2 de octubre, en 56 años, ¿qué hemos aprendido?

Hoy la plaza amaneció custodiada por militares / Foto: Jesús Díaz

Si Gobierno y sociedad trabajamos juntos, no habría necesidad de manifestaciones.

¿En qué piensas cuando escuchas “2 de octubre”?

Seguramente piensas en la “Matanza de Tlatelolco”, hecho que se dio en 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en la Ciudad de México. Donde un importante grupo de manifestantes, que en su mayoría eran estudiantes, demandaban importantes cambios sociales. 

Estas manifestaciones que iban en contra de acciones que el Gobierno del momento había estado instrumentando, tenían una variable adicional: México estaba próximo a recibir visitantes de todo el mundo pues estaban por iniciar las Olimpiadas. Lo cual política, económica y socialmente eran una fuerte presión; podemos imaginarnos, no sólo como Gobierno, sino como ciudadanos qué “bienvenida” podríamos brindar a visitantes de todos los países del mundo con una situación tan compleja como la que se estaba viviendo.  

Pero muy desafortunadamente la forma en la que se decidió neutralizar las protestas fue a través de abrir fuego contra los jóvenes, lo que desencadenó la conocida matanza.

56 AÑOS DE HISTORIA

Este hecho ha sido analizado durante 56 años, generando muy diversas interpretaciones y explicaciones; sin embargo, creo que debemos de seguir haciéndolo presente y reflexionar en torno a nuestra participación como ciudadanos. Pero también y principalmente, en torno a nuestra labor -como padres y como docentes- en la formación de ciudadanos. 

¿Y qué aprendizajes podemos derivar de este hecho? ¿Cómo debe este hecho inspirarnos?

Primeramente, considero que el aprendizaje de la historia adquiere o debe adquirir  una nueva dimensión.  Como educadores, se nos complica en ocasiones motivar a los estudiantes a adentrarse en hechos que se dieron en el pasado y que ven muy lejanos. 

Tenemos el reto de llevarlos en un viaje en el tiempo para que puedan realmente analizar qué situaciones fueron el origen de hechos como la Matanza de Tlatelolco y qué consecuencias se dieron a partir de ello. Si bien no es lo mismo hablar de algo que sucedió hace 200 años o de un hecho que se dio cuando algunos de nosotros ya vivíamos, el reto que tenemos como docentes es compartir y contagiar el interés de entender lo que sucedió para darle sentido y evitar que se repitan los mismos errores.

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Segundo, es fundamental formar en las escuelas a los ciudadanos que queremos para nuestra comunidad. ¿Qué valores deben demostrar? ¿Qué comportamientos se espera de ellos? Educamos tanto a potenciales “manifestantes” como a los observadores, pero también a los negociadores y “tomadores de decisiones”. 

Bajo esta perspectiva, ¿Qué les estamos enseñando? ¿A comunicar sus inquietudes, necesidades e incluso molestias de forma asertiva? Y por otro lado, ¿a escuchar diferentes perspectivas y empatizar? ¿A entender (no necesariamente aceptar) las demandas de otras personas? ¿Les enseñamos a escucharse y respetarse? 

En las escuelas y colegios debemos enseñar a los niños y jóvenes, desde que son chicos, a entender los derechos humanos. A asumir una responsabilidad cívica y a promover una convivencia basada en la equidad y respeto mutuo.  Los niños y jóvenes deben también aprender a expresarse de forma asertiva, con fundamentos y utilizando los canales y momentos adecuados. Pero también por otro lado las personas debemos aprender a escuchar y aceptar que puede haber diferentes perspectivas de una misma situación y que la gran mayoría de las veces la solución no debe polarizarse, sino que se encuentra a mitad de camino, donde ambas partes se beneficien.

VALORES PARA PREVENIR

La enseñanza de los valores también tiene una gran importancia, pues los niños desde pequeños deben aprender a valorar la dignidad. Tanto la propia como la de los demás, como ese valor y cualidad único, inherente a nuestra naturaleza humana y que nos distingue como seres humanos. 

Todos tenemos un valor intrínseco que es personal e irremplazable y por tanto debe respetarse. Pero para respetar a otros debemos aprender a respetarnos a nosotros mismos, a entendernos y entender la diversidad de nuestro entorno, de manera que seamos empáticos y también reconozcamos el valor y fortalezas de otros, y cuando podemos recibir ayuda de los demás.

La autonomía  es otro de los valores que debemos fomentar. En el sentido de  la libertad responsable para lograr nuestros objetivos, diferenciando cuando debemos resolver los retos con nuestros propios recursos y cuando necesitamos aliarnos para dar o recibir ayuda. 

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Este valor está estrechamente relacionado con la gestión de nuestras emociones; es decir con la capacidad de no perder el control y dirigir nuestra voluntad de forma positiva. Implica también entender y valorar nuestra inteligencia y valorarla como una herramienta poderosa para adaptarnos a los cambios, atender los retos y resolver problemas.

Y por último, trabajar el valor de la verdad. Es decir aprender a ser auténticos y vivir conforme a nuestras creencias, pero que estas creencias estén alineadas a los valores universales y al bien común.

Desde esta perspectiva, si Gobierno y ciudadanos conjuntamos esfuerzos en una misma línea y con una visión común, fortaleciendo los mismos valores y, principalmente, trabajando efectivamente por el bien común, ¿sería necesario que nuevamente un grupo de estudiantes tuviera que manifestarse? 

Y si así lo hicieran, ¿cuál sería nuestra respuesta?

Confío en que fuera una MUY DIFERENTE.

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