

Un retrato estadístico de las más de 818 mil defunciones registradas en el país, entre enfermedades crónicas, violencia y desigualdad sanitaria
Cada año, cuando México honra a sus fallecidos entre flores de cempasúchil, velas y altares, también es momento de reflexionar sobre la dimensión real de la muerte en el país. Más allá de la tradición y el simbolismo, las cifras que dejan los registros nos muestran el rostro estadístico de un fenómeno profundamente humano.
El Día de Muertos no solo celebra la memoria de quienes se fueron, sino que también invita a comprender las causas, edades y condiciones en que la vida se extingue. En ese contexto, los datos preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) 2024, publicados por el INEGI, ofrecen una radiografía precisa de la mortalidad en México y permiten dimensionar los retos que enfrenta la salud pública.
UN AÑO CON MÁS AUSENCIAS
Durante 2024 se reportaron 818,437 defunciones en México, lo que representa 18,568 más que en 2023, un incremento equivalente al 2.3%. La tasa bruta de mortalidad se situó en 629 decesos por cada 100 mil habitantes, diez unidades por encima del año previo.
Aunque el aumento parece moderado, marca un repunte tras el periodo de estabilización posterior a la pandemia de COVID-19, cuando los niveles de mortalidad habían comenzado a descender. En perspectiva histórica, el número de fallecimientos mantiene una tendencia ascendente, impulsada por el envejecimiento de la población y el avance de las enfermedades crónicas no transmisibles, que hoy dominan el perfil epidemiológico del país.
Gráfica 1. Evolución de las defunciones registradas. Número de fallecimientos y tasa bruta por cada 100 mil habitantes. 2015-2024.

Fuente: Estadísticas de Defunciones Registradas, INEGI.
HOMBRES, LAS PRINCIPALES VÍCTIMAS DE LA MORTALIDAD
El análisis por sexo confirma que la mortalidad en México continúa afectando de manera diferenciada a hombres y mujeres. En 2024, 55.9% de las defunciones correspondieron a hombres, mientras que 44.0% fueron de mujeres. En el 0.1% de los casos no se especificó el sexo.
Esta brecha, constante a lo largo del tiempo, se explica principalmente por factores relacionados con comportamientos de riesgo, accidentes y hechos de violencia, ámbitos donde los hombres concentran la mayoría de los fallecimientos. En contraste, entre las mujeres prevalecen las muertes por enfermedades crónicas y degenerativas, así como por padecimientos vinculados al envejecimiento y al deterioro progresivo de la salud.
EL PESO DE LOS AÑOS: LA VEJEZ DOMINA LAS ESTADÍSTICAS
El análisis por edad revela que el grupo de 65 años y más concentró el 57.9% de los decesos, con una tasa específica de 4,450 por cada 100 mil habitantes (4,168 en mujeres y 4,780 en hombres). En otras palabras, casi seis de cada diez fallecimientos en México se registraron entre adultos mayores.
En contraste, los menores de 15 años representaron una proporción considerablemente menor, aunque en este grupo sobresalieron las causas perinatales y las malformaciones congénitas. Este patrón confirma que el país se encuentra en una fase avanzada de transición demográfica, en la que la longevidad y las enfermedades crónicas han reemplazado a las infecciosas como los principales determinantes de la mortalidad.
LA ÚLTIMA MORADA
El sitio donde ocurre la muerte ofrece también información valiosa sobre el acceso a la atención y la capacidad de respuesta del sistema de salud. Según el INEGI, 46.2% de los decesos se produjeron en el hogar, mientras que 41.9% tuvieron lugar en hospitales o unidades médicas, tanto públicas como privadas. El resto aconteció en la vía pública, otros espacios o sin especificación.
Esta distribución exhibe que casi la mitad de los fallecimientos suceden fuera de un entorno hospitalario, lo que sugiere una combinación de factores: falta de acceso oportuno a los servicios de salud, decisiones familiares de acompañar al enfermo en casa o muertes súbitas por padecimientos no atendidos.
De las personas fallecidas, 80.1% recibió atención médica durante la enfermedad o lesión que provocó su muerte, mientras que 13.6% no tuvo acceso a ella, reflejando las brechas persistentes en el sistema sanitario nacional.
Gráfica 2. Sitio de ocurrencia de las defunciones, 2024 (porcentaje).

Fuente: Estadísticas de Defunciones Registradas, INEGI.
LA GEOGRAFÍA DE LA MUERTE: CONTRASTES ENTRE ESTADOS
La geografía de la muerte en México es, en el fondo, un reflejo de las asimetrías históricas que atraviesan al país: mientras algunos estados enfrentan los desafíos del envejecimiento, otros siguen librando batallas contra la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos de salud.
La Ciudad de México presentó la tasa bruta de mortalidad más alta del país, con 863 defunciones por cada 100 mil habitantes, seguida de Colima (813), Morelos (812), Veracruz (747) y Chihuahua (716).
En el extremo opuesto, las tasas más bajas se reportaron en Quintana Roo (488), Baja California Sur (492), Guerrero (498), Tlaxcala (502) y Estado de México (516). Estas disparidades no sólo manifiestan el estado de salud de la población, sino también las condiciones estructurales y los patrones de concentración urbana.
La Ciudad de México, por ejemplo, combina una población más envejecida con una alta densidad hospitalaria, lo que atrae a pacientes provenientes de otras entidades. Por su parte, estados con tasas bajas como Quintana Roo o Baja California Sur presentan poblaciones más jóvenes, dinámicas migratorias intensas y menor prevalencia de enfermedades crónicas, factores que tienden a reducir los indicadores de mortalidad.
En términos absolutos, el mayor número de fallecimientos se computó en el Estado de México (91,340), la Ciudad de México (80,569) y Veracruz (60,512), territorios que concentran una parte importante de la población del país.
ENFERMEDADES DEL CORAZÓN, DIABETES Y TUMORES: PRINCIPALES CAUSAS DE MUERTE
Las principales causas de defunción mantienen un perfil dominado por las enfermedades crónicas. En primer lugar, se ubican las enfermedades del corazón, responsables de 192,563 muertes (23.5% del total). Estas incluyen padecimientos isquémicos, hipertensivos y otras alteraciones cardiovasculares que afectan con mayor frecuencia a adultos mayores.
Le siguió la diabetes mellitus, con 112,641 fallecimientos, un incremento de más de 2,500 casos respecto a 2023. México continúa entre los países con más alta mortalidad por esta enfermedad, producto de hábitos alimenticios inadecuados, sedentarismo y dificultades en la detección temprana y control de la enfermedad.
En el tercer puesto se situaron los tumores malignos, con 95,237 decesos, una tasa en ascenso en los últimos años. Dentro de este grupo destacan los cánceres de órganos digestivos (33.4%), genitourinarios (24.4%) y de mama y piel (13.7%).
Tabla 1. Principales causas de defunción por sexo, 2024.

Fuente: Estadísticas de Defunciones Registradas, INEGI.
ENTRE EXCESOS Y VIOLENCIA: LOS OTROS CAMINOS HACIA LA MUERTE
Las enfermedades del hígado fueron la cuarta causa, con 40,704 defunciones, de las cuales el 32.7% se vinculó al consumo de alcohol. Esto pone de manifiesto el impacto de los estilos de vida en la mortalidad masculina, ya que el 72% de los óbitos por padecimientos hepáticos correspondió a hombres.
Los accidentes, por su parte, cobraron 39,729 vidas, consolidándose como el quinto factor de mortalidad entre jóvenes y adultos en edad productiva. Los accidentes de transporte encabezan esta categoría, impulsados por el consumo de alcohol, el exceso de velocidad y la falta de cultura vial.
Aún más alarmante es el número de muertes por homicidios, que en 2024 ascendieron a 33,241 casos. La persistencia de un entorno de inseguridad sigue arrebatando vidas, en su mayoría de hombres jóvenes. La violencia homicida, lejos de ser un fenómeno aislado, se ha convertido en un componente constante de la mortalidad mexicana, con profundas consecuencias sociales y económicas.
En conjunto, las enfermedades hepáticas, los accidentes y los homicidios configuran un escenario donde la muerte no siempre es resultado del deterioro natural de la salud, sino también de conductas de riesgo y fallas estructurales en materia de seguridad pública y prevención.
HONRAR LA MEMORIA ENTENDIENDO LA MUERTE
El panorama que dibujan estos datos va más allá del conteo de óbitos: revela cómo envejece, enferma y vive la población mexicana. La persistencia de las enfermedades crónicas como principales causas de defunción evidencia el cambio epidemiológico del país y la urgencia de adaptar el sistema de salud a los nuevos desafíos.
México, que durante décadas centró sus esfuerzos en combatir enfermedades infecciosas, enfrenta ahora un escenario donde los padecimientos cardiovasculares, metabólicos y oncológicos marcan la diferencia entre la vida y la muerte.
En el contexto del Día de Muertos, estos resultados adquieren un significado simbólico y social. Cada número representa una historia, una familia, un vacío. Los registros del INEGI son, al mismo tiempo, una invitación a la memoria y a la acción: recordar para entender, entender para prevenir. La muerte, inevitable en su naturaleza, puede sin embargo retrasarse con políticas públicas eficaces, atención médica accesible y una ciudadanía consciente de su salud.
México honra a sus difuntos con música, color y tradición, pero también debe honrarlos con información, prevención y compromiso. Porque detrás de cada altar hay una estadística, y detrás de cada cifra, una vida que merece ser recordada no solo con flores, sino también con decisiones que permitan vivir más y mejor.

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