

Jesús Díaz
Entre la falta de apoyo y la promesa de un futuro innovador, el nuevo gobierno enfrenta el desafío de revitalizar la ciencia mexicana, un campo históricamente desatendido y subvalorado
La ciencia también es parte de la cultura, de hecho, esa es la filosofía que ha guiado a muchos de los grandes pensadores de la historia. Se considera así porque la ciencia y la cultura están intrínsecamente entrelazadas.
Verá, en las universidades, los investigadores no solo buscan respuestas en laboratorios aislados, sino que colaboran y comparten sus hallazgos en congresos y publicaciones que son accesibles a la comunidad global, lo que integra a la ciencia en el tejido cultural de la sociedad. Los avances en medicina, por ejemplo, no solo se traducen en nuevas técnicas y tratamientos, sino que también influyen en nuestras creencias y prácticas cotidianas relacionadas con la salud y el bienestar
Thomas Kuhn, en su obra «La estructura de las revoluciones científicas», destaca que los cambios en la ciencia no ocurren de manera lineal, sino a través de revoluciones que renuevan los paradigmas existentes. Es decir, la ciencia es parte intrínseca de nuestro desarrollo no solo personal, sino como sociedades.
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Esto nos lleva a considerar la importancia de apoyar a quienes se dedican a la ciencia en México. El país posee investigadores que hacen una loable labor, pues además de sus conocimientos, los científicos cuentan con presupuestos ajustados o ínfimos para el desarrollo de su profesión. Entendiendo esto, ¿qué tan importante es apoyar enteramente a la ciencia en México
Vemos que en otros gobiernos se destinan billones de dólares para realizar proyectos tan osados como el de los robots que pisan el suelo marciano, pero, con cierta lógica, muchos consideran que está mal que estos proyectos, que nos ilusionan a los seres humanos por igual, son, en el fondo, un desperdicio de dinero si tomamos en cuenta la pobreza que se vive en el mundo.
¿Qué hacer entonces? La humanidad se ha visto beneficiada por los proyectos científicos, como el Internet; no se diga en el caso de la medicina. Pero vale la pena ese derroche de dinero cuando se vive hambruna. ¿En dónde está el punto medio?
VIAJAR A MARTE EN UN MUNDO CON HAMBRUNA
Durante mi encuentro con José Saramago en la Facultad de Derecho que relaté semanas atrás, el Premio Nobel pronunció un discurso que me removió bastante esas ideas. El escritor consideró absurdo que se destine tanto tiempo y recursos a favor de investigaciones espaciales pues, dijo, mientras hay millones de personas que mueren de hambre; la humanidad se preocupa por si hay agua en Marte, “pero Marte sigue ahí y nosotros dónde y de qué manera”.
“Si pensamos que la galaxia más próxima está a 5 mil millones de años luz y que la velocidad de la luz viaja a 300 mil kilómetros por segundo, sabremos que nunca llegaremos ahí; además todos vamos a desaparecer a causa de un agujero negro”, bromeó.
¿Habiendo tanta pobreza en México, es viable financiar proyectos científicos que apenas y compiten con países desarrollados en los que se invierte desmedidamente en tecnología? Ahora, veamos más a fondo, realmente la baja inversión en tecnología y ciencia en el país no obedece a que los recursos sean destinados a la pobreza, o a la falta de dinero; sino a intereses particulares, como la corrupción o las campañas políticas. Los científicos no suelen intentar invertir millones en un viaje a Marte, sino desarrollar tecnología propia que sirva para el crecimiento del país en el entendido de que no se puede simplemente comprar tecnología cuando en México existe la capacidad de desarrollarla.
Es importante sensibilizar humanitariamente, apoyar a quienes padecen pobreza, pero no dejar de lado el desarrollo científico del país. Los gobiernos destinan millones para promoción de sí mismos y dejan de lado proyectos sumamente interesantes a los que los científicos han dedicado sus vidas. Eso descubrí al entrevistar a Esaú Vicente Vivas, el responsable del proyecto Satex por parte de la UNAM.
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Satex fue un microsatélite de alta tecnología realizado por seis instituciones de educación superior que tomó más de 10 años, con un presupuesto de solo 5 millones de pesos. Por casualidad me encontré en internet con los creadores de este proyecto, quienes, tras contactarlos, accedieron a mostrármelo. Fue una de las mejores experiencias en mis inicios como periodista: entrar a ese mundo de jóvenes científicos mexicanos, que dedicaban horas a desarrollar un satélite que pretendía dar la vuelta al mundo en minutos y permitir no solo tomar imágenes al instante desde cualquier sitio, sino desarrollar herramientas para la comunicación y transmisión de datos sin precedentes desde México en ese entonces, hace 20 años, y aún hoy.
Para mi sorpresa, Esaú Vicente no se sentía inspirado por los viajes a Marte en países en desarrollo. Él, como Saramago, compartía la visión de crear tecnología con características más específicas que contribuyeran a mejorar las condiciones de muchos mexicanos: el presupuesto para viajes interplanetarios no podía venir de México, pero sí podría dedicarse parte del presupuesto a desarrollo de mejor tecnología.
—El Premio Nobel 1998, José Saramago, dijo hace unas semanas en la Facultad de Derecho que consideraba los viajes a Marte como algo absurdo, cuando hay tanta pobreza en el mundo, o tantos muriendo de sida, por ejemplo, ¿usted qué opina?
—Tiene completa razón. ¿Por qué no nos concentramos en resolver la pobreza del mundo o el problema del sida? Eso es pensar en la justicia, sin embargo, desafortunadamente, este mundo no se rige, en los hechos, por justicia, la de los valores humanos primordiales, éstos no están en su lista de prioridades.
—¿Proyectos como este (el satélite) no se contradicen con la situación que vivimos en nuestro país, con tanta pobreza y desempleo?
—Esta pregunta es muy importante, porque lo que se ha invertido hasta este momento para nuestro proyecto han sido 5 millones y vamos a requerir otros 5 millones para seguir trabajando, son 10 millones. En México, cuando se hace una encuesta telefónica de opinión para saber si se hace el segundo piso del Periférico, a pesar de ser pobre (la encuesta), de que no se le hace caso, se gasta el equivalente a este proyecto. No es una cuestión de injusticia, sino de cuáles son los verdaderos montos económicos para dedicarlos a nuestros problemas o a cosas superfluas. Proyectos como este no deben verse como superfluos, el que existan problemas de marginación no significa que no deban existir celulares, bancos, cajeros automáticos, pero ¿una encuesta? Muchas cosas dependen de los satélites, no podemos dejar de lado estas herramientas.
LA PROMESA DE APOYO A LA CIENCIA
Una de las grandes esperanzas del próximo gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, que además es doctora en física, es que México suba peldaños en ciencia y tecnología con la creación de la nueva Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, la cual será encabezada por Rosaura Ruiz Gutiérrez, actual secretaria del Conahcyt.
Sheinbaum jura que uno de sus principales objetivos es transformar a México en un referente global en investigación científica y tecnológica. Para ello, la creación de esta nueva secretaría sería fundamental, ya que permitirá una mejor organización y coordinación de los esfuerzos científicos del país
En su visión no solo habría que reorganizar y fortalecer las estructuras existentes, sino también asegurar que las políticas científicas estén alineadas con las necesidades del país y con un uso eficiente de los recursos.
Esa es una parte importante, que coincide con lo dicho por el ingeniero Esaú: en México destinan millones de pesos en cosas superfluas y apenas unos cuantos a la ciencia
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Como ciudadanos (lo ideal sería que incluso desde los medios de comunicación) debemos dejar tratar a los científicos como ratones de biblioteca que “descubren” cosas de vez en cuando. Como seres curiosos que tienen el “detallazo” de vez en cuando aprovechar el poco presupuesto con el que cuentan; sino como profesionales que aportan con su trabajo al desarrollo del país en su conjunto, que incluso modifican nuestra cotidianidad.
Imagine lo que tuvieron que pasar los involucrados en el proyecto Satex; si este llevaba 10 años sin avanzar fue por la falta de presupuesto, no por pericia. Se habían invertido solo 5 millones y requería esa cantidad para poner en órbita el trabajo de una década. ¿Quiénes hemos puesto tanto empeño en un proyecto de una década? A decir del científico, faltaban ocho meses para lograrlo, en abril de 2004.
Al final, el proyecto Satex fue abandonado por falta de financiamiento; nunca pudo ponerse en órbita. Es considerado hoy un ejemplo de la falta de visión de los gobiernos hacia la ciencia. En 2012 se anunció la creación del satélite Satex 2, que se esperaba lanzar en 2014, de contar con el presupuesto adecuado, lo cual tampoco ocurrió. Ha habido otros exitosos, como el Mexsat 2 (Morelos III) y el Mexsat 3 (Bicentenario), pero en general estos científicos han visto caer sus intentos por falta de apoyo.
Hoy todo eso es aún difuso. Veremos.
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