

La orden de Trump presiona a los aliados energéticos de Cuba y amenaza con agravar la crisis eléctrica.
La orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que autoriza la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, coloca a la isla en una situación aún más delicada. La medida llega en medio de apagones prolongados, escasez de combustible y una economía que depende del crudo importado para mantener en funcionamiento su sistema eléctrico.
Un sistema eléctrico al límite
Cuba necesita alrededor de 110 mil barriles diarios para cubrir su demanda energética. Sin embargo, solo un poco más de 40 mil se producen localmente, lo que obliga al país a depender de importaciones constantes. La falta de divisas ha vuelto inestable ese flujo y ha intensificado los cortes de electricidad, que en varias regiones superan 20 horas al día.
Las termoeléctricas, que consumen cerca del 65% del combustible, operan con infraestructura obsoleta, con más de cuatro décadas de uso, según datos oficiales citados por el Instituto de Energía de la Universidad de Texas.
Los aliados bajo presión
Ante la caída del suministro venezolano, la red de apoyos energéticos de La Habana se ha reducido. En 2025, Venezuela envió unos 27 mil barriles diarios, mientras que Rusia aportó alrededor de seis mil. El resto provino, de forma variable, de México.
La orden de Trump no apunta directamente a Cuba, sino a sus proveedores, lo que introduce un factor de riesgo para los países que mantienen vínculos energéticos con la isla y que podrían enfrentar sanciones comerciales por parte de Washington.
México, en el centro del debate
El papel de México ha cobrado relevancia tras el aumento de envíos de combustible a Cuba en años recientes. La presidenta Claudia Sheinbaum no ha confirmado ni negado el suministro de crudo por parte de Pemex, aunque sí ha señalado que continuará la ayuda humanitaria y que se evaluará cualquier solicitud de las autoridades cubanas.
La presión estadounidense coincide con la revisión del acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, lo que añade un componente económico y diplomático a la relación energética con La Habana.
El costo de un nuevo recorte
De acuerdo con un estudio del economista Miguel Alejandro Hayes, una reducción del 30% en la disponibilidad de combustible tendría efectos inmediatos: una caída del 27% del PIB, un alza del 60% en los precios de los alimentos, incrementos del 75% en el transporte y una contracción del 30% en el consumo de los hogares.
Investigaciones de The New York Times también han documentado que, en el pasado, Cuba llegó a revender parte del petróleo recibido para obtener divisas ante el desplome del turismo y las remesas.
La orden ejecutiva de Trump no es solo una advertencia política, sino un factor que puede redefinir el frágil equilibrio energético de Cuba. Si los aliados reducen o suspenden el suministro para evitar sanciones, el impacto se reflejará de inmediato en la electricidad, los precios y la vida cotidiana de millones de personas.
¿Crees que la isla tiene margen para sostener su economía en este escenario? Déjanos tu opinión en los comentarios.
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