

La prensa global transformó la tragedia de Michael Jackson en un espectáculo mediático, revelando nuestra obsesión con las celebridades y el sensacionalismo
Iniciaré con una confesión: aunque he trabajado en periodismo tanto político como cultural, siempre me he sentido más cómodo y libre cubriendo la fuente musical. Es un territorio que, de algún modo, todos hemos recorrido. ¿O no tenemos un soundtrack de vida Independientemente de nuestro género favorito, ya sea rock, pop o regional, nadie duda que el historial sonoro bien podría incluir el talento del llamado Rey del Pop, Michael Jackson.
Este hombre revolucionó todas las disciplinas en la música: el baile, las letras, los espectáculos en vivo y los videos. Decirlo está de más. Se sabe.
Este martes 25 de junio se cumplen 15 años de su fallecimiento. Las circunstancias de su muerte no pudieron ser más dramáticas e imprevistas: Michael sufrió un paro respiratorio debido a una combinación de calmantes suministrados por su médico de cabecera, Conrad Murray.

Se fue, además, al tiempo que preparaba su esperado regreso con la gira “This is It”, que hubiera comenzado el 13 de julio de 2009. El retorno incluiría conciertos en Londres, Japón, Australia, Alemania, Suecia, Rumania, Finlandia, Italia, Francia, Dinamarca, Holanda, Estados Unidos y Canadá. La gira, se intuye, se extendería por Latinoamérica y España.
Cuando alguien como Michael Jackson muere, especialmente bajo sospechas de asesinato involuntario, los medios se vuelcan a la cobertura. Se lanzan revistas y programas especiales, proliferan las «investigaciones» y teorías sobre su muerte, y se publican notas diarias con testimonios, informes médicos, policiales y judiciales.
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Es un circo mediático del que todos formamos parte, y que no parte desde el nacimiento de las redes sociales (Facebook llegó tres años después de la muerte de Jackson); sin importar la profesión del espectador o la destreza del artista, casi todos nos vemos envueltos en esta función.
En mi caso, como casi todos los niños nacidos en los 80, admiré a Jackson. Sentía una fascinación especial por sus videos, sus coreografías y muchas de sus canciones. Escuchar el riff de guitarra eléctrica de “Beat It”, verme moviendo los pies de pequeño, es algo que se queda. Y qué decir de cuando, siendo niño, sucedió con todo México durante su visita en 1993 con el tour Dangerous, que presentó en cinco ocasiones en el Estadio Azteca.
Sería irracional decir que el Rey del Pop fue alguien a quien no soñé entrevistar. Nunca lo logré, pero su deceso me otorgó una exclusiva que traer esta vez, no solo por la coyuntura, sino porque sirve para hablar de la dinámica de los medios en torno a las celebridades.

Hace 15 años, en medio de la vorágine de información tras su muerte, la gente cercana a Michael se atrincheró. Era lógico: los paparazzi y medios de farándula de todo el mundo buscaban hablar con cualquier allegado al cantante, especialmente su familia. Ese tipo de exclusivas, en declaraciones y fotografías, puede estar valuado en millones de dólares. La muerte de un famoso es, antes que todo, un negocio.
Muy alejado de esos fenómenos de Hollywood, me llegó la noticia de una entrevista que mi redacción en el Diario Reforma había pactado con Kenny Ortega, el coreógrafo de Jackson. Puede sonar simple, pero no: Ortega era la persona más cercana al Rey del Pop. Fue el encargado de montar sus grandes conciertos, desde el Dangerous World Tour y el HIStory World Tour hasta su última gira no realizada, This Is It. Con los años, era lo más cercano a un familiar del ermitaño Jackson.
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Los medios de todo el mundo buscaban fotos de los hijos de Jackson, pero esencialmente esperaban declaraciones de Ortega, quien podía, si hubiese querido, dar un recuento de la salud de su amigo y explicar por qué éste necesitaba medicamentos para dormir.
La exclusiva para Reforma, se nos dijo, sería la única en Hispanoamérica, pues solo dos medios, un mexicano y un brasileño, tendrían la oportunidad de hablar con el coreógrafo. El hermetismo se debía a que se temía que se lucrara con sus declaraciones. Ortega quería hablar del documental “This Is It” (2009), hecho en pleno duelo y basado en el material inédito de los ensayos de la gira que Jackson pensaba usar para un DVD posterior.
—¡Tienes que venir corriendo a la redacción, la entrevista telefónica es hoy a las 2:30 y debe realizarse aquí!— me dijo agitada una coeditora.

Se me había advertido que no debía preguntar nada sobre la vida personal de Michael Jackson, sino enfocarme exclusivamente en el material. También lo obvio: que Ortega era una de las figuras más buscadas por casi todos los medios de Estados Unidos y que las entrevistas, por el momento, se realizarían a pocas personas, esperanzados en que no fueran dedicadas a chismes de farándula.
Sonó el teléfono. Una mujer, representante de Ortega, me saludó y me dijo que esperara en la línea. Él contestó con un tono seco, en exceso serio, casi lúgubre. No habla español.
—Señor Ortega, antes que nada agradezco los minutos de esta conversación; todos lamentamos la pérdida de una figura tan emblemática y una persona tan humana como Michael Jackson.
—Gracias a ustedes por la entrevista.
—Sabemos que Michael nos tenía preparado un tour muy especial, lo que hace este documental una pieza muy valiosa. ¿Qué veremos en esta cinta? ¿Coreografías nunca antes vistas?
—Podrán ver nuevas coreografías, sí señor. La película mostrará los pasos de Michael, su magia, su trabajo energético. La cinta no es una pieza de montaje escénico, muestra a Michael envuelto en muchos aspectos: como director, coreógrafo, diseñador, músico… todo eso.
A veces lo más difícil de una charla en condiciones delicadas es la primera pregunta, pues puede o no relajar al entrevistado. Era evidente que Ortega tenía que sentir que la charla no iría en torno farandulero. Pero, aunque no me interesaba en absoluto el chisme, no pensaba desaprovechar la oportunidad de esta exclusiva global; quería que él destacara un poco del lado humano de ese ídolo, que me brindara un retrato hablado de Jackson. Eso fue un gran reto, pues además yo tenía 10 minutos.
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—¿Qué es lo más importante de este trabajo para Kenny Ortega? —cuestioné cuando ya habíamos hablado de varios detalles más bien superficiales del documental…
—Para mí es sumamente importante dejar algo así a sus hijos, que eran lo más importante para él. Michael estará en la memoria de todos una eternidad, pero su familia es algo que él valoraba en especial. Quiero dejar por ahora este testimonio para ellos.

—¿Qué le diría Michael a usted si pudiera ver este trabajo?
—Creo que si pudiera ver el documental diría: ‘Gracias, por darle a mis fans la oportunidad…’
Hubo un silencio incómodo y repentino en la línea. Ortega comenzó a dudar, se quebró. Sentí cierta impotencia al estar del otro lado de la bocina, sin poder hacer nada por mi entrevistado.
—Siento mucho lo sucedido, señor Ortega. Sé que usted convivió con el Michael humano y que esto no es fácil… —le dije finalmente.
—Gracias, lo aprecio… Es doloroso, ¿sabes? Sí que lo es. Michael diría: ‘Gracias por darle a mis fans la oportunidad de ver parte de mis mensajes y recordarles esos importantes ideales a mis hijos, que no se olviden de su amor y que lo lleven en su corazón’.

Ortega entonces se abrió y me contó de ese Michael humano. Me dijo que una de las últimas veces que vio a su amigo fue en un camerino. Jackson lo llamó antes de despedirse, cuando Ortega estaba distraído y le dijo: “Amigo, gracias por tu amistad”. El coreógrafo lo sintió sincero como nunca, en el entendido de que Michael nunca había tenido muchos amigos realmente.
La entrevista se publicó semanas después en la sección Gente! y otra para la revista dominical Top Magazine, en el Norte de Monterrey, Reforma de la Ciudad de México y Mural de Guadalajara, todos medios de Grupo Reforma. Fue difundida profusamente en varios países de Latinoamérica y aún en medios anglos.
Pero, debo decirlo, me enfrenté a editores. Ortega me habló de otros temas, pero destaqué esa conexión humana en su voz entrecortada; el compromiso y respeto hacia los hijos del cantante. Esa fue mi apuesta al momento de mandar el texto de mi entrevista.
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A un editor no le gustó y dejó de lado el aspecto humano de la charla para añadir “color” a la nota. Pensó que partes del material, como que Michael fuera visto hablando en español en el documental y lo que “no dijo” Ortega frente a la muerte de Jackson valían más la pena.
Fue algo que destacaron cientos de portales en su momento. Al comenzar a ensayar, Michael es visto al iniciar el tema “I Can’t Stop Loving You” y frente a su amigo, canta en nuestro idioma: “Ah, mi amor, eres tú. Ah, mi amor, eres tú, cuando no estás, no hay quien me dé lo que me das tú”.
Creo que ese fue un buen regalo para sus fans latinoamericanos, pero sigo pensando que el periodismo, en sus diferentes niveles, deja mucho que desear respecto a la calidad humana. Y no, el Michael Jackson humano no era inmortal.
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