Una taza y dos de cultura: Hablemos de inclusión

Una taza y dos de cultura: Hablemos de inclusión

Mucho se ha criticado y presentado quejas mediante memes sobre la “cuota de inclusión” que algunas plataformas han abonado a su barra de contenido, tal es el caso de Netflix, donde sus producciones se caracterizan por tener una persona de origen étnico, un miembro de la comunidad LGBT+ o una persona con discapacidad.

Antes de seguir, hablemos de ¿Qué es inclusión? Podemos tener una idea, pero para que nos quede más claro: la inclusión es lograr que todos los individuos o grupos sociales puedan tener las mismas posibilidades y oportunidades para realizarse como individuos, independientemente de sus características, habilidades, discapacidad, cultura o necesidades de atención médica. Así, podemos hablar de inclusión de personas negras o indígenas, mujeres o personas migrantes, entre otras. 

En ese sentido, la idea de inclusión es comúnmente asociada a la inclusión social. Si la sociedad no ofrece las mismas oportunidades y servicios a un sector de la población, no hay inclusión. Por lo tanto, la inclusión va dirigida a garantizar que nadie quede excluido del entramado social.

En los 90’s veíamos algunas transmisiones con un traductor de lenguaje de señas o con subtítulos, eran los pininos de la inclusión por así decirlo.

En el mundo del cine, la inclusión se hace presente, mucho tiene que ver la propia presión de la audiencia. Por ejemplo, año tras año se les había exigido a la Academia (la encargada de los Oscares) que estos galardones presentaran una mayor diversidad, pero la Academia no respondía; dirían las abuelas “se hacía la que no escuchaba”. 

Pero las consecuencias llegaron en el año 2015, cuando se creó el famoso hashtag #OscarsSoWhite (Óscars tan blancos) en un momento en que los miembros de la Academia eran 92% blancos de los cuales 75% eran hombres. Para la edición de 2016 se repitió la situación de que TODAS las personas nominadas en categorías de actuación eran personas blancas, generando una petición de boicot por parte de destacadas personalidades de la industria. 

Después, en el 2017, consiguieron convertir, lo que debía haber supuesto un momento de redención al premiar a Moonlight (una película centrada en un personaje gay afroamericano), en un confuso sainete al anunciar a La La Land como la triunfadora ¿Se acuerdan?. 

En 2019 no hubo presentador para la gala gracias a los tweets homófobos del presentador que habían escogido para la edición. En 2020, edición en la que premiaron por primera vez un largometraje extranjero como mejor película, las nominaciones a la mejor dirección no contaron con ninguna mujer por segundo año consecutivo. 

¿Qué pasa en el caso de la mujer en el cine? Ante la pantalla y en la dualidad simplificada hombre-mujer, de las 100 películas más taquilleras en Estados Unidos en 2019, el 66% de los personajes con diálogo o nombre eran hombres y un 34% mujeres. Solo 14 títulos presentaban un elenco equitativo. 

La diversidad e inclusión es algo por lo que muchos han luchado. Las minorías toman roles más importantes y esto parece no tener nada negativo. Personas que antes no tenían una chance ahora pueden brillar por lo alto. Pero, ¿por qué a muchos les molesta? Quizá porque hoy en el cine más que conocer una historia nos adentramos a un meeting político lleno de sermones.

La realidad es que la industria audiovisual es utilizada como vehículo para propagandas ideológicas y los personajes clásicos deben sucumbir para mostrar identidades distintas en los remakes y, de esta manera, todos vean que la personalidad de ese personaje se adecua a la agenda actual de diversidad.

Si quieres lanzar el mensaje de que las minorías pueden hacer todo lo que haga cualquier otra persona, lo lógico es que también apuestes por ellos para que construyan sus propias franquicias. Aplausos y comentarios positivos de la opinión publica ha recibido Marvel por la incorporación de Tenoch Huerta con un personaje dentro de la nueva película de Black Panther: Wakanda forever”.

Un cambio genuino en la sociedad requiere años, además de una forma ordenada y bien diseñada para lograrlo; sin olvidarnos de la verosimilitud de las historias para no sentir que las películas nos están sermoneando todo el tiempo, separando a héroes y villanos por identidad.

La ficción tiene la responsabilidad de actuar y para ello necesita ampliar su propia diversidad, incluir una pluralidad de voces y fomentar que éstas tengan espacio tanto en el escenario como detrás del telón donde se producen las historias.

La realidad no se reduce a un problema estadístico, sino que se extiende al aspecto de las ficciones que creamos y las sociedades que construimos. Ahora si, pásenme las palomitas para ver películas más inclusivas.

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