

Transferencias ayudan a reducir brechas, pero persiste profunda desigualdad entre hogares ricos y pobres en México
El Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) publicó recientemente los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, una de las herramientas estadísticas más relevantes para evaluar la dinámica económica de los hogares en México.
A partir del análisis de su microdata, se evidencia una evolución notable en una de las problemáticas estructurales más persistentes del país: la desigualdad en los ingresos. En comparación con 2016, la brecha entre los hogares ubicados en el decil más bajo y aquellos en el decil más alto de ingresos muestra una contracción aparente.
No obstante, los datos también permiten matizar esta lectura. La reducción observada no responde a un aumento sustancial en la capacidad productiva o laboral de los hogares con menores ingresos, sino que obedece, en buena medida, al efecto de las transferencias gubernamentales. Es decir, el cierre parcial de la brecha está impulsado principalmente por políticas de asistencia social y no por una mejora estructural en las condiciones económicas de los sectores más desfavorecidos.
Este hallazgo plantea un debate crucial: ¿es sostenible una reducción de la desigualdad basada en transferencias y no en generación autónoma de ingresos? El desafío para el país no solo radica en reducir las brechas, sino en transformar las bases económicas que las perpetúan.
¿CUÁNTO GANA UN HOGAR MEXICANO EN PROMEDIO?
El ingreso corriente promedio de los hogares mexicanos alcanzó los $77,854 pesos trimestrales durante el 2024, lo que equivale a aproximadamente $25,955 pesos mensuales. Esta cifra representa un incremento real del 10.6% en comparación con los $70,391 trimestrales ($23,464 mensuales) reportados en la ENIGH de 2022.
Del ingreso mensual reportado en 2024, la principal fuente fue el trabajo remunerado, que aportó en promedio $17,033 pesos mensuales, es decir, el 65.6% del ingreso total del hogar. En segundo lugar, se ubicaron las transferencias, que representan $4,600 pesos mensuales (17.7%), destacando dentro de este rubro los beneficios provenientes de programas gubernamentales, cuya contribución promedio fue de $2,500 pesos trimestrales.
Otros componentes del ingreso, como la renta de la propiedad —que incluye ingresos por inversiones financieras o arrendamientos— aportaron $1,278 pesos mensuales (4.9%). Finalmente, otras fuentes de ingreso representaron apenas el 0.1% del total.
Este desglose revela no sólo la importancia del empleo como fuente de ingreso para los hogares mexicanos, sino también el peso creciente de las transferencias públicas y privadas en la sostenibilidad del ingreso de los sectores de menores recursos.
¿DE DÓNDE VIENE EL INGRESO? CAMBIOS CLAVE EN SU COMPOSICIÓN
El análisis de la composición del ingreso corriente en los hogares mexicanos muestra una transformación relevante en los últimos años. Entre 2016 y 2018, la participación del ingreso por trabajo mostró una tendencia al alza, al pasar del 64.2% al 67.3%, un incremento de 3.1 puntos porcentuales, reflejando en ese periodo una mayor dependencia del empleo como motor del ingreso familiar.
No obstante, esta tendencia se revirtió a partir de 2020. Durante el periodo 2020–2024, la proporción del ingreso proveniente del trabajo ha mostrado una contracción progresiva hasta llegar al 65.6% en 2024, lo que exhibe una pérdida relativa de peso del empleo en la estructura del ingreso.
En contraste, las transferencias han ganado terreno de forma constante. En 2016 representan el 15.5% del ingreso corriente; en 2018 descendieron ligeramente al 15.3%, pero desde entonces han incrementado su relevancia. Durante el mandato del expresidente López Obrador, este componente se consolidó como un soporte clave del ingreso: en 2020 aumentó a 17.6%, en 2022 se mantuvo en 17.2%, y en 2024 alcanzó un nuevo pico de 17.7%.
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Desde una perspectiva de crecimiento, entre 2022 y 2024, las transferencias fueron el componente con mayor dinamismo, con un crecimiento del 14.3%, superando incluso al ingreso por trabajo, que creció un 10.5% en el mismo periodo. Dentro del rubro de transferencias, los beneficios provenientes de programas gubernamentales destacaron por su expansión acelerada, con un crecimiento del 27.3%, consolidando su papel como un mecanismo central de redistribución del ingreso.
Estos datos reflejan un cambio estructural en la fuente de ingresos de los hogares, con un creciente peso del sector público en la sostenibilidad económica de las familias, especialmente en los deciles de menores ingresos. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la resiliencia del mercado laboral y la sostenibilidad fiscal de una política basada en transferencias para contener la desigualdad.
Gráfica 1. Evolución de la composición del ingreso corriente promedio trimestral por tipo de fuente. 2016-2024.

Fuente: ENIGH (2024).
CAMPO VS CIUDAD: LA BRECHA QUE NO CIERRA
La ENIGH 2024 expone diferencias estructurales persistentes en el ingreso de los hogares según su ámbito geográfico. En el periodo 2022–2024, los hogares ubicados en zonas urbanas registraron un crecimiento del ingreso promedio de 10.8%, alcanzando un nivel de $85,550 pesos trimestrales, equivalentes a $28,517 mensuales.
En contraste, los hogares rurales reportaron un ingreso promedio de $48,004 trimestrales ($16,001 mensuales), lo que representa una variación positiva de apenas 0.8% respecto a 2022. Esta diferencia implica que el ingreso promedio de un hogar urbano es aproximadamente 1.8 veces superior al de un hogar rural, lo que expone una brecha significativa que se mantiene prácticamente a lo largo del tiempo.
En términos relativos, la diferencia entre ambos ámbitos representa una desventaja del 44% para los hogares rurales en comparación con sus contrapartes urbanas. Esta disparidad refleja no solo diferencias en el acceso a oportunidades económicas y laborales, sino también en el alcance y eficacia de las políticas públicas dirigidas a las zonas más rezagadas.
HOGARES MÁS RICOS SUPERAN EN 14 VECES A LOS MÁS POBRES
La clasificación de los hogares por deciles de ingreso pone de manifiesto que la desigualdad económica en México sigue siendo un problema estructural. Según la ENIGH 2024, los hogares del décimo decil (el 10% con mayores ingresos) registraron un ingreso promedio trimestral de $236,095 ($78,698 mensuales), mientras que los del primer decil (el 10% más pobre) apenas alcanzaron $16,795 ($5,598 mensuales). Esto implica que los hogares más ricos ganaron 14 veces más que los más pobres.
Si bien esta disparidad sigue siendo considerable, representa una mejora respecto a 2016, cuando la brecha era de 21 veces. Esta reducción relativa se explica en parte por el crecimiento general del ingreso promedio, que aumentó 10.8% entre 2016 y 2024, y por el fuerte dinamismo de ciertos componentes, como los beneficios de programas gubernamentales, que se incrementaron en 101.9% en ese periodo. También crecieron las jubilaciones y pensiones (33.4%) y los ingresos por trabajo independiente (19.7%).
Gráfica 2. Ingreso corriente promedio trimestral de los hogares por decil. 2024.

Fuente: Elaboración propia con ENIGH (2024). *Número de veces que el ingreso del décimo decil es mayor que el ingreso del decil correspondiente.
EFECTIVIDAD DE LAS TRANSFERENCIAS PÚBLICAS
Entre 2022 y 2024, los mayores aumentos porcentuales de ingreso se observaron en los deciles más bajos, con excepción del primero. Los deciles II y III crecieron 14.2% cada uno, el IV un 13.9% y el V un 13.4%. El primer decil mostró un incremento de 13.3%, ligeramente menor que el resto, lo cual resulta relevante al analizar la efectividad de las transferencias públicas.
Aunque las transferencias gubernamentales han mejorado los ingresos de los sectores con menos recursos, los datos sugieren que no están focalizadas eficientemente debido a que los programas sociales son indiscriminados, es decir, de acceso universal.
Muchos de ellos se dirigen a poblaciones por grupo etario o condición demográfica, por ejemplo, adultos mayores, mujeres, jóvenes, sin embargo, no consideran el nivel de ingreso.
Esto permite que personas con ingresos medios o altos también accedan a los beneficios, mientras que los hogares más vulnerables, en ocasiones, enfrentan barreras de acceso —como idioma, ubicación geográfica, limitaciones tecnológicas o falta de información— que les impiden aprovechar estos apoyos.
Por otro lado, los hogares con mayores ingresos registraron menores tasas de crecimiento en sus ingresos. El décimo decil creció apenas 6.4% entre 2022 y 2024, y en comparación con 2016, incluso tuvo una caída del 7.6%. Este comportamiento también ha contribuido a cerrar parcialmente la brecha entre los extremos.
En conjunto, los datos apuntan a una disminución relativa de la desigualdad, pero sustentada más en intervenciones redistributivas que en una transformación estructural de la capacidad económica de los hogares más pobres.

DESIGUALDAD MEDIDA: ASÍ EVOLUCIONA EL GINI EN MÉXICO
La desigualdad en la distribución del ingreso puede medirse mediante el coeficiente de Gini, un indicador que oscila entre 0 y 1: valores más cercanos a 1 reflejan mayor concentración, mientras que valores más próximos a 0 indican una distribución más equitativa.
Según la ENIGH 2024, el coeficiente de Gini sin considerar transferencias fue de 0.450, mientras que, al incluirlas, se redujo a 0.391. Esta diferencia pone en evidencia el efecto redistributivo de las transferencias gubernamentales, que han contribuido a moderar la desigualdad en los últimos años.
Tal como se muestra en la gráfica 3, desde 2016 el coeficiente ha seguido una tendencia descendente, alcanzando en 2024 su nivel más bajo en casi una década. No obstante, este avance, aunque significativo, no ha sido suficiente para revertir la fuerte concentración del ingreso ni para garantizar una distribución más justa de la riqueza nacional.
Un ejemplo claro es la distribución porcentual del ingreso por deciles: el décimo decil concentra el 30.3% del ingreso corriente total, mientras que el primer decil, apenas el 2.2%. Incluso frente al noveno decil, que capta el 15.9%, la diferencia es notable: el décimo concentra casi el doble.
En resumen, aunque el coeficiente de Gini confirma cierta mejora en los niveles de desigualdad gracias a las transferencias, la estructura distributiva sigue siendo profundamente desigual. El reto sigue siendo no sólo redistribuir, sino transformar las condiciones estructurales que perpetúan la concentración del ingreso en México.
Gráfica 3. Evolución del Coeficiente de Gini con y sin transferencias gubernamentales. 2016-2024.

Fuente: Elaboración propia con ENIGH (2024).
INGRESO POR ENTIDAD FEDERATIVA: DISPARIDADES REGIONALES
Además de las brechas por decil, sexo y ámbito geográfico, la distribución del ingreso a nivel estatal revela profundas desigualdades regionales. En 2024, sólo 14 entidades superaron el ingreso promedio nacional mensual de $25,955, mientras que 18 se encontraron por debajo de esta media, con una concentración notable en el sur-sureste del país.
Nuevo León se posicionó como la entidad con el mayor ingreso mensual, con $39,011, lo que equivale a más de 13 mil pesos por encima del promedio nacional. Le siguieron la Ciudad de México ($36,895), Baja California Sur ($34,909), Baja California ($33,729) y Querétaro ($32,538), todas con niveles significativamente superiores a la media.
En contraste, Chiapas registró el ingreso mensual más bajo, con apenas $13,695, es decir, $12,260 por debajo del promedio nacional y 2.8 veces menor que el de Nuevo León. Otras entidades con ingresos considerablemente bajos incluyeron Guerrero ($16,183), Oaxaca ($18,613), Veracruz ($17,677) y Tlaxcala ($19,611).
Las familias en las regiones con menores ingresos enfrentan barreras sistemáticas que limitan sus oportunidades económicas, perpetuando los rezagos sociales y ampliando las brechas de bienestar.
Mapa 1. Ingreso corriente promedio mensual por entidad federativa (miles de pesos). 2024.

Fuente: Elaboración propia con ENIGH (2024).
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