

Las tienditas resisten la presión económica absorbiendo costos, operan sin empleados, venden fiado y sobreviven por arraigo
Una encuesta reciente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) revela las crecientes dificultades que enfrentan las “tienditas de barrio” o “tienditas de la esquina” en México, un sector informal que cumple un papel fundamental en el sustento de millones de familias.
Estos pequeños comercios, presentes en casi todas las colonias del país representan para muchas familias una alternativa económica ante la pérdida de empleo o ingresos insuficientes, funcionando como una fuente de subsistencia más que como un negocio formal.
Pese a su relevancia social, la gran mayoría de estas tiendas operan a pequeña escala, sin expansión significativa ni generación de empleo adicional fuera del núcleo familiar. Esto limita su impacto en el dinamismo económico y la formalización del empleo, ya que su contribución, aunque vital para quienes las gestionan, no se traduce en un mayor crecimiento económico agregado.
En el contexto actual, las tienditas de la esquina enfrentan una presión creciente derivada de la expansión sostenida de cadenas como Oxxo, que ya supera las 21 mil sucursales en todo el país, así como de la consolidación de supermercados y tiendas de conveniencia de gran escala. Este fenómeno ha transformado profundamente el entorno competitivo del pequeño comercio.
A estos desafíos estructurales se suma un entorno económico adverso. Aunque la inflación ha mostrado señales de moderación en el último año, los efectos acumulados de precios elevados y menor crecimiento económico siguen afectando el poder adquisitivo de los hogares mexicanos. Ante dichas restricciones presupuestarias, muchos consumidores han reducido su gasto diario, lo que ha impactado directamente en el volumen de ventas de las tienditas.
No obstante, para mantener a sus clientes, muchos de estos pequeños comercios optan por absorber los aumentos de costos en lugar de trasladarlos al precio final, operando con márgenes cada vez más estrechos o incluso nulos. Esta estrategia, aunque necesaria para sobrevivir en el corto plazo, pone en riesgo su viabilidad financiera.
Esta es la realidad que enfrentan miles de tienditas en todo el país: negocios familiares que, pese a su arraigo comunitario, luchan por mantenerse a flote en un entorno económico cambiante y cada vez más competitivo.
Si deseas conocer una radiografía más profunda de este fenómeno, continúa leyendo para descubrir lo que ocurre detrás del mostrador.
PERFIL DETRÁS DEL MOSTRADOR
La encuesta de la ANPEC realizada a una muestra de 3,000 propietarios de tienditas, ofrece un panorama detallado sobre quiénes están detrás de estos negocios. El 53% de los entrevistados fueron mujeres y el 47% hombres. Una mayoría significativa, el 56%, se encontró en el rango de edad de 40 a 59 años, y un 84% reportaron ser jefas o jefes de familia, lo que refleja el peso económico y social que representan estos micro negocios en sus hogares.
En términos de escolaridad, el 77% de los comerciantes contó con al menos la secundaria terminada, lo que indica un nivel educativo básico, pero funcional para operar estos negocios.
Este perfil revela una realidad clave: “el pequeño comercio no lo sostiene una empresa: lo sostienen adultos con responsabilidades familiares, experiencia y arraigo. Son el tejido humano de la economía de barrio” (ANPEC, 2025).
Dado el bajo nivel de profesionalización y la edad de muchos de estos comerciantes, las oportunidades para integrarse al mercado laboral formal son limitadas. Por ello, la estabilidad financiera de estas familias depende directamente del funcionamiento y supervivencia de sus tienditas.
En muchos casos, estos negocios representan su única fuente de ingreso, convirtiéndose en un componente crítico del sustento diario.
EMPRENDIMIENTO Y REFUGIO
Ocho de cada diez tienditas de barrio se especializan en la venta de productos básicos de consumo diario, principalmente abarrotes, lo que refleja las limitadas posibilidades de ampliar en su oferta de productos. Son pocos los casos en que los negocios logran diversificar y adoptar un modelo más parecido a un mini supermercado.
Esta concentración en bienes de consumo básico responde, en gran parte, al nivel de desarrollo y madurez de estos negocios: el 62% tiene menos de 10 años de antigüedad, lo que indica que muchas de estas tiendas aún no logran consolidarse financieramente para poder expandir sus operaciones de manera significativa.
Un factor estructural que restringe su crecimiento es su ubicación: el 55% opera desde la vivienda de los propietarios. Esto limita su radio de acción a las necesidades del entorno inmediato, dificultando la posibilidad de atraer nuevos clientes, escalar el negocio o profesionalizar su operación.
El origen de estos negocios revela su carácter dual: son una forma de emprendimiento y un refugio económico ante la precariedad laboral. De acuerdo con los datos de ANPEC:
- El 48.5% de los encuestados inició su tienda como una iniciativa de emprendimiento.
- El 32.3% la abrió por necesidad, derivada de situaciones de desempleo o despido dentro del hogar.
Como resume el informe: “Estos pequeños negocios son respuestas familiares al desempleo, iniciativas de autoempleo y redes de subsistencia que hacen frente a la precariedad con creatividad y trabajo cotidiano” (ANPEC, 2025).
Esto también explica por qué el 47% opera sin empleados externos: son atendidas directamente por miembros de la familia, dado que no cuentan con la solvencia necesaria para contratar personal adicional.
Asimismo refuerza su naturaleza como microemprendimientos de subsistencia, más orientados a resistir la inestabilidad económica que a generar crecimiento o empleo formal a gran escala.
CADA PESO CUENTA
Según los datos recabados, los comerciantes perciben que el mostrador de las tienditas refleja hoy en día una “dieta de emergencia”.
De acuerdo con su percepción, sólo 1 de cada 10 clientes cuenta con el poder adquisitivo necesario para comprar la canasta básica, lo que pone en evidencia el debilitamiento del ingreso real de los hogares.
El 48.8% de los tenderos reporta que sus clientes gastan menos de 100 pesos diarios en sus tiendas, una cifra que se ha visto afectada por el aumento generalizado de precios, especialmente en productos esenciales.
El huevo, por ejemplo, ha sido uno de los bienes más impactados: el 54.5% de los comerciantes señala un incremento significativo en su costo, reduciendo aún más su accesibilidad.
Infografía 1. Resultados de la encuesta de ANPEC.

Fuente: Elaboración propia con información de la ANPEC, 2025.
La inflación alimentaria ha transformado también los hábitos de consumo. Según la encuesta:
- El 45% de los consumidores ha dejado de comprar comida enlatada.
- El 29.1% ha reducido o eliminado el consumo de pan de caja.
Este cambio en el comportamiento del consumidor ha llevado al 68.4% de los comerciantes a reconocer que sus clientes compran por precio, no por calidad.
La preferencia se inclina hacia productos “3B” (buenos, bonitos y baratos), aunque ello implique una reducción en el contenido nutricional y la calidad de los alimentos, ya que muchos productos genéricos sacrifican componentes para mantener precios bajos.
Es decir, “comprar dejó de ser una elección, ahora es una renuncia. El poder adquisitivo se ha roto y la inflación alimentaria marca cada decisión de supervivencia” (ANPEC, 2025).

ESTRATEGIAS PARA NO CERRAR: RESISTIR PERDIENDO
Frente al impacto prolongado de la inflación, muchos pequeños comerciantes han optado por estrategias de contención que les permiten mantenerse abiertos, aunque estas impliquen reducir o incluso eliminar sus ganancias.
De acuerdo con el levantamiento, el 72.8% de los dueños de tienditas reporta una disminución en su margen de ganancia, mientras que el 53.7% ha tenido que cambiar de proveedor, modificar marcas o reducir su inventario con el objetivo de contener costos y sostener el negocio.
Además, un 44.4% de los comerciantes señala que ha aumentado la cantidad de personas que solicitan comprar fiado, reflejo del deterioro del poder adquisitivo entre sus clientes.
Este comportamiento no pasa desapercibido: el 81.6% de los tenderos considera que la inflación de este año ha sido más severa que en periodos anteriores, debilitando seriamente la capacidad de resistencia de sus negocios.
En este escenario, el pequeño comercio no solo opera como proveedor, sino también como amortiguador social. En palabras de ANPEC (2025):
“El comerciante no solo vende. También amortigua el golpe. Absorbe la inflación para no perder a su clientela. Esta ‘solidaridad forzada’ muestra el rostro humano del pequeño comercio: uno que resiste, aunque no gane.”
A LA DERIVA: SIN RESPALDO INSTITUCIONAL
Una proporción significativa de los pequeños comerciantes se siente desprotegida y bajo presión, operando sus negocios sin respaldo institucional real ni acceso a recursos formales.
El 77.5% considera que su negocio está en riesgo de cerrar, mientras que un 49.0% ha recibido reclamos por el aumento en los precios.
Pese a este escenario de vulnerabilidad, sólo el 9.0% ha recibido capacitación o asesoría por parte de alguna institución. Y aunque el 76.2% de los encuestados conoce el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC) —el acuerdo entre el gobierno y el sector empresarial para contener los precios de la canasta básica—, la percepción general es que este programa no ha tenido efectos tangibles para el pequeño comercio.
Otro obstáculo clave que enfrentan las tienditas de barrio es la falta de digitalización, una condición que las aleja cada vez más de las preferencias de los consumidores, quienes optan por negocios que ofrecen múltiples formas de pago y presencia en canales digitales.
- Solo el 13.8% de los comerciantes encuestados cuenta con terminal bancaria.
- Apenas un 10% realiza ventas a través de plataformas digitales.
- El resto continúa operando exclusivamente con efectivo, una forma de pago en declive, lo que representa un desafío adicional para su sostenibilidad.
La ausencia de digitalización no responde a una negativa por parte de los tenderos, sino a la falta de acceso a capacitación, herramientas y acompañamiento adecuado.
Solo el 6.7% ha recibido formación en competencias digitales, a pesar de que el 71.6% expresa estar dispuesto a innovar, aunque no sabe cómo hacerlo.
Por tanto, el pequeño comercio navega solo, sin una política pública de apoyo que le facilite el acceso a herramientas financieras modernas y a formación tecnológica, que le permita impulsar su modernización y competitividad.
ORGULLO ARRAIGADO
La falta de acompañamiento institucional a las “tienditas de barrio”, que constituyen una parte vital del tejido económico y social de México, ha tenido consecuencias directas: el 68.3% de ellas han tenido que cerrar temporalmente ante la falta de rentabilidad.
Un 37.3% ha dejado de pagar servicios básicos, mientras que el 75.4% reporta pérdida de clientela debido al alza en los precios. Además, un 62.9% ha vendido productos por debajo del costo con tal de evitar el cierre definitivo.
Pese a este escenario adverso, el 77.7% de los comerciantes afirma sentirse orgulloso de su tienda y de lo que ha construido con ella. Más allá de los márgenes de ganancia, los datos revelan una realidad de fondo: estas tienditas persisten no por incentivo económico, sino por convicción y compromiso con su comunidad.


