LOS DERECHOS HUMANOS

Un recordatorio de nuestra responsabilidad ciudadana

Cada año, el mundo se detiene un momento para recordarnos algo que debería acompañarnos todos los días: la dignidad humana, ese valor inherente al ser humano por el solo hecho de serlo. El 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, no debe ser solo una fecha más en el calendario; debe ser una invitación profunda a mirar hacia dentro, a mirarnos entre nosotros y a reconocer que, por encima de cualquier diferencia, todos compartimos el mismo valor: el valor de ser humanos.

Y tú, estimado lector, ¿en qué piensas cuando escuchas la frase “derechos humanos”? No se trata de un concepto jurídico abstracto o de un discurso político. Los derechos humanos son la base de nuestra convivencia, el lenguaje fundamental que sostiene el trato digno, el respeto y la posibilidad de vivir en paz. En conclusión, se trata de aquello que todos necesitamos para desarrollarnos plenamente.

Y ¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 10 DE DICIEMBRE?

La fecha conmemora el momento en que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la “Declaración Universal de Derechos Humanos”, un acto histórico, pues el mundo intentaba reconstruirse tras la Segunda Guerra Mundial. Esta declaración se convirtió en una promesa colectiva de que las atrocidades vividas durante la guerra no volverían a repetirse y de que ninguna ideología, régimen o persona puede estar por encima de la dignidad humana.

Seguir conmemorando esta fecha nos ayuda a recordar que los derechos humanos son la única herramienta viable para gestionar la convivencia pacífica y el desarrollo sostenible; son la “brújula” que guía y estabiliza a las sociedades, recordándonos que los derechos son las protecciones que nos mantienen a salvo. Por ello, los derechos humanos deben defenderse en todo momento, pues, aunque resulte paradójico, incluso en nuestros días —con tantos avances tecnológicos— existen lugares donde se siguen vulnerando la libertad, la igualdad y la dignidad de las personas; y eso no debemos normalizarlo.

Por ello, al escuchar el término “derechos humanos” no debemos pensar en problemas lejanos o en conflictos internacionales, sino en cómo se hacen presentes en lo cotidiano y en cómo se siguen vulnerando cuando, por ejemplo, una mujer es discriminada o violentada por su género; cuando un niño es víctima de maltrato o no tiene acceso a la educación; cuando la desigualdad limita los sueños de quienes nacen en contextos adversos; o cuando la migración se convierte en una experiencia de miedo en vez de esperanza.

Así, los derechos humanos, más que un discurso internacional, deben ser una guía ética para convivir, una brújula moral que nos recuerda cómo tratarnos unos a otros.

Y ¿POR QUÉ DEBEN IMPORTARNOS COMO CIUDADANOS?

Muy simple: porque todos somos seres humanos y, por ese simple hecho, todos somos titulares de derechos, pero también responsables de respetarlos y promoverlos.

Y es que los derechos humanos no existen por sí mismos, sino que se sostienen por la conciencia y el compromiso de los ciudadanos. Si callamos ante una injusticia, si normalizamos la violencia verbal, si discriminamos o excluimos, debilitamos el tejido social. Si permitimos que los derechos de una sola persona sean vulnerados, los derechos de todos quedan en riesgo.

Las violaciones a los derechos humanos no siempre empiezan con guerras o grandes actos de violencia; por lo general, comienzan con pequeñas conductas cotidianas que no corregimos a tiempo: una burla, un comentario hiriente, un estereotipo, una indiferencia. Con cada “pequeño” acto nos vamos deshumanizando y abrimos la puerta a prácticas cada vez más graves.

Así, el compromiso empieza en nosotros: en nuestra manera de hablar, de tratar a los demás, de educar y de mirar a los otros. Defender los derechos humanos significa asumir que la dignidad del otro también es mi responsabilidad.

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Para hacer algo, hay que conocer el tema; no podemos defender lo que no conocemos. Por ello, lo más importante es informarnos acerca de qué son los derechos humanos, cuáles son, cómo se protegen y entender que se trata de una garantía básica y fundamental de la que todos gozamos.

Como padres y maestros, debemos enseñar a nuestros hijos y estudiantes a ejercerlos en todas nuestras relaciones y a ser conscientes de que los expresamos en la forma en que hablamos, escuchamos, acompañamos y respetamos; en la empatía que demostramos hacia quienes piensan diferente; en nuestra tolerancia y en la capacidad de ponernos en el lugar del otro.

La formación en derechos humanos comienza desde que los niños son pequeños, por lo que los papás tenemos la primera responsabilidad de su educación: enseñarles a reconocer su dignidad y la de los demás; darles herramientas para resolver conflictos sin violencia; que aprendan a expresar lo que sienten y a respetar los puntos de vista de los demás. Educar en derechos humanos es educar para la paz.

El Día de los Derechos Humanos no debe ser solo una fecha, sino una oportunidad para detenernos, reflexionar y preguntarnos si tenemos el tipo de sociedad que queremos; si estamos enseñando a valorar la dignidad humana, promoviendo la igualdad y mirando a los demás con humanidad. Porque cuando protegemos los derechos de otros, protegemos también los nuestros.

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