Así vive Coahuila: Indicadores 2025

La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI retrata a un estado que crece a más del doble de la tasa nacional mientras que al mismo tiempo nacen menos niños y los hogares se vuelven más chicos.

El pasado 22 de septiembre del 2026 el INEGI publicó los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, un ejercicio que, con otros nombres, se ha venido realizando a la mitad de cada década, entre un censo y otro, desde 1995, y que nos permite actualizar la información demográfica y social para todo el país. Si bien, como escribimos en este espacio el 24 de enero del 2025, este ejercicio se había cancelado debido a carencias presupuestarias, el mismo gobierno, valorando el gran servicio que los datos le ofrecen a esta nación, le aportó una ampliación presupuestal al instituto, lo que permitió que hoy estemos hablando de sus resultados.

Para 2025, en México habitaban 130 millones 911 mil 314 mexicanos viviendo en un total de 39 millones 699 mil 242 viviendas particulares en los 2,478 municipios del país. Desde el Censo del 2020, la población creció a un ritmo de 0.7% anual, por debajo del 1% que registró en el periodo 2015-2020. 

Los mexicanos estamos teniendo menos hijos. El promedio de hijas e hijos nacidos vivos de las mujeres de 12 años y más bajó de 2.1 en 2020 a 1.9 en 2025, y la tasa global de fecundidad bajó a 1.2 hijos por mujer, por debajo de la tasa de reemplazo de 2.1 que una población necesita para reemplazarse sola. Con menos nacimientos, el país envejece más rápido: la edad mediana pasó de 29 a 32 años. La encuesta registró además que 1.5% de los hogares tiene a alguien que tuvo que dejar su lugar de residencia por violencia o inseguridad, un dato que el INEGI mide por primera vez a escala nacional.

Las viviendas crecieron a un ritmo del 2.2% anual, tres veces más rápido que la población, pero dentro de esas casas vive menos gente: los hogares unipersonales pasaron del 12.4% al 15% del total, y el promedio de habitantes por vivienda pasó de 3.6 a 3.3 personas (sin contar a las mascotas). Igualmente, vivimos más conectados: el 75.7% de las viviendas tiene internet (contra el 53.9% de 2020), y en el 94.5% hay al menos un celular.

En el caso de Coahuila, en el estado vivían, al 15 de octubre del 2025, unas 3’415,128 personas, lo que representó unas 268 mil personas más que en 2020 (aproximadamente el equivalente a la población del municipio de Monclova). Con este aumento, la entidad pasó del lugar 15 al 14 entre las entidades más pobladas del país (rebasando, por poquito, al estado de Guerrero). 

La tasa de crecimiento de la población coahuilense fue del 1.5% anual, más del doble del promedio nacional de 0.7%, siendo la quinta tasa de crecimiento más alta para este periodo. Una parte de este crecimiento (uno de cada 8) se debió a gente que llegó de otros estados: según la encuesta, entre 2020 y 2025 se mudaron a Coahuila unas 92,854 personas procedentes de otras entidades, mientras que salieron 58,626. El saldo migratorio a favor, 34,228 personas, coloca al estado en el lugar 12 del país en migración interna. Cuando la encuesta preguntó a quienes cambiaron de residencia (entre municipios, entre estados o desde otro país) por qué lo hicieron, 45.7% respondió que por motivos familiares y 37.5%, por trabajo; apenas 1.2% mencionó la inseguridad o la violencia entre estas causas.

El resto del crecimiento se explica por la inercia demográfica: las generaciones numerosas que nacieron entre los ochentas y noventas ya están hoy en edad de formar familias, de modo que, aunque cada mujer tenga menos hijos, todavía nacen muchas más personas de las que mueren.

Al igual que en el escenario nacional, los coahuilenses cada vez tienen menos hijos. El promedio de hijas e hijos nacidos vivos en las mujeres de 12 años y más bajó de 2.1 en 2020 a 1.9 en 2025. 

Un indicador que usan los demógrafos es la tasa global de fecundidad, que estima cuántos hijos tendría una mujer a lo largo de su vida si se mantuvieran las mismas condiciones de un año determinado. En Coahuila esta tasa fue de 1.4 hijos por mujer para 2024. Para entenderlo mejor, una población se reemplaza a sí misma con alrededor de 2.1 hijos por mujer: dos para sustituir a la madre y al padre, más una fracción que compensaría a quienes mueren antes de llegar a la edad adulta. De acuerdo a la encuesta, ningún estado (ni siquiera Chiapas) llegaría a esta tasa de reemplazo. 

Menos nacimientos cambian la forma de la población. Los menores de 15 años pasaron de 26.2% a 23.3% del total, mientras que las personas de 60 años y más subieron de 11.1% a 13.0%. La edad mediana, la que divide a la población en dos mitades iguales, pasó de 29 a 30 años. A nivel municipal hay grandes diferencias: en Hidalgo, el municipio más joven, la mitad de sus habitantes tiene 25 años o menos, mientras que en Abasolo, el más envejecido, la edad mediana ronda los 41 años. 

La razón de dependencia bajó de 51 a 47, lo que significa que por cada 100 personas en edad de trabajar (de 15 a 64 años) hay 47 niños o adultos mayores que dependen de ellas. La dependencia de las personas se va desplazando: la dependencia infantil cayó de 40 a 34 mientras que la de la vejez subió de 11 a 13: hoy hay 56 personas de 60 y más por cada 100 menores de 15 años, y las proyecciones poblacionales apuntan a que, en unos años, la presión que antes se concentraba en guarderías y primarias se irá desplazando, poco a poco, hacia el cuidado de las personas mayores. 

La encuesta también registra la diversidad étnica y cultural del estado. En Coahuila, 118,292 personas se consideran indígenas (el 3.5% de la población), de las cuales 6,570 hablan alguna lengua indígena. También 44,221 coahuilenses se reconocen como afromexicanas o afrodescendientes (1.3%), y 29,024 residentes nacieron en otro país (0.85%).

El número de hogares aumentó en un 14.3%, y como en el caso nacional cada hogar tiene menos integrantes, pasando de 3.5 a 3.3 personas por vivienda y los hogares de una sola persona pasaron del 12.4% al 14.4%. 

También cambió la forma de vivir en pareja. Entre la población de 12 años y más, la proporción de personas casadas bajó de 40.5% a 35.4%, mientras que la de personas solteras subió de 31.5% a 34.5%. Las personas separadas (5.5%) y divorciadas (3.5%) ganaron importancia relativa, y el porcentaje de personas en unión libre se mantuvo prácticamente igual, alrededor de 16%.

En 2020, el 68.0% de las personas de 0 a 17 años vivía con su madre y con su padre; para 2025 esta proporción bajó a 62.7%. En contraste, quienes viven solo con su madre pasaron de 19.6% a 25.5%, prácticamente uno de cada cuatro. La encuesta no menciona los motivos por los que el padre esté ausente, pero sí muestra que hoy muchas más mujeres crían a sus hijos sin él viviendo bajo el mismo techo.

La proporción de personas de 12 años y más que trabaja o busca trabajo (participación económica) subió de 52.8% a 55.2%, prácticamente igual al promedio nacional de 55.1%. Este impulso provino principalmente de las mujeres, cuya tasa de participación pasó del 36.6% al 40.9%, mientras que la participación de los hombres apenas se movió (de 69.5% a 70.1%). La brecha de la participación ronda los 29 puntos porcentuales. 

La encuesta también recaba indicadores laborales. La industria sigue siendo el eje del empleo. La minería, la manufactura, el sector de la electricidad y el agua ocuparon a 31.8% de las personas trabajadoras, casi lo mismo que en 2020, frente a un 38.9% en servicios y un 16.9% en comercio. El trabajo asalariado bajó de 81.3% a 79.5% del total y el trabajo por cuenta propia subió de 13.9% a 16.9%. Entre quienes reciben un salario, la proporción con al menos una prestación laboral subió de 82.6% a 84.4%. También creció el grupo con jornadas de más de 56 horas a la semana, de 8.6% a 10.3%.

Se pueden ver cambios también en el camino al trabajo. En 2020, 17.8% de la población ocupada usaba camión, combi o colectivo para llegar a su empleo; en 2025 el porcentaje bajó a 12.3%. En cambio, el automóvil o camioneta subió de 40.8% a 44.6%, y el transporte de personal que ofrecen las empresas, de 21.2% a 23.1%. Dos de cada tres viviendas (65.7%) tienen ya un auto o camioneta, y 12.2% de la población ocupada trabaja en un municipio distinto al que habita.

Hubo avances en las variables que miden educación. La asistencia escolar de niñas y niños de 3 a 5 años saltó de 56.8% a 72.6%, y quedó por encima del promedio nacional (70.4%). El 97.7% de los niños entre los 6 y los 14 años asiste a la escuela, siendo el tercer porcentaje más alto entre los estados, al igual que el nivel del analfabetismo, que bajó del 1.7% al 1.3%. El grado promedio de escolaridad llegó a 10.9 años (casi segundo año de bachillerato) y el estado queda en el promedio entre los jóvenes de 15 a 24 años que asisten a la escuela: 46.9% contra el 47.3% nacional. 

Las carencias básicas son más escasas en la entidad: solo el 0.3% de las viviendas tiene piso de tierra (2.2% en todo el país), el 94.8% cuenta con agua entubada dentro de la vivienda y apenas el 0.5% cocina con leña o carbón (frente al 9.7% a nivel nacional). Sin embargo, aún falta mucho por hacer: de acuerdo a las respuestas de la encuesta, en los tres meses previos a la entrevista, en 125 mil hogares (12.1% del total) faltó comida o al menos una persona adulta tuvo que limitar su alimentación por falta de dinero, y el 5.4% de los hogares declaró que se quedó sin alimentos en algún momento de esos tres meses. En 67.1 mil de esos hogares vivían menores de edad, y en 23.5% de estos hogares específicos alguna niña, niño o adolescente reportó haberse acostado con hambre en alguna noche.

En materia de conexión se dio un gran salto: las viviendas con internet pasaron de 54.4% a 82.6% en cinco años (+28.2 pp), siendo el séptimo estado con el promedio más alto. El 42.8% de las viviendas del estado tienen computadora, laptop o tablet, contra el 96.2% que tiene teléfono celular, lo cual nos habla de que para muchas familias el acceso a internet pasa principalmente por el teléfono, con todas las implicaciones que eso conlleva. Sin embargo, este mayor acceso está bastante diferenciado entre municipios rurales y urbanos.

En salud, 84.9% de la población está afiliada a algún servicio médico, y el IMSS concentra a 79.5% de las personas afiliadas. Los consultorios de farmacia ya atienden a 15.3% de quienes usan servicios de salud, frente a 12.5% en 2020.

El 43.6% de los hogares recibe dinero de alguna fuente distinta al empleo, contra 34.1% en 2020. Los hogares que reciben programas de gobierno pasaron de 19.1% a 32.1%, aunque Coahuila sigue siendo la quinta entidad con la menor proporción (el promedio nacional es 41.4%). Las pensiones y jubilaciones llegan a 23.6% de los hogares, la tercera proporción más alta del país, frente a 16.6% a nivel nacional.

Hay, por último, un dato que distingue al estado. Entre los nuevos datos recabados en esta edición, destaca que entre 2020 y 2025, solo 0.8% de los hogares coahuilenses tuvo al menos un integrante que dejó su lugar de residencia forzado por la violencia, la inseguridad o algún desastre, la proporción más baja de las 32 entidades; el promedio nacional es 1.5%. 

En general, los datos nos dicen que Coahuila llega a la mitad de la década como un estado que crece, que atrae gente de otras entidades y que ha resuelto buena parte de sus carencias más básicas, pero cuya población está cambiando más rápido de lo que solemos advertir. Nacen menos niños, los hogares son más pequeños, más mujeres trabajan y crían solas a sus hijos, y cada año hay más personas mayores por cada menor de edad. Estos cambios no son buenos ni malos por sí mismos, pero sí obligan a replantear prioridades: el cuidado de las personas mayores, un transporte público que ha ido perdiendo usuarios frente al automóvil, una conectividad que vaya más allá del teléfono celular y, sobre todo, los miles de hogares donde todavía falta comida en la mesa.

La Encuesta Intercensal 2025 estuvo a punto de no levantarse, pero hoy queda claro por qué valía la pena hacerlo: sin estos datos, muchas de estos fenómenos pasarían desapercibidos hasta el próximo censo del 2030. Los números nos dan un retrato más actualizado del estado que ya es; lo que ahora corresponde a gobiernos, empresas y ciudadanos es usar estos datos para decidir el estado que queremos ser.

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