Volver a ser niños; Un recordatorio para vivir con más alegría

M. Ed. Adriana Villarreal Rodríguez

El 30 de abril celebramos el día del Niño, fecha que nos invita a reconocer la importancia de la infancia, a recordar que todos los niños merecen crecer en entornos seguros, amorosos y llenos de oportunidades. El origen de la celebración está ligado a la necesidad de proteger sus derechos, visibilizar su bienestar y recordar a la sociedad que la niñez es una etapa fundamental para el desarrollo de cualquier persona, pues es donde se cimientan valores y principios que definirán la calidad moral e integridad de una persona. 

Su origen se ubica en el año de 1959 cuando la ONU aprobó la Declaración de los Derechos del Niño y sugirió a cada país establecer una fecha para celebrar y reafirmar estos derechos; y aunque el organismo internacional lo celebra en noviembre, dio libertad a cada nación de elegir su propio calendario.

En México, se dice que se escogió el 30 de abril para que no se empalmara con otras festividades importantes (en noviembre, cuando lo celebra la ONU, se tiene el aniversario de la Revolución Mexicana). Sin embargo, en el país ya se había definido, muchos años atrás, el 30 de abril como la fecha oficial para celebrar a los niños, con el propósito de garantizar que crecieran en un ambiente de paz y respeto a sus derechos. 

No obstante, más allá de los festejos, los regalos y las sonrisas que vemos ese día, vale la pena hacer una pausa y mirar hacia nosotros mismos; porque todos, sin excepción, fuimos niños alguna vez, y en ese proceso de crecer, de asumir responsabilidades y de adaptarnos al mundo adulto, muchas veces vamos dejando atrás algo muy valioso.

Encuentra contenidos similares en Desarrollo de talento educativo

Y es que ser niño es, en muchos sentidos, una de las experiencias más puras de la vida. Los niños tienen una capacidad de asombro que parece inagotable; pueden maravillarse con cosas tan simples como una mariposa, una nube con forma extraña o una historia inventada; no necesitan grandes planes ni recursos extraordinarios para disfrutar; su imaginación convierte cualquier espacio en un mundo lleno de posibilidades. 

Y también saben reír, y con mucha facilidad; ríen fuerte, espontáneamente, sin reservas, sin preocuparse por cómo se ven o qué pensarán los demás. Juegan sin medir el tiempo, sin pensar en pendientes, sin sentir culpa por “no estar siendo productivos”; viven en el presente, en el aquí y el ahora que a los adultos nos cuesta tanto trabajo hacer.

Pero debemos reconocer que, conforme vamos creciendo, algo cambia. Poco a poco dejamos de jugar, a veces porque creemos que es inadecuado, pero otras veces porque los deberes empiezan a absorbernos. Dejamos de disfrutar lo simple; vivimos con prisa, acumulando pendientes, responsabilidades y preocupaciones y, a veces, sin darnos cuenta, vamos sustituyendo la espontaneidad por la rutina, la curiosidad por la certeza, la ligereza por la carga… y, cuando menos nos damos cuenta, nos atrapan las agendas y la necesidad de cumplir. 

Pero, la buena noticia es que esa capacidad de asombro, de juego y de alegría, no se pierde; sigue estando presente, dentro de nosotros. Por eso, el Día del Niño puede convertirse en una oportunidad de reconectar con esa parte nuestra que sigue viva, esperando la oportunidad de salir. No se trata de dejar de ser adultos e ignorar nuestras responsabilidades, sino de recordar que vivir bien implica disfrutar, reír, bromear y hacer espacio para lo que nos hace sentir ligeros.

Así es que, querido lector, te comparto algunas recomendaciones.

Si tienes hijos o sobrinos, tienes una oportunidad invaluable; aprovecha estos días para acompañarlos de manera diferente. Juega con ellos, sin distracciones; entra en su mundo y trata de ver lo que ven y cómo lo ven; trata de dejarte enseñar por ellos a volver a disfrutar. 

Con amigos o con tu pareja, busca oportunidades para ser espontáneo; propón actividades diferentes para reír, recordar juegos o hacer planes significativos. Deja, por un momento, la formalidad y la estructura, y déjate llevar por nuevas experiencias. 

Y contigo mismo, date permiso de hacer algo por el solo hecho de querer hacerlo, sin tener un objetivo productivo detrás; arma cochecitos, escucha música, canta en la regadera, sal a caminar sin prisa, disfruta un buen helado, ríete de ti mismo; conecta con lo simple.

Encuentra este y otros contenidos en nuestro Semanario A Tiempo Ed. 199

Recuerda que ser adulto no quiere decir que debamos pelearnos con disfrutar la vida; la madurez también implica saber cuándo soltar, cuándo reír, cuándo hacer una pausa y simplemente estar. No necesitamos regresar el tiempo para recuperar lo que fuimos; podemos hacerlo presente e integrarlo en nuestra forma de vivir hoy. 

El mejor regalo que podemos dar a los niños en este día no son solo regalos; es darles una atención diferente y hacerlos presentes en los momentos de disfrute; recordarles que crecer no implica volvernos rígidos ni dejar de jugar y divertirnos.

Así es que, este Día del Niño, regálate algo especial: un momento de ligereza; haz algo que tengas mucho de no hacer; regálate la oportunidad de ver tu vida con más curiosidad y menos prisa, porque crecer no se trata de dejar de ser niños, sino de aprender a no olvidarlo. 

ATiempo.Tv es el primer medio de comunicación nativo digital e independiente en Coahuila, caracterizado por su compromiso y responsabilidad de contribuir a la sociedad; brindando información verificada de manera profesional, ética y confiable. Es por eso que te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales para que tengas acceso a las noticias más relevantes a nivel local, nacional e internacional.