¿446 años de Saltillo? Estos son algunos datos que quizá no conocías

Cada 25 de julio se celebra el aniversario de la fundación de Saltillo, este tradicional festejo empieza con las mañanitas

«Estas son las mañanitas que cantaba el rey David hoy por ser ¿tu cumpleaños?»… El 25 de julio de cada año se celebra el aniversario de la fundación de Saltillo, pero realmente no existe una fecha exacta, ningún papel y ningún documento que avale tanto la fecha como la edad del terruño. Sin embargo, sumándonos a las celebraciones aquí te dejaremos varios datos curiosos que quizá no te sepas de la historia de nuestra capital.

¿Cuándo se fundó Saltillo?

Según los sabios Vito Alessio Robles y Fray de Torquemada, las crónicas antiguas que mencionan a Saltillo no decían nada sobre su origen ni el nombre del valiente fundador. ¡Vaya enigma! Ni siquiera Francisco de Urdiñola, que durante mucho tiempo se creyó responsable, tuvo el honor de tal hazaña.

¿Y qué sucedió con los documentos históricos? ¡Ah, triste destino! Un incendio devoró el Archivo del Ayuntamiento en 1669, llevando consigo valiosos secretos. Las primeras actas parroquiales, por su parte, decidieron esperar hasta 1684. ¡Qué bien guardados querían mantener sus inicios!

El cronista Pedro Fuentes, quien era párroco y escriba, dejó algunas pistas sobre la historia ancestral de Saltillo, pero aún así, todo estaba lleno de misterios y enigmas por resolver.

Curiosamente, un tal Regino F. Ramón tuvo una brillante idea: decidió inventar la fecha del 25 de julio de 1555 para marcar el supuesto inicio de la ciudad. Y, por si fuera poco, Alfredo Breceda retomó la versión y agregó que, en 1674, los padres Cruz, Larios y San Buenaventura le otorgaron el nombre de Saltillo. ¡Qué imaginación tan desbordante!

Sin embargo, los documentos más antiguos que mencionan a Saltillo, esparcidos en diferentes provincias, revelan que en 1578 la Villa ya estaba en pie, y fue entonces cuando Vito Alessio Robles, con toda su sabiduría, hizo uso de compulsa, análisis y hermenéutica para establecer la fecha más cercana a la posible fundación: el 25 de julio de 1575. Aunque, eso sí, dejó claro que la verdadera fecha seguía siendo un enigma sin resolver.

Hay que dar un “Saltillo”

Y a todo esto, ¿por qué nos llamamos Saltillo? Hay diferentes versiones que hacen referencia al nombre, unas menos creíbles que otras, pero eso sí, todas involucran agua. Seguramente la que sí conoces es que cuando Alberto del Canto (a quien se le atribuye ahora la fundación), llegó aquí por donde ahora es el Ojo de Agua, y al ver que para poder cruzar y seguir su camino, pasaban por este «salto de agua», que no era tan grande, lo llamó «Saltillo», así es, un saltito pequeño. Luego, ¿por qué dicen que los saltillenses hablamos minimizando todo, verdad?

Otras versiones mencionan que cuando finalmente, tras las expediciones, decidieron empezar a poblar el territorio, al ir por las familias estas preguntaban si estaba muy lejos, a lo que los soldados respondían «está a un salto», es decir, muy cerca. Y pues entre broma y broma, a algún gracioso le pareció buena idea decir «está a un Saltillo», y de tanto mencionarlo, así se le quedó el nombre, ¿será?

Otra versión menciona que en realidad este nombre tiene su origen en el chichimeco y quiere decir «Tierra alta de muchas aguas», y es que en ese entonces el terruño estaba rodeado de manantiales de los que ahora sólo resuenan los nombres como La Aurora, La Hibernia, La Nogalera de Arizpe y La Libertad.

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La palabra que en realidad era Xalahcoatillatl se deriva de un compuesto de las palabras Xalli que es arena y Tlal o Tlalli que es agua, que probablemente después fonéticamente se deformó como Tlalacotillan. Y aunque parezca un poco forzado, mencionan que de ahí viene la palabra Saltillo. No es tan loco pensarlo, ya que los españoles deformaban la fonética de los nombres indígenas a lo que ellos entendían o ya conocían, cómo lo hicieron con Cuaubnahuac a Cuernavaca y Atlacuihuayan en Tacubaya.

Y bueno, es que al final, no somos el único Saltillo. En Andalucía, España, existe «Puntas del Saltillo», cuya fundación es anterior a la de nuestra querida matria. Al inicio, este lugar fue conocido como «Villa de Santiago del Saltillo«, un nombre largo y bonito que contaba la historia de su origen; sin embargo, con el pasar del tiempo, esta región atrajo otros nombres a su encanto.

Luego de la consumación de la Independencia, en 1821, la ciudad decidió dejar atrás su largo nombre y abrazar un nuevo nombre: «Leona Vicario», y el vecino pueblo de «San Esteban de la Nueva Tlaxcala» también se transformó en «Villa Login», así, ambos nombres brillaron en el horizonte durante seis años.

Pero el destino tenía otros planes para estos poblados. Finalmente, sus caminos se unieron en una sola fusión, bajo un nombre que ahora todos conocemos y amamos.

Ir al centro no existía 

Las nuevas generaciones quizá tomen en cuenta otros lugares de la ciudad para ir a pasear como cines, plazas comerciales, otros parques antes que pensar en el Centro de Saltillo; sin embargo, unas cuántas generaciones atrás aún veían como una opción “ir al Centro” como paseo o simplemente de compras.

Pero cuando nuestra ciudad se fundó literalmente sí era un Saltillo y es que no abarcaba todo el territorio que actualmente ocupa. Según Vito Alessio Robles, Francisco de Urdiñola llegó y clavó una cruz en el lugar que hoy ocupa la majestuosa catedral de la ciudad. Fue alrededor de esta cruz que comenzaron a construir lo que se convertiría en la Villa de Santiago de Saltillo. Las casas reales se alinearon alrededor de la plaza principal, que hoy todos conocemos como la Plaza de Armas.

La mancha urbana de Saltillo en aquellos tiempos se extendía sólo hasta la calle de Aldama, pues una acequia separaba el territorio de San Esteban de la Nueva Tlaxcala; sin embargo, poco a poco, Saltillo se expandió más allá de sus límites originales.

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A medida que el tiempo avanzaba, la calle nueva, hoy conocida como Hidalgo, se sumaba al crecimiento de la ciudad. En 1591, junto a Saltillo, nació la población de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, que ocupaba el espacio desde la calle de Aldama hacia la Alameda.

Pero el verdadero auge llegó en 1902, cuando el territorio de Saltillo se limitaba a lo que hoy conforma nuestro pintoresco Centro Histórico; sin embargo, en 1919, Saltillo y San Esteban de la Nueva Tlaxcala ya se habían unido, y la ciudad había crecido de manera considerable, expandiéndose hacia ambos lados.

Y así, querido lector, Saltillo ha vivido una historia de crecimiento y transformación a lo largo de los años, desde su humilde inicio alrededor de una cruz hasta convertirse en la ciudad que vemos hoy, Saltillo sigue siendo un lugar lleno de encanto y misterio que continúa escribiendo su leyenda. 

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