hablar de cine”.

Sus palabras expusieron el incómodo equilibrio que el festival pretende guardar entre la celebración artística y las llamas de la actualidad. Pero incluso en su silencio hubo ruido: la ausencia de una condena explícita dejó un sabor agridulce, como si la Mostra, por voz de su jurado, quisiera refugiarse en la “ilusión del cine” mientras afuera arrecia la tormenta.

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El director del festival, Alberto Barbera, habló a su vez. La organización V4P pidió “censurar” a artistas asociados con Israel, algo que negó de entrada: “La Bienal de Venecia es la principal institución cultural italiana, un lugar de apertura y debate que no ejerce censura alguna sobre nadie. Por eso devolvemos al solicitante la petición de retirar la invitación a artistas”, afirmó.

Las demandas se dirigieron en específico contra la actriz israelí Gal Gadot y el actor escocés Gerard Butler, señalados por respaldar directa o indirectamente al primer ministro Benjamín Netanyahu.

Barbera dejó claro que el festival no expulsará a nadie, pero acto seguido añadió, con tono grave: “No hemos dudado en declarar claramente nuestro enorme pesar por lo que está sucediendo en Gaza y Palestina, y por la muerte de civiles, sobre todo niños, víctimas a menudo definidas con el término horrendo de ‘daños colaterales’ de guerras a las que nadie ha conseguido aún poner fin.”

El caso de Gal Gadot se volvió simbólico incluso antes de que iniciara la Mostra. La protagonista de Mujer Maravilla, exmilitar del ejército israelí, figuraba en las quinielas de invitados por su participación en In the Hand of Dante, la cinta de Julian Schnabel que se presenta fuera de concurso con un reparto colosal (Oscar Isaac, Al Pacino, Jason Momoa, entre otros).

Venice Director Alberto Barbera Details September Edition / Foto: Shutterstock

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Al final, la actriz no asistió: su portavoz se apresuró a decir que “nunca estuvo confirmada ni pensaba ir”. Una ausencia “voluntaria” que sonó más a evitación estratégica ante el boicot. Que se quedara en casa hizo aún más eco: este año, el conflicto en Gaza resuena sobre la alfombra roja.

Los manifestantes de V4P no bajan la voz. “Que la luz del festival apunte a Palestina. Hace casi dos años venimos presenciando el tormento de un genocidio transmitido en vivo por el Estado de Israel en Palestina”, publicaron. Acusan a la Bienal de tibieza: agradecen que se haya programado una película sobre Gaza, pero lamentan que en sus comunicados oficiales el festival ni siquiera nombre a Palestina ni al responsable de su martirio.

Y es cierto: la nota con la que Venecia respondió a las presiones se limitó a subrayar que siempre ha sido un espacio de debate sensible a los grandes problemas, y puso como ejemplo la inclusión en competencia de la cinta The Voice of Hind Rajab.

Pero no mencionó la palabra incómoda: Israel. Ni habló de “guerra” ni de “genocidio”. Para los activistas, esa tibieza fue una respuesta casi cobarde.

From left: Nesbat Serhan, Motaz Malhees, Saja Kilani and Clara Khoury in ‘The Voice of Hind Rajab.’ MIME FILMS, TANIT FILMS

EL CINE ALZA LA VOZ: LA HISTORIA DE HIND RAJAB

El corazón del festival latirá con la historia de una niña de seis años. Su nombre era Hind Rajab; el cine pretende ahora convertir su voz en memoria fija.

Hind vivía en la ciudad de Gaza; tenía apenas seis años. El 29 de enero de 2024, durante la invasión israelí del enclave, huyó con su familia en un auto, buscando un lugar seguro entre las ruinas. Nunca llegaron. El coche quedó atrapado en medio del caos, acribillado por 335 disparos de un tanque israelí.

Dentro, la pequeña se encontró sola, rodeada de los cadáveres de sus padres, tíos y primos. Aún con vida, tomó el teléfono de alguien y llamó desesperada a los servicios de emergencia. Su voz queda grabada para la historia: “Estoy muy asustada, por favor vengan. Vengan a llevarme. Por favor, ¿van a venir?”, suplicó al operador de la Media Luna Roja Palestina. Al otro lado de la línea, la promesa: “Aguanta, vamos en camino.”

From left, Saja Kilani, Kaouther Ben Hania and Motaz Malhees display a picture of Hind Rajab as they arrive for the premiere of The Voice of Hind Rajab. Photograph: Ettore Ferrari/EPA

Dos paramédicos, Yusuf Zeino y Ahmed al-Madhoun, partieron en ambulancia hacia la ubicación de la niña. Lo último que se supo fue un silencio. La llamada se cortó bruscamente y durante días nadie pudo llegar hasta ella. Pasaron casi dos semanas hasta que la Cruz Roja logró entrar en esa zona de Tel al-Hawa.

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El 10 de febrero hallaron la escena congelada en el horror: el cuerpo de la pequeña yacía abrazado a uno de los cadáveres de seis familiares dentro del vehículo destrozado, que seguía allí en medio de la calle.

A escasos 50 metros encontraron también la ambulancia perforada por balas; en su interior estaban los dos paramédicos que habían acudido a rescatarla, asesinados en cumplimiento de su deber.

Hoy, esa voz resuena de nuevo en Venecia. La directora tunecina Kaouther Ben Hania, conmovida al escuchar el audio de Hind en internet (“sentí como si el suelo se abriese bajo mis pies”), decidió que el mundo no debía olvidarla.

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Su nueva película, The Voice of Hind Rajab, reconstruye en tiempo real las últimas horas de la niña, atrapandonos en esa agonía con una propuesta austera y visceral. Ben Hania rodó todo en una única localización, sin grandilocuencia, apoyándose en las grabaciones reales de la llamada telefónica como hilo narrativo central.

“El cine puede preservar una memoria. El cine puede resistir a la amnesia. Que se escuche la voz de Hind Rajab”, clama. Y vaya que se escuchará: la cinta se estrenará en unos días en la Sala Grande, compitiendo por el León de Oro nada menos.

Joaquin Phoenix, James Wilson, Rooney Mara, Andrea Romeio, Amer Hlehel, Clara Khoury, Nadim Cheikhrouha, Kaouther Ben Hania, Saja Kilani, Motaz Malhees and Odessa Rae attend the ‘The Voice Of Hind Rajab’ red carpet at the 82nd Venice Film Festival on Sept. 3, 2025. PASCAL LE SEGRETAIN/GETTY IMAGES

El proyecto ha atraído un calibre de productores pocas veces visto para una película árabe. Brad Pitt y su compañía Plan B se sumaron como co-productores, lo mismo que Jonathan Glazer, Alfonso Cuarón, Joaquin Phoenix y Rooney Mara, entre otros pesos pesados de Hollywood.

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Vale retomar el dato: en promedio, 28 niños han sido asesinados cada día, el equivalente a borrar un salón de clase entero de la existencia cotidiana.

Quedan las preguntas al aire y la esperanza de que el séptimo arte, con su voz política y poética, al menos sirva de algo: para recordar, para incomodar, para honrar a quienes ya no tienen voz.

Que la voz de Hind Rajab, y la de tantos otros niños silenciados, resuene fuerte en las salas de cine y en las conciencias. Y que, aunque las películas no puedan detener las guerras, al menos nos obliguen a no mirar hacia otro lado.

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