Más allá de la muerte: legados familiares

Hasta los objetos más inusuales, tienen historias profundas que contar, los testamentos también son un reflejo de lo que en vida fueron las personas

«Lo mejor que te puedo heredar es la educación», quizá es una frase que muchos hemos escuchado, ya sea de índole moral o académica; creo que la mayoría de las personas podemos esperar esto. Habrá quienes tendrán la buena o mala suerte (dependiendo del punto de vista) de recibir una fortuna, probablemente un terreno, ahorros o alguna posesión preciada de la familia.

Las herencias en la actualidad ya no son como antes, al igual que nosotros y la sociedad; no es que ahora sean mejores o peores, simplemente son diferentes. Y no se confundan, mis queridos lectores, porque aunque hablaré de historia, no les contaré nada acerca de lo que heredaron los Purcell o lo que dejó Urdiñola. En lugar de eso, les hablaré de algo tan simple, tan trivial y tan sencillo, pero que en su momento fue lo más valioso que alguien pudo tener para su bienestar: unos calzones.

Lo único que no ha cambiado es la manera de repartir los bienes materiales, ya que cada individuo decide qué legar a quién.

EL ARTE DE TESTAR

Los testamentos son, en esencia, una expresión de la voluntad de quienes están a punto de partir. Estos documentos sirven como testigos de los deseos del fallecido y, en última instancia, determinan el destino de sus posesiones. En una época en la que la palabra escrita tenía un poder significativo, un testamento bien redactado y correctamente ejecutado era esencial para garantizar que la voluntad del testador se cumpliera.

En el corazón del norte de México, en el pintoresco Saltillo, se encuentra una rica colección de testamentos que arroja luz sobre la historia, la vida y la muerte de sus habitantes a lo largo de los siglos. Cada uno de estos documentos se convierte en un testimonio de la experiencia humana, un vistazo a las alegrías y tristezas de generaciones pasadas que poblaron esta región. Los testamentos no son simplemente transacciones legales, sino narraciones de historias individuales y colectivas, y una ventana hacia la forma en que las personas de Saltillo enfrentaban la vida y la muerte.

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La visión de la vida en los testamentos refleja la perspectiva cristiana tradicional de que la vida es efímera. Los testadores eran conscientes de la fugacidad de la vida y se preparaban para el viaje hacia el más allá. Cada vida individual es única y significativa, y, aunque pueda parecer efímera desde una perspectiva cósmica, es valiosa en sí misma. Los testamentos, a menudo dictados en el lecho de muerte, están llenos de vitalidad y, en algunos casos, destacan los conflictos, las divisiones familiares y los logros personales, como la adquisición de propiedades, la construcción de casas o la acumulación de fortuna.

Testar era un acto minucioso que implicaba la determinación de un destino para cada posesión. Los testadores dejaban sus bienes a herederos, a la Iglesia o cofradías, y esta distribución revelaba la jerarquía de valores de la época. La propiedad personal de los bienes se transfería cuidadosamente, y se tomaban medidas para asegurarse de que el fallecido no quedara en deuda en el más allá. Los beneficiarios agradecidos se esforzaban por cumplir la voluntad de sus antepasados, liquidando deudas y gastos relacionados con el funeral. La minuciosidad de estos registros a menudo se demuestra con la inclusión de numerosas constancias de pagos en los documentos.

LA DIVERSIDAD EN SALTILLO: ESPAÑOLES, INDÍGENAS Y MÁS

Saltillo, San Esteban y las áreas circundantes eran hogar de una población diversa en términos de etnia y origen. Desde el siglo XVII, la región vio la llegada de esclavos negros que se mezclaron con los grupos indígenas y españoles, creando una sociedad en la que se destacaban las personas de diversas «castas» como mulatos, coyotes, chamisos, lobos, castizos, moriscos, entre otros. 

Aunque la mayoría de los testamentos no revelan directamente el origen étnico, algunos de ellos fueron dictados por personas de ascendencia africana, que eran libertos, es decir, personas que habían obtenido su libertad. Esto agrega una capa de complejidad a la genealogía de la región, ya que las personas de ascendencia africana a menudo no registraban su origen con tanto detalle.

Resulta interesante notar que la mayoría de los testamentos de Saltillo no pertenecen a los habitantes de la ciudad ni se dictaron en ese lugar. En cambio, muchos de estos documentos provienen de San Esteban, un pueblo indígena cercano a Saltillo que fue fundado en 1591. San Esteban operaba bajo un régimen jurídico diferente al de la villa de Santiago del Saltillo, ya que estaba directamente bajo la autoridad del Virrey y tenía su propio sistema legal y archivo. Esta distinción legal se debe a la diversidad y complejidad de la población de la región.

HEREDANDO MUEBLES VIVIENTES

La historia de «La Bella y la Bestia» nos ofrece una metáfora poderosa para entender cómo, en la antigüedad, las personas esclavizadas eran despojadas de su humanidad y consideradas meros enseres domésticos, tan despersonalizados como los muebles que llenaban las estancias del castillo encantado.

No estoy divagando ni me estoy aventurando en una narrativa al estilo de «La Bella y la Bestia», al menos no de manera literal, pero de alguna manera, sí lo estoy haciendo. Estoy hablando de muebles vivientes. No es raro encontrar en los antiguos testamentos de personas de clase «acomodada» menciones de utensilios de cocina, prendas de vestir y «muebles» o «semovientes». Ahora bien, podrían pensar: «¿Estoy dejando en herencia mi cómodo sillón de casa?» Pero no, señores. En aquellos tiempos, un «mueble» era una persona.

Así es, si hojeamos los registros de testamentos antiguos, encontraremos numerosas menciones de «muebles» heredados que son en realidad «hijos de alguien». Estos «muebles» o «semovientes», como solían ser llamados, eran, de hecho, esclavos. 

Por lo general, los esclavos se adquirían a través de transacciones de compraventa, pero también se heredaban, tanto los esclavos mismos como sus dueños. Es decir, si tenías un esclavo y ese esclavo tenía hijos, por derecho, esos niños también se convertían en tus esclavos. Sin embargo, el dueño tenía la decisión de heredar o liberar a sus esclavos, aunque la situación de los hijos de los esclavos no estaba del todo en sus manos. En otras palabras, sí, por actos de caridad, amor y fidelidad, se podía liberar a los hijos de los esclavos, pero este era un asunto que, al menos por hoy, dejaremos de lado.

¿HEREDAR EL SUÉTER DE TU HERMANA? ¡QUÉ PESADILLA! ¿ALGO MÁS?

Si eres de las personas que hacen un escándalo por usar ropa heredada, quizá esta costumbre no te gustaría. Aunque en la actualidad adquirir ropa nueva a menudo parece innecesario, en tiempos pasados, comprar ropa nueva era un lujo que no todos podían permitirse. Fabricar telas, cortar y confeccionar prendas era un proceso costoso, lo que hacía que incluso la ropa interior fuera heredada de generación en generación.

En los antiguos testamentos, es común encontrar menciones de la herencia de «interiores», y sí, estás pensando correctamente, en aquel entonces, los calzones también se heredaban. Por ejemplo, en un testamento de 1608, encontramos: «Declaro que tengo dos cajas de madera con ropa blanca y otras cosas de mi vestir, así como otras menudencias de casa y tienda, leña y carbón, de las cuales mis albaceas harán un inventario posteriormente», (Testamento de María de Morales, México, 1608).

Un aspecto fundamental a tener en cuenta es el estado en el que se encontraban los bienes heredados. Esta descripción es crucial a la hora de evaluar los objetos, por lo tanto, en la documentación de la época, podemos encontrar un amplio repertorio de adjetivos que designan, por un lado, un buen estado de conservación, como «nuevo» o «sano», y por otro lado, un marcado deterioro, con términos como «acuchillado», «apolillado», «cojo», «cortado», «deshilado», «gastado», «inservible», «inútil», «maltratado», «manco», «picado», «podrido», «quebrado», «raído», «rancio», «remendado», «repulgado», «roto», «rozado», «traído», «usado» o «viejo». También se utilizan expresiones como «bien tratado», «casi nuevo», «mediado de uso» o «sin estrenar» para describir el estado de los objetos. En algunos casos, se encuentran objetos inacabados o en proceso de reparación en los registros de herencia.

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Los testamentos de Saltillo ofrecen una ventana a la vida y la muerte de generaciones pasadas. A través de estos documentos, podemos vislumbrar los miedos, las esperanzas y las creencias de las personas que vivieron en la región. A pesar de las diferencias culturales y de tiempo, encontramos similitudes en la reflexión sobre la vida y la muerte. Como lo expresó el filósofo Michel Foucault, la cercanía de la muerte nos lleva a repensar la vida y valorar cada una de nuestras acciones. 

A través de los testamentos de Saltillo, podemos explorar la vida y la muerte de generaciones pasadas y reflexionar sobre nuestras propias vidas y legados. Estos documentos no solo son testigos de transacciones legales, sino también de las historias de personas que, aunque puedan haberse convertido en «fantasmas» en el sentido histórico, siguen vivas a través de sus palabras y deseos plasmados en el papel.

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