López Obrador les dio la espalda a los Superdelegados

El 12 de julio del 2018, es decir, once días después del triunfo del actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en una llamativa conferencia de prensa, anunció la eliminación de la figura de los delegados federales en las entidades para sustituirlos por “coordinadores”; es decir, toda la burocracia federal, sería representada por una persona, lo que después se bautizó como “superdelegados“.

En noviembre del 2018, los Senadores, ya con mayoría de Morena, aprobaron la Reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, para que los 32 superdelegados tuvieran a su cargo la coordinación e implementación de planes, programas y acciones para el desarrollo integral, funciones de atención ciudadana, la supervisión de los servicios y los programas a cargo de las secretarías y dependencias.

Hasta aquí todo bien. El nuevo plan del presidente parecía tener fuerza, y a mi consideración, en la sociedad cayó bien la idea de eliminar tanta burocracia -situación muy criticada en las administraciones pasadas-. Pero de la “gran idea”, comenzó el rotundo fracaso en este ambicioso plan. 

El 20 de marzo del 2019, López Obrador en su tradicional “mañanera” anunció que reforzaría la estructura de sus representantes y que habría cuatro subcoordinadores por cada delegación: gabinete de Seguridad y Gobierno; Hacienda y Desarrollo Económico; de Energía y Comunicaciones y Transportes, y el gabinete del Bienestar.

Pasaron las semanas, incluso los años y todo esto jamás llegó; como decimos coloquialmente; “que dice mi mamá que siempre no”, y todo lo prometido nunca se cumplió.

La expectativa sobre los superdelegados era altísima y sucedió lo inesperado: López Obrador les dio la espalda a sus representantes en cada entidad. Para que se dé una idea, en las giras presidenciales, jamás ha permitido que suban a la tarima del evento, tampoco les dedica tiempo para analizar la situación de cada entidad en el marco de sus visitas.

En el caso de Coahuila el problema no fue el perfil. El encargado estatal es Reyes Flores Hurtado, licenciado en derecho, con uno de los mejores promedios en la historia de la IBERO en Torreón, activista y ex dirigente estatal del PAN. El problema fue que lo mandaron a una guerra, pero sencillamente no le dieron armas ni municiones.

Reyes Flores sin duda, pudo haber hecho un mejor papel; súmele que jamás recibió el apoyo del presidente, que, al estilo de la “4T“, todo tiene centralizado, tal es el caso de los programas prioritarios, donde el superdelegado solo hace la labor de “cartero”.

Reyes Flores no tiene facultades para nada, no puede siquiera gestionar que las grandes obras del Programa de Mejoramiento Urbano en las fronteras de Coahuila se ejecuten con empresas coahuilenses, solo le quedó ser un observador, incluso de gestiones digamos pequeñas en otras dependencias.

López Obrador por alguna razón les dio la espalda a sus “hombres de confianza”; los hizo famosos con altas expectativas para después pedirles que hicieran el trabajo duro sin herramientas. Hasta la fecha nadie sabe qué sucedió y porqué cambió de parecer.

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