Adiós, Javier Aguirre. ¡Hola, Rafa Márquez!

Javier Aguirre vuelve a despedirse de la Selección Nacional de México. Por tercera vez. Esta vez, sí es la última. Quizá no lograste derribar ese muro de siempre. No sé si eso haga menos dolorosa la frustración. Pero nadie más lo ha conseguido. Y esta vez, al menos, México dejó la sensación de haber avanzado.

Por primera vez se ganó un partido inaugural. Por primera vez se terminó la fase de grupos con paso perfecto. Por primera vez se mantuvo la portería invicta durante cuatro partidos consecutivos. Y se volvió a ganar un partido mundialista de eliminación directa. Pero faltó el más importante: ganar los octavos de final. Para volver, al menos, a nuestro techo histórico: los Cuartos de Final, como ya había ocurrido en los otros Mundiales organizados en casa.

México dio un paso al frente. Sin embargo, volvió a tropezar en el mismo lugar. Aun así, México terminó más arriba de donde había comenzado. Su actuación fue suficiente para colocar a México entre las diez mejores selecciones del planeta. Pase lo que pase en lo que resta del torneo, México terminará oficialmente en el noveno puesto. Incluso por encima de selecciones como Colombia, Brasil, Estados Unidos, Portugal, Egipto y Canadá.

Pero el verdadero reto apenas comienza. Desde ahora y hasta finales de 2029, México tendrá el desafío de mantenerse dentro del Top 10 del Ranking FIFA. Eso podría convertirlo en cabeza de serie para el Mundial de 2030, una condición que suele evitar un cruce con una potencia desde la primera ronda.

Claro que acabar entre los primeros lugares del mundo no significa que el salto de calidad ya esté completo. México demostró que puede competir de tú a tú con las grandes potencias. Pero, sobre todo, falta derrotarlas cuando ya no hay margen de error.

El panorama no es tan claro, pero tampoco tan oscuro. Sería injusto ignorar que este proceso dejó señales muy positivas. Al menos, parece que el camino apunta en la dirección correcta. Ahora llega un nuevo líder para continuar ese trayecto. Aún es demasiado pronto para ilusionarnos. Pero también para juzgar. Apenas es el arranque. Todavía falta mucho antes de pensar en la meta.

Javier Aguirre no consiguió derribar el muro. Pero dejó a México algunos escalones más arriba de donde lo encontró. Ahora le toca a Rafa Márquez demostrar si esos escalones fueron el principio de una nueva historia… o solo el camino hacia la misma piedra.

Hasta siempre, Vasco. ¡Bienvenido, Kaiser!