

Estamos celebrando la semana de la educación artística promovida por la UNESCO, y lo hacemos con un ejemplo palpable de lo que el arte hace en la vida
Desde que éramos niños, cada uno de nosotros era un artista en potencia. Con pinceles, voces, instrumentos, movimientos y gestos, expresábamos un mundo sin límites, un lienzo de posibilidades infinitas. Aquellos días estaban impregnados de una magia que solo el arte podía revelar, una magia que, a medida que crecíamos, parecía desvanecerse entre las páginas de los libros de texto y las ecuaciones matemáticas. Pero el arte, esa chispa divina, nunca nos abandonó del todo; simplemente aguardaba pacientemente a ser redescubierto.
La Semana de la Educación Artística, un faro de esperanza proclamado por la UNESCO en 2011, nos recuerda la importancia vital de las artes en la construcción de puentes entre culturas, en el fomento de la diversidad y en la consolidación de la cohesión social. Es un llamado a reavivar esa chispa que todos llevamos dentro, a reconocer que el arte no es un lujo, sino un componente esencial de nuestra humanidad.
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Aunque las instituciones educativas a veces han relegado las artes a un segundo plano, debemos recordar que la educación artística no es sólo una asignatura más; es una ventana a la empatía, a la creatividad, a la sensibilidad. No es suficiente con que cualquier docente imparta estas lecciones; se requiere de mentores apasionados y especializados que puedan guiar a los estudiantes en un viaje de auto-descubrimiento y expresión.
La educación artística no solo nos enseña a apreciar la belleza o a crearla; nos moldea como seres humanos capaces de ver el mundo desde perspectivas únicas. Nos convierte en individuos creativos, empáticos y sensibles, preparados para interactuar socialmente y transformar nuestro entorno. El arte es, en esencia, el lenguaje del alma, y su enseñanza es el regalo más precioso que podemos ofrecer a las futuras generaciones.

Afortunadamente la misma sociedad nos ofrece centros educativos, fuera de las escuelas, donde nuestros pequeños pueden hacer volar su imaginación. Tal es el caso de Muzart, una escuela de arte ubicada en Monterrey, Nuevo León. Y nos preguntamos ¿Porqué de tantas, esta? Es por el enfoque humano que le dan a las artes como una manera de vivir para sus alumnos.
LA MÚSICA ES UN LENGUAJE
Muzart, un nombre que fusiona música y arte, como un acorde perfecto que resuena en el alma. Además le cambiaron s por z para hacer referencia a Mozart.Pero no es solo un nombre; es una promesa, un compromiso con la creatividad y la expresión. Nathanael Durón y Nany Leija , apasionados por el arte y la enseñanza, dieron vida a esta escuela en Monterrey, Nuevo León.
Nathanael desde temprana edad adquirió conocimientos básicos de música gracias al piano. El piano es amigable y permite entender la armonía y la melodía de manera gráfica, y esto le ayuda a enseñarle a los niños de todas edades. Además, todos los ejercicios que les pone a los niños primero los saca en el piano.

Uno de sus momentos memorables lo protagoniza una alumna de 4 años con problemas de lenguaje que pudo aprender las vocales a través de la música. Después de unos meses, no solo las cantaba, sino que también las aprendió en lenguaje de señas. “Les puse unos ejercicios con trapitos morado y azul y ella aprendió a decir morado y azul, entonces el ver cómo por medio de la música , una niña que no hablaba nada pudo aprenderse las vocales, es una historia muy bonita”
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Él además de ser maestro, trabaja como community manager del CICBEC y la Facultad de Ciencias Químicas de la UAdeC y aplica sus conocimientos de manejo de redes sociales y publicidad para atraer alumnos a Muzart. Todos han llegado a través de plataformas digitales.
Aunque es un desafío atender a niños pequeños y con capacidades diferentes, él lleva mucho tiempo enseñando música pero en Muzart es la primera vez que recibe alumnos tan chiquitos, sin embargo las recompensas son muchas. Los niños tienen creatividad y aprenden rápido.
Nathanael, como un guía musical, también enseña ukulele, canto y guitarra. Su mayor satisfacción no es solo el escenario, sino el proceso. Ver cómo los niños vencen sus miedos, cómo la música se convierte en su voz, es un regalo invaluable. Mientras que con los más pequeños trabajan lenguaje de señas porque les ayuda a la motricidad y ellos además de aprender música, con esto está seguro que están alimentando conocimientos que a la larga les traerán beneficios.
FOMENTANDO LA CREATIVIDAD Y EL DESARROLLO CON EL ARTE
Mientras tanto Nany, que es diseñadora gráfica, integra con los niños los colores primarios, secundarios, figuras básicas, usa muchos elementos del diseño y los adapta a su edad para que ellos puedan crear sus trabajos. Los niños chiquitos hacen más ejercicios de motricidad, como agarrar un lápiz, un pincel mientras que los grandes tienen actividades más complejas.

A pesar de la creatividad innata de los niños, Nany reconoce obstáculos. Las pantallas y la falta de educación artística en las escuelas son desafíos. Considera fundamental que todos los seres humanos tengan acceso a las artes, especialmente los niños, para expresar sus pensamientos sin miedo. Ella encuentra gratificante adaptar el conocimiento a niños con capacidades diferentes. Evita la frustración y asegura que se sientan valorados. Su enfoque en Muzart se centra en crear un ambiente seguro para los alumnos que ellos sientan que ese es lugar seguro donde pueden expresarse y liberarse.
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Gracias a esto para la maestra es gratificante ver a los niños superar dificultades y lograr obras complejas es significativo para ella. Otra actividad de la que habla con entusiasmo es la subasta al final del curso, donde las personas que asisten compran las creaciones de los niños, motivando a los alumnos a regresar a las clases.

Ella tiene una alumna inicialmente diagnosticada con TDH. Sin embargo, descubrieron que simplemente era una niña concentrada en su arte. Ahora, su avance es notable, y disfruta de la escuela.
Además de enseñar técnicas, imparte sensibilización artística y fomenta la apreciación del arte en los niños. La satisfacción de Nany es ver a los niños enfocados en sus obras y tomar decisiones creativas es su mayor satisfacción. El desarrollo de su ojo para la composición es un logro significativo.
Los niños asisten felices a sus clases y les encanta cada actividad que les ponen, algunos de ellos mencionan que los maestros son pacientes y muy buenos; además los padres de familia también están contentos con lo que ofrece la escuela.
AVANCES EN LA VIDA DIARIA
Por ejemplo una madre de familia que lleva a sus dos hijas comparte que disfruta llevando a sus hijas a Muzart, pues considera fundamental que tengan un acercamiento temprano a las artes. Cree que esto les ayudará en su desarrollo futuro. Lo que más le agrada es que aceptaron a las niñas desde muy pequeñas y que los maestros imparten las clases de una manera lúdica, permitiendo que aprendan mientras juegan. Ha notado avances significativos en la motricidad fina y gruesa de sus hijas, así como mejoras en su lenguaje. Además, aprecia que la escuela tiene un enfoque distinto y creativo.
Otra madre menciona que ella lleva a su hijo a Muzart debido a la ubicación conveniente y los costos accesibles. Ha notado que su hijo disfruta mucho de las clases, gracias a maestros dedicados y divertidos que captan la atención de los niños. Lo que más les agrada es el ambiente respetuoso y la variedad de actividades que se realizan. Además, los maestros explican claramente la finalidad de cada actividad.

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La iniciación musical ha ayudado a su hijo a desarrollar su sentido musical, lo que será útil en el futuro. Ella ha observado que el ambiente en Muzart es saludable y divertido para los niños, y han decidido quedarse porque su hijo está muy contento y emocionado. El niño también se ha vuelto más desenvuelto, y todo esto contribuye a su formación integral. En resumen, ella considera que Muzart es una excelente opción para niños pequeños.
En Muzart, la música y el lenguaje de señas se entrelazan. Los niños no solo aprenden melodías, sino también a comunicarse con las manos. Es un viaje de crecimiento, donde las notas se transforman en palabras y las palabras en sueños. Y así, en cada acorde, en cada trazo, Muzart sigue escribiendo su historia, una sinfonía de aprendizaje y amor por el arte.
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