
El proceso de lucha de independencia no se dio igual en todo el país ¿Te has preguntado que pasó en Saltillo en la independencia?
Corrían los años de 1800, cuando en la capital de la Nueva España se empezaban a cocer los albores de lo que sería la Independencia. Mientras tanto en la Villa de Santiago de Saltillo, lejos de aquellos problemas que abatían a la actual capital, la vida transcurría con la tranquilidad que se podía tener a escasos 200 años de haberse fundado… ¿Quién podría que esta pequeña villa, la hoy capital de Coahuila 10 años después sería el primer ayuntamiento en México en declarar su independencia en el país?
Para ese entonces, Saltillo era uno de los puntos comerciales más importantes del noreste novohispano. Durante la feria llegaban comerciantes de todos los lugares, trayendo productos para intercambiar y vender. La gente en Saltillo se dedicaba a la agricultura, la ganadería y el comercio, era una villa muy tranquila.
Durante los primeros años de este periodo, los problemas más grande a los que se enfrentaron los santiagosaltillenses rondaban entre la falta de una escuela para educar a sus hijos y las rencillas entre tlaxcaltecas y españoles. Por lo que en 1809 varios vecinos de las grandes elites se organizaron para pagarle al presbítero Ignacio Noriega para instruir a sus hijos. Les enseñaba a leer, escribir, matemáticas y doctrina católica. Mientras que las rencillas entre tlaxcaltecas y españoles, se resolvían a través del cabildo y la vida seguía su curso en total paz.
Inicio la independencia
Una vez que estalló el movimiento encabezado por Hidalgo, las noticias tardaron en llegar a las partes más lejanas de la capital. A Saltillo la noticia llegó con la feria el 23 de septiembre, en ese momento, la Iglesia y el gobierno declararon su lealtad al Rey. Además el obispo de Linares (jurisdicción a la que pertenecía la Iglesia en Saltillo) envió una carta a todos los feligreses donde amenazaba con excomulgar a quien apoyara “a los rebeldes”.
De este modo las pocas noticias que llegaban desde la capital, eran a través de la Iglesia. Por ejemplo, años más adelante (1812), llegó tanto a la parroquia (ahora catedral) y a San Esteban, la orden de que todos los feligreses debían jurar lealtad a la Constitución de Cádiz , de no hacerlo serían excomulgados.
Volvamos al momento del estallido de la sublevación: En Querétaro la conspiración fue descubierta, Hidalgo y sus aliados se levantaron en armas y los saltillenses lo supieron semanas más adelante.
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Los santiagosaltillenses y los tlaxcaltecas no podían apoyar la causa por riesgo a ser excomulgados. Hasta ese momento no dimensionaban la magnitud de “la rebelión de Hidalgo”. Sin embargo, este ya tenía un plan y comisionó a Mariano Jiménez para visitar el norte y convencer a los habitantes, a los gobiernos y la Iglesia de unirse a los rebeldes.
Jiménez salió de Matehuala en dirección a Saltillo el 28 de diciembre de 1810, pero no contaba con que el gobernador ya estaba preparado con el ejército realista para detenerlo. En el camino se enfrentó a los realistas, sin embargo, tras varios días de lucha, los realistas desertaron y se unieron a Jiménez y el ejército insurgente (es decir, a quienes apoyaban la rebelión).
Con esto, Saltillo empezó a figurar en el movimiento independentista, pues el gobernador fue aprehendido por Jiménez y su ejército el 8 de enero del año siguiente. En ese entonces nombró como nuevo gobernador a Pedro Aranda. Tras esto la lucha continuó en el norte e incluso un coronel realista, Manuel de Ochoa había sido enviado a Coahuila a sofocar el movimiento, pero fue derrotado.
Miguel Hidalgo en Saltillo…
Para febrero en Saltillo ya apoyaban el movimiento insurgente y el 24 de ese mes Ignacio Allende llegó a la villa, días más adelante arribó Hidalgo. Cuentan que se hospedó en la esquina de Hidalgo y Aldama donde ahora es funerarias Martínez, pero eso, es otra historia…
Volviendo al relato: Hidalgo y Allende llegaron a Saltillo, aquí tomaron una importante decisión. Y es que tenían que decidir quién estaría al mando mientras Hidalgo emprendía su viaje en busca de armas. El 15 de marzo en la hacienda de Buena Vista (hoy la UAAAN) decidieron que quedaría a cargo Ignacio Rayón y José María Liceaga. Luego de esto partieron de Saltillo el 16 de marzo de 1811 rumbo a su trágico destino sin saberlo, pues sería capturado meses más adelante en Acatita de Baján…

Mientras tanto en Saltillo
No nos centraremos en Hidalgo por ahora, sino en lo que sucedió en Saltillo tras su partida. A Ignacio Rayón le presentaron al jefe insurgente Rafael Irriate, quien se suponía era de los más capaces. Sin embargo, fue sospechoso de traición pues tras el arresto en Acatita fue el único que logró escapar. Razón por la cual creyeron que quizá pudo haber sido parte de quienes tendieron la trampa, esto y su ambición le costaron la vida al disparo de fusiles.
Rayón estuvo en Saltillo hasta marzo cuando partió hacía Zacatecas, durante el tiempo que estuvo fuera de la villa fue perseguido por los realistas. Finalmente decidió enfrentarse a ellos el 10 de abril junto con el sacerdote José Antonio Torres, Villalogín y los hermanos Rayón obteniendo la victoria.
Sin embargo, al retirarse las fuerzas insurgentes hacía el sur de la Nueva España, en Saltillo volvió a tomar poder el ejército realista y quienes apoyaban a la corona española. Situación que persistió hasta 1821 cuando finalizó la guerra. Quedó a cargo de Saltillo el brigadier Joaquín Arredondo quien fue nombrado comandante de las provincias internas.
Fin de la guerra…
Cuando finalizó la guerra difundieron el Plan de Iguala que a la letra decía:
“…. Al frente de un ejército valiente y resuelto he proclamado la independencia de la América Septentrional. Es ya libre, es ya señora de sí misma, ya no reconoce ni depende de la España ni de otra nación alguna. Saludadla todos como independientes, y sean vuestros corazones bizarros los que sostengan esta dulce voz, unidos con las tropas que han resuelto morir antes que separarse de tan heroica empresa…”
Esta carta magna que cerraba con las palabras “: ¡Viva la religión santa que profesamos! ¡Viva la América Septentrional, independiente de todas las naciones del globo! ¡Viva la unión que hizo nuestra felicidad!” pareciera darnos el final feliz… Sin embargo, Arredondo se declaró fiel a la corona española.
Pero como es de saberse los Saltillenses jamás han sido dejados y combatieron a las fuerzas que Arredondo envió para aplacar a los simpatizantes de la independencia. Por lo que el 10 de julio de 1821 comandados por Pedro Lemus y José Marcelino convocaron al ayuntamiento. Proclamaron la independencia de la ciudad, siendo Saltillo la primera ciudad independiente del régimen español.
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Arredondo al verse derrotado intentó retomar el poder pero los santiagosaltillenses no lo aceptaron. Finalmente convocaron a una junta de gobierno quedando a cargo Francisco Antonio de Iturbide y como secretario José Joaquín de Arce Rosales. Además se integraron Pedro Lemus, Juan Nepomuceno de la Peña, Rafael Ramos, José de Letona, José Ignacio Arizpe, Juan Martínez y Juan Gonzales.
Y así, Saltillo reconoció a la América Septentrional independiente. La historia no termina aquí, pero el resto se los contaré en otro momento…
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