

En septiembre hay 17 fechas que rememorar en la historia de México, más allá del 15, hay mucho que celebrar
Septiembre es un mes lleno de historia y simbolismo para México, un período en el que 17 fechas importantes marcan el calendario, recordándonos los momentos cruciales que forjaron nuestra nación. Aunque el Grito de Independencia, el 15 de septiembre, es la más célebre, la historia patria tiene mucho más que ofrecer.
Las calles, negocios, plazas públicas, escuelas y hogares se visten de verde, blanco y rojo. El aire se impregna del aroma de chiles en nogada, pozole, tamales y tacos, evocando el espíritu de septiembre, conocido como el mes patrio. Este es un tiempo para recordar la lucha por la independencia de México, aunque esta no es la única gesta histórica que merece ser celebrada.
Si conmemoramos cada una de las fechas que hacen alusión a la historia de nuestra patria, septiembre estaría lleno de festejos. Las primeras fechas importantes están relacionadas con el nacimiento de dos grandes líderes de la Independencia: José María Morelos y Pavón, nacido el 30 de septiembre de 1765, y Nicolás Bravo, quien vino al mundo el 10 de septiembre de 1786.
FECHAS CLAVE DE LA INDEPENDENCIA
El corazón de septiembre late con fuerza al recordar los hitos de la Independencia:
- 15 de septiembre de 1810: El Grito de Dolores, el inicio de la lucha por la libertad.
- 16 de septiembre de 1810: Aniversario del inicio de la Independencia de México.
- 21 de septiembre de 1810: Entrada triunfal de Miguel Hidalgo y Costilla en Celaya, Guanajuato.
- 28 de septiembre de 1810: Toma de la Alhóndiga de Granaditas por las fuerzas insurgentes.
- 27 de septiembre de 1821: Consumación de la Independencia.
- 28 de septiembre de 1821: Firma del Acta de Independencia de México.
LA ANEXIÓN DE CHIAPAS
Tras la consumación de la independencia, el estado de Chiapas, que se encontraba en la frontera entre México y Guatemala, enfrentó problemas económicos y políticos debido a la transición de poderes. La insatisfacción con la provincia de Guatemala llevó a Chiapas a manifestar su deseo de anexarse a México el 12 de septiembre de 1824.
Esta petición fue formalizada el 14 de septiembre ante el Congreso Mexicano, y aunque la anexión fue aprobada en agosto, la región del Soconusco, también perteneciente a Chiapas, se anexó finalmente en septiembre de 1842.
INVASIÓN ESTADOUNIDENSE
Aunque México se declaró un país libre y soberano en 1810, esto no impidió la invasión de Estados Unidos entre 1846 y 1847. Dos momentos clave de esta invasión ocurrieron en septiembre: el 8 de septiembre de 1847, cuando las tropas mexicanas enfrentaron al ejército estadounidense en el Molino del Rey, y entre el 12 y 14 de septiembre, durante la Batalla de Chapultepec. Esta última, aunque heroica, culminó en la ocupación de la Ciudad de México.

ADIOS TEXAS, EL INICIO DE UNA NACIÓN
Luis de la Rosa Oteiza, es un nombre que quizá solo suena entre los historiadores que han estudiado su vida, pero este fue un personaje importante para la historia del país. Fue abogado y político zacatecano, su participación fue clave en la redacción de los tratados de Guadalupe Hidalgo, que ceden Texas a los Estados Unidos.
Si bien haber firmado un tratado que representó la pérdida del territorio no parece ser honroso, era una decisión ya tomada y que alguien tenía que hacerlo; pocos fueron quienes tuvieron la valentía de hacerlo. Nicolás Trist, quien negoció con De la Rosa, incluso en su momento declaró sentirse avergonzado por que su país se adueñara de esta parte del territorio.
Todo esto lo hizo junto con quienes firmaron los tratados con la intención de que se restableciera la nación lo más pronto posible. Del mismo modo, esperaban que los extranjeros se fueran porque era necesario acabar con el sentimiento de negación de la soberanía. Para los mexicanos, aunque en pleno mes patrio, a unos años de haber vivido la guerra de independencia, aún no había un sentido histórico de patria, por lo que el robo del territorio era necesario.
La “pérdida” de Texas, en ese entonces, significó únicamente una derrota, pero no una pérdida porque no había un sentido del destino manifiesto. No obstante, algo que sabía Luis de la Rosa es que México estaba perdiendo porque no estaba constituido como nación, porque no había normas jurídicas. Por esto, precedió los trabajos del primer congreso constituyente; sin embargo, murió un 2 de septiembre de 1856 antes de que se firmara la primera constitución, razón por la que en esta no aparece su nombre.
RUPTURA DE LA IGLESIA Y EL ESTADO

La proclamación de las Leyes de Reforma en 1861 marcó un hito en la separación entre Iglesia y Estado, garantizando la libertad de culto y la nacionalización de los bienes del clero. Estas leyes, promulgadas el 6 de septiembre por Benito Juárez, aseguraron que la Iglesia no interfiriera en los asuntos civiles, dando un paso crucial hacia la modernización de la nación.
Las leyes de reforma se resumen en cinco puntos:
- Separación entre Iglesia y Estado.
- Nacionalización de los bienes del clero.
- Extinción de las corporaciones eclesiásticas.
- Secularización de cementerios y fiestas cívicas.
- Promulgación de la libertad de culto.
UN VILLANO QUE ALGUNA VEZ FUE HÉROE
Cuando llevamos clases de historia en la educación básica tendemos a verla en blanco y negro, llena de heroes y villanos. Incluso esta misma historia nos habla de los llamados héroes de la patria, pero esta división nos hace dejar fuera a quienes aunque tuvieron sus errores, hicieron cosas buenas por el país.

Este es el caso del general Porfirio Díaz Mori, quien jugó un papel muy importante contra el establecimiento del segundo imperio mexicano, es decir el de Maximiliano de Habsburgo (1864-1867). Este fue un proyecto impulsado por Napoleón III de Francia para expandir su influencia en América Latina, aprovechando la debilitación de Estados Unidos durante la Guerra de Secesión.
Aunque Napoleón III veía en México un punto estratégico contra la creciente influencia estadounidense, Maximiliano intentó colaborar con el gobierno estadounidense, especialmente con los Estados Confederados, ofreciendo tierras mexicanas a colonos sureños dispuestos a emigrar tras la derrota confederada.
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El 14 de septiembre de 1866, después de reencontrarse con su hermano Félix, conocido como «El Chato», el general Porfirio Díaz Mori trazó una audaz estrategia para recuperar la ciudad de Oaxaca, ocupada por fuerzas leales al emperador Maximiliano de Habsburgo. Apenas unos días después, el 23 de septiembre, Díaz Mori dirigió una emboscada contra un escuadrón de caballería húngara, parte de las fuerzas expedicionarias del emperador, cuando regresaban de Nochixtlán a su cuartel en Yanhuitlán.
La batalla que se desató en el barrio Las Tres Cruces fue brutal, con numerosas bajas en ambos bandos, incluyendo al líder del escuadrón húngaro, el Conde de Gants. Por órdenes de Díaz Mori, el conde fue sepultado en el panteón municipal de Nochixtlán, donde su tumba aún permanece como testigo mudo de esos tiempos convulsos. Esta victoria, aunque costosa, fue un paso crucial en la lucha por la independencia de México, marcando la tenacidad y el valor de los nochixtecos y del Ejército de Oriente en su resistencia contra la ocupación extranjera.
CONSTRUCCIÓN DE UNA NACIÓN
Con la caída del Segundo Imperio y la muerte de Maximiliano, México inició su camino hacia la construcción de una nación sólida. El 25 de septiembre de 1873, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada elevó a rango constitucional las Leyes de Reforma, consolidando los principios de un Estado laico y soberano.
Con esto las leyes plasmadas en la constitución se basaron en cinco ejes principales:
- El Estado y la Iglesia son independientes entre sí.
- El matrimonio es un contrato civil.
- Ninguna institución religiosa puede adquirir bienes raíces ni capitales impuestos sobre éstos.
- La simple promesa de decir la verdad y de cumplir las obligaciones que se contraen, sustituirá al juramento religioso con sus efectos y penas.
- Nadie puede ser obligado a prestar trabajos personales sin la justa retribución y sin su pleno consentimiento.
UNA NUEVA LUCHA
A pesar de la aparente calma tras la independencia y la Reforma, México aún enfrentaría nuevos desafíos, como la Revolución Mexicana. Aunque este es un tema que merece un espacio propio, septiembre nos deja con la última fecha patriótica relacionada con Francisco Villa.
En noviembre de 1910 estalló la guerra de revolución en contra del gobierno porfirista; para ese entonces, Doroteo Arango tenía solo 32 años de edad. Pero ¿quién es este personaje?, se trata del mismo Villa, quien a sus 17 años se vio obligado a huir y vivir en las serranías de Durango cambiando su nombre a Francisco Villa y luchando contra las leyes injustas de los ricos contra los pobres.
Se volvió militante de la revolución maderista en 1910 reuniendo guerrilleros en las sierras de Chihuahua. Pese a la muerte de Madero, a quien admiraba Villa, siguió combatiendo a las fuerzas federales por 3 años más.
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Fue el 13 de septiembre de 1913 que los principales líderes revolucionarios de Durango, Chihuahua y La Laguna se reunieron para unificar las tropas. Por su experiencia revolucionaria designaron a Francisco Villa como general en jefe de la División del Norte.
Septiembre es, sin duda, un mes de reflexión y orgullo nacional, en el que cada fecha nos invita a recordar las luchas, sacrificios y victorias que han dado forma al México que conocemos hoy. Celebrar estas 17 fechas es reconocer la historia de nuestra patria y honrar a quienes contribuyeron a su construcción.
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