

Hace 13 años, Allende, Coahuila, fue escenario de una de las masacres más brutales del crimen organizado. ¿Qué dirían hoy las víctimas si pudieran hablar?
Viernes 18 de marzo de 2011: La noche que Allende se llenó de sombras
«Me llamo Héctor Moreno. Tenía 36 años cuando desaparecí. Me dedicaba al comercio y trabajaba en lo que podía para mantener a mi familia. Ese viernes, a las 7 de la tarde, escuché los primeros disparos. Me asomé por la ventana y vi cómo camionetas con hombres armados tomaban las calles. Un vecino gritó: ‘¡Vienen por los Garza!’. Yo no sabía si correr o esconderme. En menos de una hora, los Zetas estaban en mi puerta.»
«Mi nombre era Rosa María Garza. Tenía 52 años y vivía en el rancho de mi familia. Cuando los hombres armados entraron, tiraron la puerta con una camioneta. Nos sacaron a todos. Escuché a mi hijo suplicar por nuestras vidas. Uno de los sicarios se rio y nos subieron a las camionetas. Yo nunca volví a casa.»
«Soy Andrés, tenía 8 años. Nos sacaron de la casa a empujones. Vi cómo mi abuelo intentó detenerlos, pero lo golpearon con la culata de un rifle. Mi mamá me abrazaba fuerte. Nos llevaron a un rancho. Había más gente. Vi a una señora rezar, vi a un hombre llorar, vi a una niña taparse los oídos mientras sonaban los disparos. Yo no sabía qué estaba pasando, pero sabía que nadie nos iba a salvar.»
El infierno en la tierra: 72 horas de terror
Entre el 18 y el 20 de marzo de 2011, el municipio de Allende, Coahuila, fue escenario de una masacre brutal.
- 60 sicarios del Cártel de Los Zetas irrumpieron en la localidad.
- Entraron a casas y ranchos, secuestraron familias enteras y destruyeron propiedades.
- Utilizaron granadas, martillos y maquinaria pesada para demoler residencias.
- Llevaron a sus víctimas a ranchos clandestinos, donde fueron asesinadas e incineradas.
¿Por qué ocurrió?
Los hermanos Miguel Ángel Treviño Morales (Z-40) y Omar Treviño Morales (Z-42) descubrieron que algunos de sus operadores habían filtrado información a la DEA. Como represalia, ordenaron la ejecución de cualquier persona vinculada a los presuntos traidores.
Las cifras oficiales reportaron 26 desaparecidos, pero investigaciones periodísticas sugieren que pudieron ser más de 300.

«Si siguiéramos vivos»
«Si estuviera vivo, vería que mi casa ya no existe. Fue reducida a cenizas. Mi esposa nunca pudo enterrar mis restos. Mis hijos crecieron sin respuestas. Si estuviera vivo, seguiría esperando justicia. Pero aquí, en este lugar sin nombre donde me dejaron, sé que eso nunca llegará.»
«Si estuviera viva, abrazaría a mi nieto que tenía dos años cuando nos separaron. Me gustaría ver sus ojos, saber cómo creció. Pero mi familia sigue buscándome. Siguen preguntando por mí. Y yo sigo aquí, en este silencio que no termina.»
«Si estuviera vivo, iría a la plaza del pueblo, donde antes comprábamos helado los domingos. Pero esa plaza ya no es la misma. Ahora, cada aniversario, mis hermanos y mis padres llevan velas. Porque no hay tumba, no hay cuerpo, solo recuerdos y una ausencia que nunca se llena.»
El silencio del Estado: La impunidad como testigo
Durante el ataque, las autoridades no intervinieron.
- La policía municipal recibió órdenes de no patrullar.
- No hubo operativos para frenar la matanza.
- El gobierno estatal tardó tres años en reconocer la masacre.
Los mismos Zetas instruyeron a la policía para entregarles personas con apellido Garza o Moreno. En 2014, cuando el caso comenzó a recibir más atención, el gobierno finalmente aceptó su responsabilidad.

En 2021, el gobierno federal ofreció una disculpa pública a las víctimas. Pero las familias no buscan disculpas, buscan a sus desaparecidos.
Memoria y justicia: La búsqueda nunca termina
En 2017, comenzaron las primeras exhumaciones en ranchos de la zona. Los colectivos de búsqueda han encontrado restos humanos calcinados y fragmentados. Las familias siguen exigiendo justicia, sin respuestas claras del Estado.

El arqueólogo forense Matías López Bautista, que ha trabajado en contextos de violencia en América Latina, explica:
«México enfrenta una crisis forense sin precedentes. Los métodos utilizados por el crimen organizado para desaparecer cuerpos hacen que la identificación sea extremadamente difícil. Pero cada resto hallado es una pieza de la historia que no debemos olvidar.»
En Allende, la lucha por la verdad no termina. Los nombres siguen sin aparecer en listas oficiales, los cuerpos siguen sin ser devueltos, las familias siguen en espera.
El terror se repite: De Allende a Teuchitlán
En Allende, Los Zetas usaron ranchos y casas como crematorios clandestinos. En Teuchitlán (2025), el Cártel Jalisco Nueva Generación utilizó un rancho por más de una década como campo de exterminio.
- Diferencias: En Allende, la masacre duró tres días. En Teuchitlán, las desapariciones se prolongaron por más de 10 años.
- Similitudes: En ambos casos, el Estado ignoró o encubrió los crímenes.
El Padre Carlos Aurelio, quien trabaja con colectivos de búsqueda en, señala:
«Las fosas clandestinas y los crematorios se han convertido en parte del paisaje mexicano. ¿Hasta cuándo vamos a normalizar la desaparición de personas?»
Los muertos de Allende aún nos hablan
La masacre de Allende no es solo una historia del pasado. Es una herida abierta en la memoria colectiva de México. Cada año, las familias dejan velas y flores en las casas destruidas. Siguen esperando a sus desaparecidos.
Las fosas siguen apareciendo, los cuerpos siguen sin identificarse y la justicia sigue sin llegar. Porque aunque pasen los años, los muertos de Allende no han dejado de hablar. Solo hace falta escuchar.
¡NOS FALTAN 300!
ATiempo.Tv es el primer medio de comunicación nativo digital e independiente en Coahuila, caracterizado por su compromiso y responsabilidad de contribuir a la sociedad; brindando información verificada de manera profesional, ética y confiable. Es por eso que te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales para que tengas acceso a las noticias más relevantes a nivel local, nacional e internacional.

