

Jesús Díaz
A punto de iniciar su histórica residencia de Las Vegas, la icónica banda habla sobre el impacto negativo del regional de hoy en día, que eclipsa el potencial sanador de la música
Las Vegas.— Los memes no mienten. Teniéndolo de frente, aguardando a que le hagan una pregunta, Marco Antonio Solís sí tiene un halo de Cristo, uno nacido en Michoacán, pero que se le parece por la melena, el porte y hasta la actitud.
Es una broma, claro. Pero el músico reconoce reído con esas imágenes graciosas de estampitas religiosas con su figura. Sabe que es un juego común en sus redes. De hecho, hace unos días, publicó en X: “Hoy le pido a Dios solo una cosa: que sane en ti eso de lo que no hablas con nadie”. Y alguien le respondió: “Gracias señor ‘Yisus Músico’”.
Por eso es raro hablar con este “Yisus Músico” sobre su siguiente gran proyecto como artista: hacer historia en la mismísima Ciudad del Pecado, junto a lo que serían sus discípulos, los integrantes de Los Bukis.
La agrupación será la primera banda de habla hispana en hacer una residencia en Las Vegas, en unos días semanas, a inicios de mayo; luego en julio y septiembre.
Si se analiza, ese reconocimiento —que no es cualquier cosa— tiene lógica: no sólo porque celebran 50 años de trayectoria, sino porque en 2021, cuando hicieron su gira del reencuentro luego de haberse separado en 1996, fue la segunda más lucrativo del mundo, según Pollstar.
Sí, globalmente. Los Bukis recaudaron en promedio 5.1 millones de dólares por ciudad ese año; algo que sólo fue superado por los Rolling Stones. Detrás de ellos, quedaron artistas internacionales como Eagles, Harry Styles, Andrea Bocelli y Eric Clapton.
Lo de Las Vegas es una distinción tardía a la música en español. Ellos representan esa lucha. Un inversor del evento me dice un día antes, en un desayuno con inversionistas de Las Vegas, que a los angloparlantes les brillaron los ojos cuando supieron que había una agrupación en español que casi igualó a los Rolling poco antes de la pandemia.
Me hablo, además, de la cantidad de latinoamericanos, incluidos mexicanos y mexicoestadounidenses, que antes habían sido ignorados. Se refería al personal de servicio detrás de la cocina, los hoteles y los casinos de Nevada.
Justo esa charla fue interrumpida cuando llegó Marco Antonio y su agrupación, provocando que los trabajadores del lugar fueran atorizados por sus gerentes, managers les llaman, para interrumpir su trabajo y pedirles fotografías. No todas eran para ellos, que son muchos muy jóvenes, sino para sus padres o tíos.
Además, claro, no todos los días te retratas con uno de los influencers de X, antes Twitter, más populares: Marco Antonio tiene 1.9 millones de seguidores.
“Les diría que se porten bien”, me dice el cantante entre risas, un día después, cuando le pregunto qué deben hacer los seguidores del “señor Yisus músico” que vengan a ver alguno de los muchos shows en la ciudad de las bailarinas de poca ropa, mucho alcohol y más.
“Yo digo que la pasen bien. Lo importante acá en Las Vegas es disfrutar todo con medida, ¿no? Nos ofrecen muchos espectáculos. Acabamos de ver a U2, tuvimos la oportunidad de verlos, de disfrutar y aprender. A mí, en lo particular, me gusta ver de pronto conciertos distintos porque se aprende mucho”.
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Si su prejuicio no se lo ha permitido o vive debajo de una roca, sepa que Los Bukis es una de las bandas más influyentes de la balada romántica en español, temas como “Tu Cárcel” fincaron el desarrollo de la música regional con elementos del pop y la balada, algo que ha permeado en agrupaciones de todo tipo, desde Banda MS a Belinda.
En la comida se nos dice de broma —que más bien es una verdad vedada— que si Los Bukis hubiesen sido estadounidenses, serían un fenómeno global al ser impulsados por el monumental soft power de ese país y la penetración del idioma inglés. Ese multiverso, claro, incluiría haber surgido en una sociedad más abierta en sus consumos de cultura popular, con gente que no discrimina su música, ni sus artistas. Que no se avergüenza.
A inicios de los 70, Marco y su primo Joel decidieron emprender un camino por la música romántica regional y crear el Dueto Solís, que se convirtió en Los Soles Tarascos y luego Los Hermanitos Solís. Ya en el 74, al ser contratados por la entonces discográfica “Discos Melody”, nacieron como Los Bukis.

El término era una palabra utilizada para nombrar a los niños del noroeste del país. Esos niños son hoy monstruos de la industira que recibieron la noticia de su reconocimiento histórico en la urbe de los casinos.
Me cuenta el otro Buki, Joel Solís, primo de Marco Antonio: “Nuestro representante nos dijo: ‘Les tengo esto (la residencia en Las Vegas)’, y dije: ‘¡No, esperen, déjenme asimilarlo!’, porque sí, nos dio una sorpresa muy grande y desde ahí empezó nuestra alegría desde que empezamos a saber que haríamos residencia; fue muy sorpresivo cuando nos dijo: ‘no son dos fechas, van a ser más…’ nos quedamos callados”.
Para aclarar, las residencias en Las Vegas son una tradición en el mundo del entretenimiento: en ellas, artistas de renombre se establecen en un lugar fijo para realizar una serie de shows durante un periodo extendido. A diferencia de las giras tradicionales, donde los artistas viajan de ciudad en ciudad, una residencia les permite actuar en el mismo sitio, generalmente en uno de los lujosos hoteles o centros de espectáculos de Las Vegas, durante semanas o incluso meses.
Entre las más famosas destacan las que han tenido figuras como Celine Dion, Elton John o Britney Spears; actualmente brilla en ese rubro Adele y U2. La de Los Bukis sería la primera de una agrupación en español en la historia de esta ciudad.
LEJOS DE LOS CORRIDOS TUMBADOS
Ya en un tono más profundo, Marco Antonio me cuenta sobre lo que ha sido sortear al demonio en esta industria para su banda y él durante cinco décadas.
Sale a tema un joven mexicano que el año pasado fue número uno del mundo en los charts en todo el mundo, arropado por una maquinaria sin precedentes, mucho menor que la de los años 70.
Y aunque ese chico se llama Peso Pluma, no se menciona directamente, pero sí la reacción de cuando Marco Antonio lo escuchó por primera vez.
“Di el condorazo, un doble condorazo”, me responde rápido, simulando con el cuerpo que casi se cae de espaldas de su silla. “De las expresiones que hay ahora, con lo que particularmente no estoy muy de acuerdo son las letras violentas, porque ya de por sí vivimos en un mundo muy violento”, continúa.
“La música más agresiva genera más agresividad. Los Bukis teníamos el propósito de esto, una música melódica que pudiéramos decir pasiva, tranquila, que genera serenidad, paz, alegría, reflexión porque todo eso vale en las letras y en las melodías; es un acompañamiento”.
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Marco Antonio reconoce que hay buenos músicos en el nuevo regional, y destaca lo positivo de que haya un movimiento mexicano que resuene en el mundo. Pero considera que si no se asume con compromiso, se perderá una gran oportunidad.
“Y bueno, la música de hoy es muy distinta, particularmente yo, de pronto oigo letras que valen la pena porque hay cosas que se pueden rescatar, muy lindas, pero hay otras que no. Entonces sí, estoy en desacuerdo en todo lo que genere violencia, energía negativa”.
Cuando eran tan jóvenes como Peso Pluma y compañía, él y su primo, Joel, emanaban positividad, despertando además el amor en las chicas sin más pretensiones.
El Buki recuerda algunos suspiros generados en esta ciudad, cuando hacían presentaciones sin goce de sueldo. Tocaban unos 25 minutos, los lunes, especialmente para trabajadores que acababan su turno en los casinos y restaurantes.
“Nos decían, aquí no hay dinero, pero si quieren ir ahí pueden ir a tocar un poco y hay 100 dólares para que jueguen. Y así nos íbamos para conocer”, dice riendo.
Por curioso que parezca, Marco Antonio relaciona la vibra de esos encuentros semiclandestinos en Las Vegas con los shows continuos que darán aquí mismo, pero en el Dolby Live en Park MGM con 5 mil 200 fans por día.
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“Cuando, después de 25 años, nos reencontramos con el público, empezamos a cantar y la gente empezó a corear los temas. Esa es la mejor muestra de que hicimos bien las cosas”, cree El Buki.
Entonces, ya en un tono mesiánico, les habla a los jóvenes tumbados sobre redimirse, porque cree que hay un lugar en el infierno del olvido musical para los que no respetan a su público.
“Piensen en lo que va a durar mucho tiempo, no se vayan con la corriente por lo monetario, la fama. Los pasos cortos pero sólidos los llevarán a un camino más largo. Piensen antes de hacer: si salen con algo que no tiene trascendencia, pierden credibilidad con el público.
“Pero sigan adelante porque hay alguien que nos cuida —señala al cielo— y que les dio la misión de hacer lo que tienen que hacer en esta vida”.
Las residencias serán cinco shows en cada mes: los días 3, 4, 8, 10 y 11 de mayo; 12, 13, 17, 19 y 20 de julio; así como el 13, 14, 18, 20 y 21 de septiembre.
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