Ingresos en México: ¿Quiénes ganan más y por qué?

El análisis de ingresos en México evidencia cómo factores sociales y estructurales determinan oportunidades y desigualdades económicas

El ingreso es uno de los indicadores más reveladores para entender las condiciones de vida y las desigualdades en una sociedad. En México, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) permite observar cómo se distribuyen los recursos económicos entre la población y qué factores sociodemográficos influyen en dicha asignación.

Las variables como el sexo, la edad, el nivel educativo, la pertenencia étnica o la presencia de una discapacidad ejercen un papel determinante en la capacidad de generar ingresos. 

El análisis muestra que las mujeres perciben ingresos menores a los de los hombres, incluso cuando alcanzan el mismo nivel educativo. También evidencia que los ingresos aumentan con la edad hasta cierto punto, para luego disminuir. La educación superior eleva significativamente las posibilidades de obtener mejores salarios, aunque no logra eliminar la brecha de género. Asimismo, pertenecer a grupos indígenas, afrodescendientes o vivir con una discapacidad representa una desventaja adicional frente al resto de la población.

En conjunto, estos hallazgos ponen de manifiesto que la desigualdad de ingresos en México no es únicamente una cuestión de productividad individual, sino el resultado de factores estructurales que configuran de manera desigual las trayectorias económicas de millones de personas. 

LA PERSISTENTE BRECHA SALARIAL DE GÉNERO EN MÉXICO

La desigualdad de ingresos entre hombres y mujeres continúa siendo uno de los retos más persistentes en el mercado laboral mexicano. Aunque la brecha salarial se ha reducido en los últimos años, los datos exhiben que las diferencias sistémicas siguen limitando la capacidad de las mujeres para acceder a mejores niveles de remuneración.

Es importante señalar que el ingreso monetario no solo refleja la remuneración proveniente del trabajo, sino también otras fuentes como rentas, transferencias o apoyos. Sin embargo, alrededor del 65% de este ingreso proviene directamente del empleo, lo que lo convierte en un indicador clave de las desigualdades salariales de género.

En 2024, el ingreso monetario trimestral promedio fue de 10,053 pesos. Al desagregar por sexo, la disparidad es evidente: las mujeres reportaron en promedio 7,905 pesos mensuales, frente a los 12,016 pesos que percibieron los hombres. En otras palabras, los hombres ganan 1.52 veces más que las mujeres, lo que subraya la persistencia de una brecha histórica.

Al analizar la evolución, entre 2016 y 2024 los ingresos masculinos aumentaron 17%, mientras que los femeninos crecieron 33.3%, casi el doble. No obstante, este avance en el caso de las mujeres se explica en gran medida por las transferencias gubernamentales, donde han sido las principales beneficiarias a través de programas sociales. 

La desigualdad de género en ingresos no solo obedece a las diferencias salariales, sino también a condiciones estructurales: menor acceso de las mujeres a empleos formales, concentración en sectores con baja remuneración y una carga desproporcionada de trabajo no remunerado que limita su plena participación económica.

Ingreso promedio mensual por sexo, 2024. 

Fuente: Elaboración propia con información de ENIGH, 2024.

EL CICLO DE INGRESOS A LO LARGO DE LA VIDA

La edad es un factor determinante en los niveles de ingreso de la población mexicana. El grupo de 12 a 19 años registra el promedio más bajo, con apenas 2,913 pesos mensuales. Esto se explica porque la mayoría de los jóvenes aún se encuentra en etapa de estudios, accede únicamente a trabajos temporales o, en caso de incorporarse de lleno al mercado laboral, lo hace con un nivel educativo limitado que restringe sus posibilidades de obtener salarios competitivos.

En los siguientes rangos etarios se observa un incremento progresivo. Entre los 20 y 29 años, el ingreso promedio asciende a 9,142 pesos, mientras que en el grupo de 30 a 39 años se eleva a 12,606 pesos. 

La cifra alcanza su punto máximo en la población de 40 a 49 años, con 12,818 pesos mensuales, reflejo de una etapa laboral de consolidación, experiencia acumulada y mayores oportunidades de acceder a puestos de mejor remuneración.

A partir de los 50 años, los ingresos muestran una tendencia descendente: entre los 50 y 59 años el promedio es de 11,917 pesos, mientras que en la población de 60 años o más se reduce a 9,688 pesos. En este último grupo, buena parte de los ingresos proviene de jubilaciones, pensiones y programas sociales, más que del mercado laboral activo.

Gráfica 1. Ingreso promedio por rango de edad y sexo, 2024. 

Fuente: Elaboración propia con información de ENIGH, 2024.  

La brecha de género atraviesa todos los rangos de edad. En el grupo de 12 a 19 años, las mujeres perciben en promedio 1,033 pesos menos que los hombres, y esta diferencia se amplía de manera constante hasta llegar a 5,619 pesos en la población de 60 años o más. 

Esta tendencia revela que, a lo largo de toda su vida laboral, las mujeres reciben menores ingresos que los hombres, lo que repercute en su vejez. Muchas no logran acceder a una jubilación o pensión, debido a trayectorias laborales intermitentes o en empleos temporales sin acceso a seguridad social, lo que perpetúa y profundiza la desigualdad de género incluso en la etapa final de la vida.

LA EDUCACIÓN MULTIPLICA INGRESOS, PERO NO ELIMINA DESIGUALDADES

El nivel educativo mantiene una relación directa con el nivel de ingreso en México. En 2024, las personas con primaria completa reportaron un ingreso mensual promedio de 5,345 pesos, mientras que quienes alcanzaron la secundaria —completa o incompleta— percibieron 7,978 pesos. Y para quienes cursaron preparatoria, el promedio se elevó a 9,746 pesos.

La diferencia se amplía en los niveles superiores: quienes contaron con estudios profesionales registraron una media de 17,236 pesos mensuales, mientras que aquellos con posgrado, completo o incompleto, alcanzaron 31,584 pesos. 

Esto significa que la distancia entre el nivel más bajo —primaria— y el más alto —posgrado— equivale a casi seis veces (5.9), lo que evidencia el peso determinante de la escolaridad en la capacidad adquisitiva de los hogares mexicanos.

En términos relativos, la escolaridad contribuye a reducir la desigualdad de género, aunque no la elimina. En el nivel más bajo, los hombres ganan 1.65 veces más que las mujeres, mientras que, en el nivel más alto, la diferencia se reduce a 1.46 veces. Esto confirma que la educación amplía los ingresos y acorta la brecha de género, pero no logra cerrarla por completo.

IDENTIDAD INDÍGENA Y AFRODESCENDIENTE, UN FACTOR DE REZAGO ECONÓMICO

De acuerdo con la ENIGH, la población que se identifica como indígena o habla alguna lengua indígena registró un ingreso monetario promedio de 7,439 pesos mensuales, cifra que resulta casi 3,500 pesos menor a los 10,876 pesos reportados por la población no indígena.

En el caso de la población afrodescendiente, el ingreso promedio fue de 9,963 pesos al mes. Sin embargo, esta cifra se reduce si, además, la persona se reconoce como indígena (8,355 pesos) o si habla una lengua indígena, en cuyo caso desciende hasta 6,862 pesos mensuales.

Estos datos muestran que las características étnicas influyen de manera significativa en los niveles de ingreso. Factores como la discriminación y, en particular, las barreras lingüísticas limitan las oportunidades de acceder a empleos mejor remunerados, reforzando la desigualdad económica en estos grupos poblacionales.

CUANDO LA LIMITACIÓN FÍSICA SE CONVIERTE EN ECONÓMICA

En 2024, el 9.1% de la población perceptora de ingresos declaró tener algún tipo de discapacidad. Este grupo registró un ingreso monetario promedio mensual de 6,927 pesos, es decir, 3,439 pesos menos en comparación con las personas sin discapacidad.

Dentro de este sector, se observan diferencias según el tipo de limitación. Las personas con dificultad para ver, aun utilizando lentes, registraron un ingreso promedio de 7,153 pesos, una cifra ligeramente superior al promedio general de quienes tienen alguna discapacidad, lo que refleja que esta condición suele ser menos limitante en términos de oportunidades laborales y de ingreso.

En cambio, las personas con dificultades para caminar, subir o bajar escaleras alcanzaron 6,314 pesos, mientras que aquellas con problemas de audición, aun con aparatos auditivos, registraron 6,293 pesos.

La brecha se amplía conforme la discapacidad implica mayores limitaciones para participar en el mercado laboral. En particular, las personas con dificultades para hablar o comunicarse son las más afectadas, ya que sus ingresos promedio descienden hasta 5,220 pesos mensuales, el nivel más bajo entre todos los tipos de discapacidad.

Por tanto, la discapacidad no solo implica barreras físicas o sensoriales, sino también una desventaja en términos de oportunidades económicas, lo que coloca a este grupo en una situación de mayor vulnerabilidad frente al resto de la población.

Gráfica 2. Ingreso promedio por tipo de discapacidad, 2024. 

Fuente: Elaboración propia con información de ENIGH, 2024.

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