
Las pastorelas que hoy conocemos, tienen su base en los nacimientos «vivientes» que montó por primera vez San Francisco de Asís
En México, como es sabido, tenemos un sinfín de tradiciones y costumbres. Muchas de ellas tienen su raíz en el sincretismo dado a partir de la colonización. De entre las tradiciones que destacan en el calendario invernal, tenemos las pastorelas navideñas y las posadas. Hoy te contaremos un poco sobre el origen de las pastorelas.
Las pastorelas y los evangelizadores
Se dice que, el origen de las pastorelas se remonta al siglo XII, en Europa. Se cree que fue San Francisco de Asís quien creó la primera representación sobre la Navidad en Italia en el siglo XIII. Esto fue a través de un nacimiento por así decir viviente. La idea era que, mediante el relato y la personificación, las personas que eran analfabetas (que era una gran mayoría) pudieran entender sobre el cristianismo.
Hay quienes aseguran que San Francisco hizo el pesebre totalmente en secreto para sorprender a los vecinos de un pueblo italiano. Cuando las personas vieron lo que se había montado, quedaron impresionadas. Estaba la personificación de María con Jesús en brazos, y José, muy entusiasmado conversaba con un grupo de pastores que admiraban con amor y fe al niño recién nacido.

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Pastorelas en México
La primer pastorela se escribió en náhuatl por Antonio Valeriano, noble y letrado nahua y gobernante de la parcialidad indígena de México-Tenochtitlan. A él se le atribuye el Nican mopohua, que es es el nombre con el que ampliamente se conoce el relato en náhuatl de las apariciones de la Virgen María en México, bajo la advocación de Guadalupe, que tuvieron lugar en el cerro del Tepeyac, al norte de la actual Ciudad de México.
De ahí, y bajo la orden franciscana, los frailes promovieron las enseñanzas de San Francisco de Asís y se continúo con la evangelización en la Nueva España. De esta forma, la pastorela empieza a ser una especie de reto hacia el demonio. Lo que hoy podríamos decir que se pensaba era el demonio en ese entonces para los evangelizadores, eran los dioses prehispánicos. Entonces, lo que los colonizadores trataron de hacer, fue erradicar las creencias prehispánicas e introducir el cristianismo.
Pastorelas aquí, pastorelas allá
Cristianamente, la pastorela es la lucha del bien contra el mal. El hecho de que no lleguen los pastores a Belén a dorar al niño, es la lucha cristiana, es la esperanza de que, al final del camino, se llegará con Dios mismo.
Aunque las pastorelas tienen registro de siglos antes, se popularizan a mediados del XVII.
Algo que se ha visto es que, aunque estas puestas en escena se logran en diferentes partes de Latinoamérica, lo cierto es que siempre son distintas. Por ejemplo, en el norte de México son muy largas, son toda una fiesta. Si vamos a una pastorela en algún ejido, veremos que duran hasta seis horas y todo mundo espera paciente al anochecer, pues es cuando se comparte el pan. Es ahí cuando la gente que observa, participa con los pastores en vela.
En Venezuela y Colombia, por ejemplo, los niños representan al diablo y a los ángeles. Ahí tenemos entonces una lucha entre Lucifer y San Miguel, que es el arcángel mayor. En ambos países se dan los aguinaldos, que es cuando los niños salen a pedir dinero o dulces a las casas cantando villancicos.
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