

Altas tarifas industriales, subsidios residenciales y rezago energético limitan competitividad eléctrica y transición sustentable en México
De acuerdo con la plataforma internacional Global Petrol Prices, la cual monitorea los precios minoristas de combustibles, electricidad y gas natural en más de 150 países, México enfrenta importantes retos en materia de tarifas eléctricas tanto en el ámbito residencial como en el industrial.
Estos precios no sólo afectan directamente a los hogares y empresas mexicanas, sino que también inciden en la competitividad del país frente a otras economías, especialmente en el contexto actual de relocalización de cadenas de valor (nearshoring) y transición energética.
TARIFAS ELÉCTRICAS RESIDENCIALES: UN RESPIRO PARA LOS HOGARES
En el ámbito residencial, el precio promedio que pagan los hogares mexicanos por la electricidad es de 0.106 dólares por kilowatt/hora (kWh), lo que posiciona al país en el lugar número 90 de un total de 147 naciones evaluadas.
Este costo se encuentra por debajo del promedio mundial, que es de aproximadamente 0.155 dólares por kWh, lo que sugiere que, en términos generales, los consumidores mexicanos pagan menos que la mayoría de los hogares del mundo.
Este nivel tarifario sitúa a México por debajo de países latinoamericanos como Chile (0.26 USD/kWh, puesto 31) y Brasil (0.187 USD/kWh, puesto 45), donde las tarifas residenciales son significativamente más altas.
Asimismo, México también ofrece precios menores a los de varias economías avanzadas, como Alemania (0.402 USD/kWh, puesto 6), Italia (0.369 USD/kWh, puesto 8) o Reino Unido (0.353 USD/kWh, puesto 10). Incluso si se compara con países con un nivel de desarrollo económico similar, como Colombia (0.174 USD/kWh) o Perú (0.163 USD/kWh), México muestra una ventaja competitiva en este sector.
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Una de las razones principales por las cuales el país mantiene tarifas residenciales relativamente bajas es la presencia de subsidios gubernamentales, especialmente para los usuarios de bajo consumo. Este modelo ha sido históricamente utilizado para aliviar la carga económica en los hogares mexicanos, particularmente en regiones con climas extremos, donde el uso de sistemas de enfriamiento resulta indispensable.
Asimismo, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa estatal encargada de la generación y distribución de energía, ha mantenido esquemas tarifarios escalonados que favorecen a los pequeños consumidores.
Sin embargo, estos precios bajos también tienen implicaciones importantes. El mantenimiento de tarifas artificialmente reducidas representa una carga fiscal para el gobierno, limita la capacidad de inversión del sector eléctrico y desincentiva la eficiencia energética en los hogares. Además, a largo plazo, este esquema podría volverse insostenible si no se acompaña de mejoras en infraestructura y una transición energética efectiva hacia fuentes más limpias y económicas.
Mapa 1. Tarifas de electricidad residencial en USD/kWh. Promedio 2023-2025.

Fuente: Elaboración propia con información de Global Petro Prices.
TARIFAS INDUSTRIALES: UN OBSTÁCULO PARA LA COMPETITIVIDAD
A diferencia del ámbito residencial, las tarifas eléctricas para el sector industrial en México presentan un panorama menos favorable. Según los datos de Global Petrol Prices, las empresas mexicanas pagan en promedio 0.211 dólares por kWh, lo que coloca a México en el puesto 32 del ranking global y lo ubica entre los 10 países de América con las tarifas industriales más altas.
Este costo supera al de países como Brasil (0.146 USD/kWh), Chile (0.151 USD/kWh), Canadá (0.077 USD/kWh), República Dominicana (0.192 USD/kWh) e incluso Estados Unidos (0.084 USD/kWh).
Es decir, México cobra a su sector productivo casi el triple de lo que pagan las empresas en su principal socio comercial, lo cual representa una desventaja competitiva significativa, especialmente en industrias de alto consumo energético como la manufactura, el acero, la automotriz o el sector químico.
Las tarifas eléctricas elevadas que enfrenta el sector industrial en México no son el resultado de circunstancias temporales, sino de un entramado complejo de causas estructurales que han moldeado por años la dinámica del Sistema Eléctrico Nacional.
GAS NATURAL: FUENTE DE VULNERABILIDAD
Una de las principales razones detrás de este fenómeno es la alta dependencia del gas natural importado como fuente primaria para la generación de electricidad. Actualmente, más del 60% de la energía eléctrica que se consume en México se produce mediante centrales de ciclo combinado que utilizan gas natural como combustible primario.
El problema no radica únicamente en la tecnología utilizada, sino en la procedencia del combustible: aproximadamente el 80% del gas natural utilizado en estas centrales proviene de Estados Unidos. Esto deja a México en una situación de vulnerabilidad frente a las fluctuaciones del tipo de cambio, los precios internacionales y, más recientemente, las tensiones geopolíticas. El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha aumentado la incertidumbre, ya que su retórica proteccionista y las presiones políticas podrían dificultar el acceso a este recurso estratégico, elevando aún más los costos de generación eléctrica en México.
TRANSICIÓN ENERGÉTICA EN PAUSA
A esta situación se suma la falta de inversión en energías renovables, un factor que limita la capacidad del país para diversificar su matriz energética y reducir su dependencia de combustibles fósiles importados. México posee condiciones geográficas privilegiadas para el desarrollo de proyectos solares y eólicos, especialmente en estados como Sonora, Chihuahua, Oaxaca, Baja California, Coahuila, entre otros.
Sin embargo, en los últimos años se ha observado un freno en la transición energética. Las inversiones en nuevas plantas solares o parques eólicos se han estancado y los proyectos existentes enfrentan incertidumbre regulatoria, lo que ha mermado la confianza de los inversionistas.
Esto ha contribuido a que el país no cumpliera con sus metas internacionales, como la establecida en el Acuerdo de París (COP21), donde México se comprometió a generar al menos el 35% de su electricidad mediante fuentes limpias para el año 2024. Ahora, con ese plazo ya concluido, la meta no se alcanzó, lo que confirma el rezago en la transición energética y pone en duda el compromiso del país con los objetivos globales de sostenibilidad.
Mapa 2. Tarifas de electricidad industrial en USD/kWh. Promedio 2023-2025.

Fuente: Elaboración propia con información de Global Petro Prices.
EL PESO DE UNA INFRAESTRUCTURA ESTANCADA
Adicionalmente, también existe un deterioro acumulado en la infraestructura eléctrica del país, tanto en la generación como en la transmisión y distribución. Muchas de las plantas que siguen en operación no han sido modernizadas y operan con tecnologías menos eficientes y más costosas.
Por su parte, las redes de transmisión y distribución presentan cuellos de botella que restringen la capacidad de transportar energía de manera eficiente entre regiones, lo cual genera pérdidas técnicas, sobrecargas y, en consecuencia, mayores costos operativos para el sistema. Esta falta de infraestructura adecuada también limita la incorporación de proyectos renovables, ya que muchas zonas con alto potencial solar o eólico no están conectadas de forma efectiva a la red nacional, dificultando así su integración al mercado eléctrico.
ESQUEMA TARIFARIO DISTORSIONADO
Otro factor estructural que incide en el nivel de las tarifas es la estructura tarifaria heredada, que no refleja con precisión los costos reales de generación y distribución. En México, el diseño de tarifas ha estado históricamente influido por criterios políticos y sociales, más que por fundamentos económicos. Esto ha dado lugar a subsidios cruzados, donde los usuarios residenciales —particularmente los de bajo consumo— reciben precios subsidiados, mientras que el sector industrial asume tarifas más elevadas para compensar el desbalance.
Si bien esta política busca proteger a los hogares de menores ingresos, su diseño actual afecta la equidad del sistema y distorsiona los incentivos de eficiencia, desalentando la inversión y el uso racional de la energía en todos los sectores.
NEARSHORING EN JAQUE
Estas condiciones no sólo encarecen la producción nacional, sino que también pueden afectar la atracción de inversión extranjera, especialmente en el contexto del nearshoring. Aunque este fenómeno se ha desacelerado recientemente debido a la turbulencia económica global, México sigue siendo considerado uno de los países con mayor potencial para recibir nuevas plantas que buscan relocalizarse.
Sin embargo, si los costos energéticos continúan siendo un obstáculo, otras economías podrían volverse más competitivas y atractivas para los inversionistas. Además, el encarecimiento de la energía afecta la adopción de nuevas tecnologías industriales, como la automatización, la digitalización o la manufactura verde, todas ellas dependientes de un suministro eléctrico confiable, competitivo y sustentable.
CAMINOS PARA REDUCIR LOS COSTOS ELÉCTRICOS
La dualidad de las tarifas eléctricas en México revela una política energética que ha priorizado la asequibilidad para los hogares, pero ha descuidado la competitividad del sector industrial. Si bien los precios residenciales permiten cierto alivio para las familias mexicanas, su sostenibilidad a largo plazo está en entredicho.
Por otro lado, las tarifas industriales elevadas se han convertido en un freno para el crecimiento, la inversión y el posicionamiento de México como un polo manufacturero clave en América.
Frente a este panorama, es urgente impulsar una reforma estructural del sector eléctrico que contemple al menos las siguientes medidas:
- Diversificación de la matriz energética: promover con fuerza las energías limpias no sólo por razones ambientales, sino como una vía concreta para reducir costos. Las fuentes solar y eólica han demostrado ser más baratas de generar que las térmicas convencionales, y permitirían un abasto más competitivo y menos vulnerable a la volatilidad externa.
- Modernización de plantas y redes: renovar las centrales obsoletas, fortalecer las redes de transmisión y distribución e incorporar tecnologías digitales para mejorar la eficiencia y reducir pérdidas.
- Impulso al almacenamiento energético: facilitar la integración de baterías y tecnologías de respaldo que permitan aprovechar mejor la generación renovable, evitando desperdicios y mejorando la confiabilidad del sistema.
- Revisión de la política tarifaria: establecer una estructura de precios que refleje los costos reales, elimine distorsiones y promueva el uso eficiente de la energía, sin descuidar la protección de los grupos vulnerables.
La electricidad es un insumo esencial para el desarrollo económico. Asegurar su disponibilidad a precios competitivos y sustentables no es sólo una cuestión energética, sino una política estratégica de largo plazo que definirá el rumbo de México en la economía global.

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