

La madrugada del pasado lunes 21 de abril de 2025 se confirmó la muerte del papa Francisco a los 88 años de edad. Jorge Mario Bergoglio, el 266ª pontífice de la Iglesia Católica, cierra un papado de 12 años y 39 días marcado por la humildad y por su apertura a distintos temas sociales.
Fue el primer papa latinoamericano y el primer jesuita en el cargo, y desde un inicio se definió como un papa cercano a los pobres y a los marginados, promoviendo una institución más humilde, misericordiosa e inclusiva. Con su muerte, deja un legado singular como reformador y pastor en un mundo que atraviesa una situación convulsa y plantea interrogantes sobre el futuro de la iglesia sin su carismática guía.
ALGUNOS DATOS
De acuerdo con un reportaje de Sky News en colaboración con Data & Forensics, el papa, con 88 años, fue el segundo papa más viejo en terminar su papado en los últimos 500 años, solo superado por el papa León XIII, que murió en 1903 a la edad de 93 años. Igualmente, fue el octavo papa más viejo en iniciar su papado (76 años) y fue el 31º periodo papal más largo de la historia del vaticano, por debajo de papas como Juan Pablo II (26.5 años) o Pío IX (31.67 años).
Cuando el papa asumió su cargo en 2013, había alrededor de 1,254 millones de católicos bautizados en el mundo. Para inicios de 2025, esa cifra habría crecido a más de 1,406 millones (un incremento del 12%), lo que implica decenas de millones de nuevos fieles. Este crecimiento se concentró sobre todo en regiones como África y América. Por ejemplo, en África la comunidad católica creció más de un 3% solo entre 2022 y 2023 (de 272 a 281 millones de fieles).
América sigue siendo el continente con mayor número de católicos (alrededor del 48% de los creyentes del mundo y 64% de su población total), con 666 millones de fieles para 2022. Por su parte, Europa vio disminuir su población católica en alrededor de 1,5 millones durante el pontificado de Francisco, bajando su peso relativo del 39,9% al 39,5% de la población europea total. Expertos atribuyen esta merma europea a la baja natalidad entre los católicos y a la secularización de su población, parcialmente compensada por la inmigración católica desde África y Asia. En suma, bajo Francisco la Iglesia se volvió más global y menos europea.
REFORMAS EN EL VATICANO: NOMBRAMIENTOS, ESTRUCTURA Y FINANZAS
El papa Francisco impulsó una reforma profunda en la Iglesia, internacionalizando el Colegio Cardenalicio: aumentando la representación de Asia, África y América Latina y disminuyendo la proporción de cardenales europeos, que llegó a ser la más baja en la historia (40% contra 28% de cardenales de América, 13% de africanos y 19% de cardenales de Asia y Oceanía). El papa Francisco nombró a 140 nuevos cardenales, incluyendo a los primeros de países como Mongolia o Timor Oriental. De estos, 120 participarán en el conclave para elegir a su sucesor.
Además, con la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium de 2022, reorganizó la Curia Romana para hacerla más eficiente, permitiendo que laicos y mujeres liderarán dicasterios, como Sor Simona Brambilla, primera mujer al frente del dicasterio para los institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en 2023, elevando además el empleo femenino en el Vaticano al 23,4% de la plantilla.
En el ámbito financiero, aunque aún persisten desafíos de transparencia, logró limpiar las finanzas vaticanas cerrando 5.000 cuentas opacas, creando la Secretaría para la Economía, unificando balances y adoptando estándares contra el lavado de dinero, reduciendo el déficit de 70 a 50 millones de euros.
PERCEPCIÓN PÚBLICA DE LA IGLESIA Y DEL PAPA: CIFRAS Y SONDEOS
El pontificado de Francisco gozó de alta popularidad, especialmente entre católicos, con variaciones regionales y generacionales. En Reino Unido, el 50% de los católicos en 2020 veía su liderazgo como un cambio positivo, con especial apoyo entre los menores de 30 años. En América Latina, su imagen positiva, aunque aún mayoritaria, disminuyó con el tiempo (de 91% en Argentina en 2014 a 64% en 2024; de 83% a 72% en Colombia o de 74% a 68% en México), mientras que en Estados Unidos, su favorabilidad se mantuvo estable (57% en 2024).
Francisco ganó simpatía entre los no católicos por su imagen progresista y cercana, contrastando con Benedicto XVI, pero enfrentó críticas de sectores más tradicionales que no veían con agrado sus reformas, la politización de su papado o su cercanía con liderazgos de la izquierda global. A pesar de estas resistencias, la percepción global del papado de Francisco fue la de un tiempo de renovación para muchos creyentes, reflejada en sondeos donde la palabra “esperanza” apareció con frecuencia asociada a su figura.
INDICADORES SOCIALES DE SU LEGADO: MEDIO AMBIENTE, POBREZA, MIGRACIÓN Y DERECHOS HUMANOS
El papa Francisco dejó un legado significativo en temas sociales y humanitarios, priorizando a los pobres, los migrantes, el medio ambiente y los derechos humanos. Con la encíclica Laudato si’ (2015), convirtió la ecología en una prioridad pastoral, influyendo en el Acuerdo de París y fomentando el activismo católico ambiental.
En la lucha contra la pobreza, instituyó en 2017 la Jornada Mundial de los Pobres, incrementó la caridad vaticana, y abrió refugios y servicios para indigentes en Roma, denunciando la “cultura del descarte”, una mentalidad que, según Francisco, excluye a los más vulnerables y desecha personas y recursos en un sistema que prioriza el beneficio económico sobre la dignidad humana y la solidaridad. Como dijera en su primera rueda de prensa «Cómo me gustaría una Iglesia pobre… y para los pobres”.
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El papa Francisco convirtió la defensa de los migrantes y refugiados en un eje central de su pontificado, combinando gestos simbólicos, enseñanzas magisteriales y acciones concretas para promover la acogida y la dignidad humana. Desde su visita a Lampedusa en 2013, donde denunció la “globalización de la indiferencia” hasta su viaje a Lesbos en 2016, donde llevó a 12 refugiados sirios al Vaticano, Francisco visibilizó el sufrimiento de los desplazados.
Otros gestos, como su oración en la frontera México-Estados Unidos en 2016 o su llamado en Marsella en 2023 por políticas migratorias humanas, reforzaron su mensaje contra los muros y la xenofobia. A través de discursos, como en la encíclica Fratelli tutti (2020), y mensajes anuales para la Jornada Mundial del Migrante, articuló cuatro principios clave: acoger, proteger, promover e integrar, abogando por canales legales y el respeto a los derechos humanos.
Además, condenó la pena de muerte, la pederastia (“Abusar de niños es una enfermedad”) impulsó la paz (mediando entre Cuba y EE.UU. y pronunciandose sobre el conflicto en Medio Oriente), pidió perdón a pueblos indígenas por abusos históricos en EEUU y Canadá, y mostró apertura hacia la comunidad LGBTQ+ y las mujeres, promoviendo una visión integral de la dignidad humana. Francisco será recordado por su compromiso con los vulnerables, traduciendo la doctrina católica en acciones concretas.
HUELLA DIGITAL Y MEDIÁTICA DE UN PAPA GLOBAL
El papa Francisco, el primer pontífice plenamente inmerso en la era digital, aprovechó las redes sociales para difundir su mensaje, logrando una presencia global y viral. Con la cuenta @Pontifex en Twitter (18 millones de seguidores), fue uno de los líderes más influyentes en la plataforma, publicando reflexiones espirituales y llamados por la paz, mientras en Instagram (@Franciscus) superó los 10 millones de seguidores, compartiendo posts, fotos e imágenes que humanizaron su figura.
Su estilo comunicativo, marcado por frases como “¿Quién soy yo para juzgar?” sobre personas homosexuales, o críticas contundentes a la corrupción y la destrucción ambiental, generó titulares mundiales y debates más allá de lo católico, consolidando su imagen inclusiva y misericordiosa. Gestos icónicos, como su bendición solitaria en una Plaza de San Pedro vacía durante la pandemia de 2020, o su aparición en portadas de Time y Rolling Stone, lo convirtieron en una figura cultural global.
EL FUTURO TRAS FRANCISCO: EXPECTATIVAS EN EL VATICANO Y LA IGLESIA CATÓLICA
La muerte del papa Francisco marca una transición histórica para la Iglesia Católica, que nuevamente convocará un cónclave que ahora contará con 140 cardenales electores, de los cuales, como ya se mencionó, el 80% fueron nombrados por él, lo que podría favorecer un sucesor que continúe su línea reformista, posiblemente de África, Asia o América. Algunos de los nombres que comienzan a sonar en los medios (y en las casas de apuestas) son los de los cardenales Luis Antonio Tagle (Filipinas), Robert Sarah (Guinea), Raymond Burke (EEUU), Peter Erdo (Hungaria) o Peter Turkson (Ghana) aunque también figuran nombres europeos como Matteo Zuppi (Italia) o Pietro Parolin (Secretario de Estado Vaticano).
El próximo Papa enfrentará desafíos internos, como la inclusión o la transparencia económica vaticana, mientras reconcilia tensiones entre progresistas y tradicionalistas en temas como las bendiciones a parejas homosexuales o la comunión a divorciados. A nivel global, deberá abordar el declive religioso en Occidente, la crisis de abusos sexuales, la apertura a las mujeres, el diálogo interreligioso, y mantener el liderazgo ético en temas como el cambio climático, las migraciones y la inteligencia artificial, siguiendo el legado de Laudato si’ y la diplomacia de Francisco. Su pontificado, centrado en los pobres y la renovación evangélica, deja una Iglesia transformada pero ante un futuro incierto, con esperanza en que su visión de frescura y compromiso perdure bajo el próximo sucesor.
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