

El pasado cuatro de julio el Beato italiano Pier Giorgio cumplió cien años de haber fallecido. Lo sorprendente es que su cuerpo permanece intacto, ¿qué dice la ciencia sobre este fenómeno?
Durante la última semana del jubileo de la juventud, la Iglesia Católica, transporto el cuerpo del Beato Pier Giorgio Frassati, (mismo que el próximo siete de septiembre del presente año será canonizado y convertido en Santo, junto con Carlo Acutis) fue llevado a la basílica de Santa María Sopra Minerva en Roma.
En ese lugar, miles de jóvenes visitaron al que para ellos es una inspiración para alcanzar el cielo, y lo que sorprendió a algunos que no conocían su historia, fue enterarse de que, a pesar de que el italiano falleció hace 100 años, en 1925, su cuerpo sigue incorrupto hasta el día de hoy.
Tras esto, su cuerpo fue regresado a donde pertenece y donde ha estado descansando, a la Catedral de San Juan Bautista en Turín, ciudad donde nació, vivió y murió.
¿Cuál es la opinión de la ciencia sobre este tema?
Frassati no es la única persona dentro del catolicismo de la que su cuerpo permanece incorrupto, otros grandes personajes de la historia han permanecido así durante décadas, en los que se encuentra su compañero de canonización Acutis, además de santos como San Charbel, Santa Bernadette de Lourdes, San Juan María Vianney y Santa Teresa de Ávila.
Sobre este increíble suceso, la Iglesia Católica ve la incorruptibilidad como un milagro, siendo vinculada con la gracia divina y el amor de Dios, además de ser un signo de santidad (esto no es necesario para ser santo)
Por su parte la ciencia no da mucha explicación de este tema, pero si han argumentado que la descomposición del cuerpo depende de factores ambientales como la temperatura, humedad y presencia de microorganismos, además algunos expertos han advertido que algunos casos de incorruptibilidad pueden ser solamente un fraude.
Esta es la sorprendente historia de Pier Giorgio Frassati
Pier Giorgio Frassati nació el 6 de abril de 1901 en Turín, Italia, en una familia acomodada, pero con tensiones afectivas. Su padre, Alfredo, era un agnóstico propietario del periódico liberal La Stampa y senador, mientras que su madre, Adelaida Ametis, era una pintora reconocida.
A pesar de un entorno poco religioso, Pier Giorgio desarrolló una profunda fe desde joven, influenciado por su paso por un colegio jesuita. Su carácter alegre y su compromiso con la caridad lo llevaron a unirse a la Acción Católica a los 15 años, marcando el inicio de su vida dedicada a los demás.
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A los 17 años, se unió a la Sociedad de San Vicente de Paúl, dedicando su tiempo libre a ayudar a los pobres, enfermos y excombatientes de la Primera Guerra Mundial. Estudió Ingeniería Mecánica en el Politécnico de Turín, con la intención de trabajar junto a los mineros, los más desfavorecidos de su tiempo.
Apasionado por el montañismo, escalaba los Alpes con amigos, a quienes llevaba a reflexionar sobre la fe en la naturaleza, exclamando “¡Verso l’alto!” (Hacia lo alto) al llegar a las cumbres. Fundó un grupo de amigos llamado “I tipi loschi” (Los tipos sospechosos), uniendo diversión, oración y caridad. Su fe se fortalecía con la Eucaristía diaria y la devoción a la Virgen María.
La revolución interna que vivio Pier
Pier Giorgio se opuso al fascismo, participando en protestas y defendiendo la fe frente a la violencia anticlerical, lo que le valió arrestos, como en Roma en 1921. En 1922, ingresó a la Tercera Orden Dominicana, adoptando el nombre de Girolamo en honor a Savonarola.
Inspirado por las enseñanzas de santo Tomás de Aquino, santa Catalina de Siena y san Pablo, vivía las Bienaventuranzas con una alegría contagiosa, sirviendo a los necesitados sin alardear, incluso gastando su propio dinero para ayudar.
En 1925, a los 24 años, contrajo poliomielitis, probablemente al visitar a los enfermos en las chabolas de Turín. Mientras su familia atendía a su abuela moribunda, Pier Giorgio sufría en silencio un dolor de cabeza y fiebre, sin querer preocuparlos. Falleció el 4 de julio tras una semana de sufrimiento.
Su funeral fue una sorpresa para sus padres: miles de pobres acudieron a despedirlo, revelando su vida de servicio. Beatificado en 1990 por Juan Pablo II, quien lo llamó “el hombre de las ocho Bienaventuranzas”, será canonizado el 7 de septiembre de 2025 por el papa León XIV.
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