

Este 2 de junio se llevaron a cabo las elecciones más grandes del país, te dejamos unas reflexiones a partir de las votaciones

Se realizaron las votaciones. Fue el proceso más grande de la historia y ya no hay marcha atrás; la decisión de los ciudadanos quedó plasmada. ¿Fue la que esperábamos? ¿La que nos hubiera gustado presenciar? ¿La mejor para nuestra ciudad… nuestro país? ¿Representa realmente la voluntad de la mayoría de nosotros?
Independientemente del resultado, es importante reflexionar en cuestiones como las siguientes:
- ¿Quiénes votaron y cómo votaron?
- ¿Quiénes dejaron de votar y cuál fue la razón?
Es interesante detenernos a pensar en las razones que nos mueven para ejercer el voto. ¿Es realmente un voto a favor del/la candidata o candidata? ¿Nos dimos la oportunidad de escuchar sus propuestas? ¿Revisamos con seriedad y objetividad su proyecto de gobierno? ¿Analizamos si sus propuestas eran sólo promesas de campaña o realmente factibles de realizar?
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La democracia es el sistema en el que los ciudadanos podamos votar para elegir a los representantes del gobierno, de quienes esperamos que tomen las mejores decisiones. Pero ¿cuándo nos educan para ser ciudadanos y para contribuir a mantener nuestra democracia? Empezamos a votar a los 18 años en los que se nos acredita como mayores de edad pero nuestra educación como ciudadanos debe empezar mucho antes. Desde que somos niños debemos aprender a preocuparnos por los temas de la sociedad y a valorar el gran derecho que tenemos de expresar nuestra opinión sobre los candidatos y votar por el que consideremos que mejores decisiones tomará a favor de la sociedad. Pero esto solo lo aprendemos mediante el ejemplo. Si no vemos que los adultos que tenemos cerca se preocupan por ejercer su voto, será muy difícil que los niños lo lleguen a hacer cuando sean adultos.
Y ¿cuáles son las razones por las que la gente no vota? Principalmente porque se pierde la confianza en los sistemas. Pero no vemos que, al no votar, lo que generamos es justamente que los demás tomen decisiones por nosotros y que nuestra “voz” (que no emitimos) no sea atendida. ¿Quiero que se tomen mejores decisiones? Tengo que expresarlas y no dejar que sean otras voces las que se escuchen.
Es difícil valorar de forma objetiva las propuestas que se presentan. El ruido en torno a las campañas dificulta que nos enfoquemos en los programas que realmente son prioritarios, que son factibles de instrumentar y que se reflejarán en mejores condiciones de vida para los habitantes. El no estar debidamente informados también hace que sea muy difícil para muchos saber qué opciones son viables y convenientes para los ciudadanos. Por otro lado, los resultados de las encuestas muchas veces en lugar de dar claridad, confunden o incluso decepcionan y esto también genera que se sienta que de nada sirve expresar nuestra opinión.
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Las elecciones ya se dieron, pero esto no significa que nuestra participación como ciudadanos haya terminado. En una democracia, los ciudadanos seguimos teniendo una participación fundamental en el día a día. Un buen alcalde, gobernador o Presidente debe buscar esos espacios para seguir escuchando nuestras voces y mantener sus programas enfocados a las necesidades reales de la comunidad. Si como ciudadanos nos callamos, los gobernantes no tendrán en nuestras voces la contraparte tan necesaria para lograr el equilibrio entre los programas y las necesidades reales. Por lo que será importante que ellos generen esos espacios para seguir escuchándonos y permitir emitir nuestros puntos de vista acerca de la efectividad de los programas que instrumenten para fortalecer, alinear o redireccionar si es necesario.
Por nuestra parte, lo vivido en estas elecciones deben ser aprendizajes que nos impulsen a buscar mejores formas de educarnos y de educar a otros a favor de la democracia, viendo cómo fortalecer en las escuelas los programas existentes para que los niños aprendan a verse como ciudadanos y fortalezcan esa visión y comprensión que tienen del gobierno, de la importancia de la separación de los tres poderes y las responsabilidades que tenemos en nuestro entorno. Y que los jóvenes encuentren espacios para participar activamente en programas sociales que les permitan sentirse parte real de las decisiones para el bienestar de nuestra ciudad, estado y país. Pues si no nos sentimos parte en lo cotidiano, será muy difícil que valoremos la importancia de participar en votaciones que, desafortunadamente, podemos sentir muy lejanas.
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Hoy que iniciamos una nueva etapa, buena para unos y no tan buena para otros, es un excelente momento para que papás y maestros reflexionemos en qué tan bien hemos realizado nuestra labor de formar a nuestros hijos y estudiantes como ciudadanos conscientes de su entorno. ¿Les hemos enseñado a tomar decisiones colectivas y a valorar el impacto de esas decisiones?, ¿les hemos enseñado a ser responsables de sus opiniones?, ¿les hemos dado espacios para generar mejoras en su entorno o a contribuir a instrumentarlas?, ¿les damos la oportunidad de participar en debates o en simulaciones?

Como papás, ¿impulsamos que nuestros hijos colaboren en proyectos a favor de los más desfavorecidos o en iniciativas para ayudar a otras personas? ¿Les enseñamos a escuchar y respetar opiniones diferentes y a expresar de forma asertiva su punto de vista? ¿Les damos ejemplo al respetar las normas y reglas y al ejercer nuestro derecho al voto?
La democracia no se construye con las votaciones; son las votaciones una muestra de cómo hemos educado en la democracia.
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