

Jesús Díaz
La retirada de Biden, el ascenso de Harris y el posible regreso de Trump subrayan cómo el entretenimiento moldea el panorama político global
El 8 de noviembre de 2016, el mundo quedó en shock cuando Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de Estados Unidos.
Las encuestas y la mayoría de los medios habían apostado por una victoria clara para Hillary Clinton, pero esa noche, las expectativas de muchos se desplomaron. Trump, con su campaña llena de declaraciones incendiarias y promesas polémicas, se alzó con la presidencia, lo que exaltó las emociones.
Nadie podía quitarse de la cabeza la imagen del empresario que con ligereza consideraba a los inmigrantes como «criminales» y «violadores». Ni su promesa de construir un extenso muro a lo largo de la frontera con México, dividiendo su país.
No eran pocos los que experimentaban incertidumbre y ansiedad. Eso incluía a Lin-Manuel Miranda, el aclamado creador del musical «Hamilton», una de las grandes voces que, se pensaba entonces, fungirían como una valerosa balanza en contra de las ocurrencias de Trump.
Nadie como Lin-Manuel para lograrlo. Su obra no solo era ya un fenómeno teatral de Broadway, sino también un manifiesto cultural al dar voz a la imagen ficcionada del histórico Alexander Hamilton, un inmigrante caribeño que llegó a ser una figura clave en la historia de Estados Unidos, quien le sirvió a Miranda para resaltar desde el arte el aporte de los migrantes.
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Lo entrevisté a horas de haber ganado Trump. Teníamos programada una charla para hablar de «Moana» de Disney, cinta que musicalizó y que estrenaba por entonces. Pero desde mi llegada a un hotel en la Ciudad de México se me advirtió: Sólo debes preguntarle de la película.
Eso era imposible. A la postre, supimos que el juego de Trump estaba lleno de palabrería y que no todo fue el apocalipsis, pero en aquel momento Lin-Manuel, con los ojos puestos en su obra de teatro, era la voz más autorizada para hablar de eso.

Todos sabíamos que yo preguntaría; aun así, la gente de comunicación fingió un infarto con una pregunta tan básica: “¿Cómo te sientes?”
“Hay mucha gente, la mitad de este país, que no votó por Trump, y juntos seguiremos luchando por la gente que no se siente representada por él. Y regresar al país del nuevo”, dijo con una sonrisa fingida que no ocultó su total desánimo.
Durante la campaña, Miranda había mostrado su apoyo abierto al partido Demócrata, en el cual su padre fue consejero hace algunos años y al que ayudó en sus inicios creando jingles (canciones).
El neoyorquino habló siempre, pero ese día, me dijo, prefería centrarse en su trabajo: “No puedo ser muy político, porque mi trabajo es otro. Yo escribo obras y seguiré haciendo eso”.
Lo diré con honestidad: eso fue algo decepcionante. El productor musical me dijo que, desde esa trinchera, la del arte, es como el mundo podrá encontrar un balance ante su inminente apocalipsis.
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“Seguiremos. Yo no voté por el que ganó pero ahora nuestro trabajo es más importante, llenar el mundo de arte, ideas y reflejo de nuestra gente. Tenemos que rectificar y luchar por las voces que no son escuchadas. Es lo que tenemos que hacer ahora, más que nunca”, aseguró.
La gente de Disney ya estaba escandalizada; Lin-Manuel, hasta entonces un personaje que consideraba valeroso y sin intereses, los miraba con preocupación para que cambiáramos de tema. Ellos lo hicieron: pausaron la grabación del video y me dijeron que se retomaría si rectificábamos la marcha.
Casi una semana después de nuestra charla, el 18 de noviembre de 2016, el entonces vicepresidente electo, Mike Pence, asistió a una presentación del «Hamilton» en el Richard Rodgers Theatre de Nueva York.
Su llegada al teatro fue recibida con un sentido opuesto al tono timorato del Miranda que encontré frente a gente de Disney en la Ciudad de México.
Con abucheos por parte del público, reflejando la polarización y tensión política del momento, la gente miró a Pence en momentos estelares del musical, como cuando se interpreta la línea, compuesta por Miranda, «Immigrants, we get the job done» (inmigrantes, nosotros hacemos el trabajo), que fue recibida con ovación.
Al final de la presentación, Victor Dixon, uno de los actores que interpreta a Aaron Burr (personaje histórico que tuvo su propio duelo con Hamilton), habló con dureza contra Pence, de frente, en nombre del elenco.

«Nosotros, señor, somos la América diversa que está alarmada y ansiosa de que su nueva administración no nos protegerá, ni a nuestro planeta, ni a nuestros hijos, ni a nuestros padres, ni defenderá nuestros derechos inalienables», lamentó.
HOLLYWOOD SIEMPRE JUEGA SU PAPEL
Fue agridulce escuchar ese discurso necesario y frontal a días de la elección. Aunque también lo entendí: los artistas en Hollywood, donde se mueve mucho dinero e intereses, entienden que su postura permea en la industria y la política.
El día en que Miranda me dijo que no era un político frente a la gente de Disney, lo hizo en el entendido de que la empresa del ratón era la que quería mostrarse apolítica, si bien suele tirar la balanza hacia la corriente progresista, y por añadidura Demócrata, de su país.
Pero fue innegable, y hasta decepcionante, ver a dos Lin-Manuel: el defensor de la lucha de los migrantes en Estados Unidos, el que no teme impulsar a su equipo para hablar de frente contra el vicepresidente, y el que, bajo las instrucciones de Disney, decidió dejar la lucha de los migrantes fuera de la conversación, con respuestas parcas y medidas, algo que al final le redituó: sigue siendo uno de los grandes productores de esa empresa.
A QUÉ JUEGAN LOS FAMOSOS
El reciente anuncio de Joe Biden de retirarse de la carrera presidencial de 2024 es un claro ejemplo de la manera en la que las celebridades se alinean a los intereses de esta industria y la política. Las encuestas daban una aplastante derrota al presidente de Estados Unidos frente a Trump en la próxima elección; a esto se suma la desastrosa participación en el debate organizado por CNN.

En los días previos, parecía lógico que varias figuras prominentes ya habían pedido su renuncia. George Clooney, en un artículo de opinión en The New York Times, instó a Biden a dar un paso al costado para permitir que una nueva generación de líderes tomara el relevo. «Es esencial que Biden se retire porque no hay nada más importante para nuestro país que derrotar a Donald Trump en las urnas», escribió.
La retirada de Biden provocó, de inmediato, una avalancha de apoyo de muchas celebridades de alto perfil a Kamala Harris. Ariana Grande y Cardi B fueron algunas de las primeras en expresarse. Grande compartió la declaración de Biden en su Instagram, alentando a sus seguidores a registrarse para votar. Lo hizo también Jamie Lee Curtis, recién ganadora del Oscar, que describió a Kamala como una «defensora feroz de los derechos de las mujeres y las personas de color».
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El más notable fue Mark Hamill, el icónico Luke Skywalker de «Star Wars», quien elogió a Biden por sus logros y llamó a los estadounidenses a honrar y continuar su legado votando por Harris. “(Biden) ha logrado más que cualquier presidente en nuestra vida. Restauró la honestidad, dignidad e integridad a la oficina después de 4 años de mentiras, crímenes, escándalos y caos. Gracias por tu servicio, Sr. Presidente. Ahora es nuestro deber como estadounidenses patrióticos elegir al demócrata que honrará y ampliará tu legado».

Más allá del partido o la afiliación política de celebridades o seguidores, es claro que en Hollywood todos juegan su papel. El nuestro, me parece, debería ser tomar con distancia las palabras de las celebridades, con todo y el compendio detrás de intereses y filosofías.
Hay algo que en retórica se llama falacia ad verecundiam o apelación a la autoridad, que es cuando uno acepta una afirmación solo porque lo dice una persona famosa o con autoridad, sin evaluar la evidencia de sus dichos.
Valoremos lo que dicen, cuando lo dicen y cómo lo dicen. En Hollywood definitivamente hay consensos, pero no de expertos.
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