
Jesús Díaz
Con boletos de reventa de hasta 122 mil pesos y casi la mitad de las madres con ingresos de hasta un salario mínimo, la visita de los coreanos mostraron por qué un saludo público también importa

Es curioso, aunque no debería sorprendernos, que uno de los videos más emotivos y luminosos de estos días en México lo hayan protagonizado una madre, Cecy, y su hija, Sol. Ambas mexicanas, aparecen empapadas y abrazadas, mirándose mutuamente con cara de sorprendidas, en medio de una plaza pública.
La imagen se disfruta y emociona, casi que duele, por eso no tardó en dar la vuelta al mundo, literalmente, en pocos minutos. Cecilia es una madre que prácticamente corrió junto a su niña rumbo al Zócalo de la Ciudad de México para alcanzar a ver, aunque sea de lejos y durante unos minutos, cuatro para ser exactos, a sus ídolos. Los integrantes de BTS.
Ellos no forman parte cualquier agrupación. La banda surcoreana es uno de los fenómenos pop más importantes de la última década, con una jauría enorme y global capaz de mover aeropuertos, estadios, redes sociales y, como se vio en estos días, el lugar más representativo de México.
¿POR QUÉ BTS?
El grupo inició en junio de 2013, bajo el sello Big Hit Entertainment, con siete integrantes que hoy muchos fans reconocen casi como parte de su cotidianidad: RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jung Kook.
Venían de una industria musical que ya sabía formar grupos con mucha disciplina (algo muy criticado, ha habido hasta suicidios de muchos jóvenes músicos en Corea del Sur), coreografías y una gran relación con sus seguidores, pero ellos llevaron esa maquinaria más allá.
Como quedó de manifiesto estos días, con los jóvenes comportándose de manera sencilla con sus fans, integrándolas incluso a dinámicas antes del show, BTS logró que el K-pop dejara de verse como una rareza lejana y se volviera algo común en la vida de millones de chicas y chicos, y en países donde hace unos años casi nadie imaginaba cantar pop coreano.
El fenómeno creció a su manera. Primero fueron los videos compartidos, las traducciones hechas por millones de fans. Después vinieron las giras, récords, nominaciones al Grammy y una comunidad global, el o las ARMY, que aprendieron a organizarse tanto que muchas campañas y partidos políticos las envidiarían.
Desde fuera puede parecer ser algo difícil de entender, especialmente para ese sector muy de los 70 y 80 que creían que sólo había uno o dos géneros, algo que no ocurre tanto ahora, que los jóvenes suelen cantar y bailar de todo un poco, pero basta recordar la que casi todos hemos tenido una canción o banda que nos hacía sentir bien con nuestras realidades.
En 2022, la historia del grupo entró en pausa por el servicio militar obligatorio en Corea del Sur, eso hizo crecer la espera de sus fans. Eso sí, cada integrante lanzó música y mantuvo abierta la promesa de volver. Y hasta que los siete terminaron su servicio militar, se concretó el regreso.
Eso explica la euforia de Cecy y Sol, México no recibió estos días sólo a una banda famosa. Recibió a un grupo que prometió volver con sus fans fieles que habían crecido junto a ellos y con niñas que quizá los descubrieron cuando ya estaban en pausa.
Hubo ansiedad por verlos y esta se incrementó. Se anunciaron tres fechas en el Estadio GNP Seguros de la capital, que se agotaron en minutos, miles, sino millones, se quedaron fuera. Los boletos más baratos rondaron en mil 700 pesos, pero fueron inalcanzables, mientras que los paquetes VIP podían acercarse a los 18 mil. Eso, sin contar transporte, comida, hospedaje, mercancía o el costo emocional de pasar horas frente a una fila virtual que al final sólo decía que ya no había lugares.
Ticketmaster liberó después algunos boletos adicionales, y si bien eso dio esperanza, más bien dejó clara la corrupción del monopolio Ticketmaster y los revendedores, con boletos de miles de pesos. Había que tener una tarjeta, mucho tiempo, conexión, paciencia, suerte y en especial dinero disponible justo en el momento correcto.
Para una adolescente puede ser el sueño del año, pero para su madre, la cuenta completa un sueño inalcanzable.
El tema llegó incluso a la mañanera. La presidenta Claudia Sheinbaum habló de la posibilidad de ampliar las fechas, primero con Ocesa y después mediante una carta al presidente de Corea del Sur. La gira no pudo crecer este año, pero la gestión derivó, meses después en la ya mencionada, visita de los integrantes a Palacio Nacional y un saludo público desde uno de sus balcones.

Podría decirse que para las miles de personas tuvieron algo de ellos sin pagar. Bastaron cuatro minutos para que se volcara en gritos, teléfonos levantados, playeras y carteles escritos con prisa. Según la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México, más de 50 mil personas acudieron al llamado, la misma cantidad que acudió a su primer show, del jueves pasado.
Al otro día, la presidenta contó que el encuentro había sido amable y que los integrantes aceptaron regresar a México en 2027. Dijo que les preguntó si querían volver el próximo año y que ellos aceptaron. La mandataria no dio fechas ni detalles, pero esa frase hizo oficial la promesa con sus fans que no alcanzaron a verlos en el GNP.
Se habló, claro, de la posibilidad de que BTS se presentara algún día en el Zócalo. La propia presidenta dijo que uno de los integrantes le había preguntado si ahí, en la Plancha, es donde se había presentado Shakira.
Y claro, aunque todo fue una estrategia política, la propia Sheimbaum pidió que no se politizara la visita. Dijo que no debía cargarse de política algo que, según explicó, había surgido por la demanda de fans que no pudieron acceder a los conciertos y por el interés de que el grupo volviera al país. Pero la imagen de BTS en Palacio Nacional generó ámpula..
Una parte del propio fandom había ya marcado distancia. BTSchartsMX, una cuenta de fans con presencia en México, pidió que no se usara a artistas ni espacios culturales en contextos que pudieran interpretarse con fines políticos.
La crítica más dura vino de la derecha. Opositores y usuarios en redes retomaron la idea, justa en realidad, de que si la presidenta podía recibir a BTS en Palacio Nacional, también debería recibir a madres buscadoras.
Esto habría que valorarlo. Por un lado, existe la alegría legítima de miles de fans, muchas de ellas niñas, jóvenes y madres que sólo quieren tener la oportunidad de ver a sus ídolos. Por el otro, el dolor más que legítimo de mujeres que llevan años buscando a sus hijos y pidiendo ser escuchadas por el poder. Acá habría que decir que la visita de BTS no tiene que cancelar esa otra demanda, pero tampoco impedir que muchos, incluido los propios fans, entiendan que en una país como México hay prioridades.
EL LUJO DE ESTAR AHÍ…

Aun así, la imagen de Cecy y Sol, su hija, dice más de lo que parece.
Fue tomada y compartida por el reportero Carlos Navarro en TikTok, La escena es poderosa porque, si se mira a detalle, no habla sólo de unas fans. Habla de la realidad de muchas mexicanas. hay millones de personas para quienes ir a un concierto sigue siendo una posibilidad imposible.
Como se ha dicho, las entradas oficiales se agotaron en minutos y la reventa comenzó a mostrar cifras absurdas. El Universal reportó que en plataformas como Viagogo los boletos más cercanos llegaron a superar los 122 mil pesos, es decir, si una madre hubiera querido ir con su hija a ese precio, habría necesitado más de 244 mil pesos sólo para entrar al estadio.
En 2026, el salario mínimo general en México es de 315 pesos diarios, de acuerdo con la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos. Eso equivale a unos 9 mil 582 pesos al mes. Dos boletos revendidos en 122 mil pesos cada uno representarían más de 25 meses completos de salario mínimo, o sea, poco más de dos años de trabajo sin gastar un solo peso en comida, renta, transporte, escuela, medicinas o cualquier otra cosa.
No se diga si hablamos de una madre que sostiene sola su casa.
En Méxio, según los datos difundidos por INEGI por el Día de la Madre, en el cuarto trimestre de 2025 había 54.9 millones de mujeres de 15 años y más, y 71.5% de ellas había tenido al menos una hija o hijo nacido vivo. Eso nos habla de alrededor de 39 millones de madres en el país. Entre ellas, 10.6% se declaró soltera, una proporción que equivale a poco más de cuatro millones de mujeres.
El problema son las condiciones en que viven y trabajan. Casi la mitad de las madres ocupadas en México, 49.2%, recibió hasta un salario mínimo al mes por su trabajo, mientras que 28.1% ganó más de uno y hasta dos salarios mínimos. También hay madres que trabajan sin recibir ingresos o que dedican buena parte de su tiempo a cuidados no pagados, esa zona invisible donde se sostienen casas completas sin que siempre aparezca en una cuenta bancaria.
Por eso el gesto de Cecy no se agota en la ternura de ese video viral. Una madre que no puede comprar una entrada intenta compensar su falta de sueño con una transmisión, un video, no se diga un balcón en una plaza llena. Busca la forma de decirle a su hija que su deseo importa, aunque no alcance para costearlo. Esa imagen, vista así, no está tan lejos de muchas escenas familiares que se repiten con madres haciendo cuentas, postergando gastos, renunciando a algo propio para que sus hijas e hijos vivan algo que ellas no pudieron vivir o que recuerdan desde otra época.
De esto había hablado un poco hace unas semanas, en el artículo “Tijuana vacía y Tecámac lleno: conciertos por la paz en un país desigual”, publicado en A Tiempo.
Hablamos del contraste entre el concierto de Carín León en Tijuana, criticado por su baja asistencia y por el gasto público, y los eventos masivos de Tecámac, donde Lila Downs, Siddhartha y Bronco convocaron a miles de personas. Aquella discusión abría a la pregunta incómoda de qué pasa cuando una experiencia cultural, así sea popular, es gratuita (los conciertos y el teatro son experiencias prácticamente imposibles de pagar para la mayoría al menos que se endeuden).
Los conciertos masivos, aunque siempre pueden discutirse desde el gasto público, también abren una puerta que para millones de personas permanece cerrada. No todos pueden pagar una entrada, trasladarse a un estadio, comer fuera, comprar mercancía y regresar a casa como si se tratara de una salida cualquiera. Para muchas familias, ir a un concierto no es una experiencia que nunca entra realmente en el presupuesto.
Con BTS pasa algo parecido. Desde ciertos privilegios, incluso dentro del propio fandom, hubo quienes pidieron a otras fans no acudir a Palacio Nacional. La preocupación era legítima, nadie quiere que una comunidad de seguidores sea usada políticamente. Pero eso olvida que para muchas niñas, jóvenes y madres un saludo de cuatro minutos es lo único que se sustrae de su realidad, cuando se mira todo desde la comodidad de los privilegios, es necesario..
Y, claro, esto no debería cancelar las otras prioridades. México tiene problemas más urgentes que un concierto o un saludo de BTS.
Que se diga fuerte. Hay madres que buscan a sus hijos, hospitales con carencias y gente esperando horas por su vida, familias sin agua o servicios básicos, escuelas en malas condiciones y una violencia que deja desiertas regiones enteras. Sería absurdo e injusto negar eso. Pero también, me parece, sería injusto pensar que el acceso a la música, al espacio público y a la alegría compartida deja de importar por el dolor de lo que nos lastima a diario. La gente común también necesita respirar un poco.
A mi entender, la discusión pública debería ser más fina. Se puede exigir transparencia sobre el uso de recursos públicos, cuestionar cualquier intento de capitalizar políticamente a un grupo de fans y, al mismo tiempo, reconocer que encuentros como éste tienen valor para personas como Cecy y Sol.
No pensemos que son lujos menores para quien casi nunca o nunca está cerca del lujo. Son momentos que, vistos desde fuera, pueden parecer pequeños, pero que en la memoria de una niña quizá ocupen un lugar enorme.Y la gente sin oportunidades tiene derecho a reír y creer.
Es, para mí, una básica de la política pública cultural, la que le habla a todos como derecho. Hablarle a las madres que no compran boletos VIP, ni preventas, en las que no pueden prometer una experiencia completa pero sí correr bajo el sol que se disipó con chorros de agua de camiones, para alcanzar cuatro minutos, cuatro.
Y, desde luego, un saludo de BTS no resuelve nada. Pero hay que aceptar que, en un país tan desigual, incluso una aparición gratuita puede marcar la diferencia entre quedar completamente fuera o haber estado ahí, aunque sea un instante. La gente, no se digan muchas madres con sus hijas, tiene derecho de estar… Por cierto, gracias a las redes y la ayuda de otros, Cecy y Sol consiguieron boletos para el show.
ATiempo.Tv es el primer medio de comunicación nativo digital e independiente en Coahuila, caracterizado por su compromiso y responsabilidad de contribuir a la sociedad; brindando información verificada de manera profesional, ética y confiable. Es por eso que te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales para que tengas acceso a las noticias más relevantes a nivel local, nacional e internacional.

