Febrero 2026 en la IA: nuevos modelos, agentes de escritorio y una advertencia viral

El proyecto OpenClaw. 
El proyecto OpenClaw. 

El mes de febrero está trayendo temas muy interesantes para el ecosistema de la IA. En estos días están saliendo nuevos modelos; como GPT 5.2 y Claude Opus 4.6, ambos con capacidades mejoradas de escritura de código. En el terreno de la producción audiovisual, Google Genie permite a sus usuarios recrear escenarios 3D a partir de imágenes, con claras implicaciones en el mundo de los videojuegos, mientras la empresa china Seedance mostró increíbles escenas de cine generadas por su modelo de generación de video.

Desempeño de los modelos en el benchmark del Humanity Last Exam (HLE). Al 13 de febrero del 2026, el modelo con mayor puntaje es Gemini 3 pro de Google (38.3%). Fuente. https://agi.safe.ai 

Se presentó OpenClaw, un proyecto de código abierto creado por el desarrollador austriaco Peter Steinberger que permite a modelos de inteligencia artificial tomar el control de una computadora para realizar diversas tareas, como enviar correos y mensajes, programar automatizaciones, atender clientes, hacer compras en línea, gestionar archivos, tomar fotografías o acceder a otros dispositivos dentro de la red local.  El proyecto, que ya acumula más de 130,000 estrellas en GitHub, funciona como un asistente personal que se conecta a las aplicaciones de mensajería que ya usamos (WhatsApp, Telegram, Slack, Discord o Signal) y ejecuta tareas de forma autónoma, incluso cuando no estamos frente a la pantalla. 

Esto, junto con el lanzamiento de Claude Cowork, un agente de Anthropic diseñado para que cualquier persona pueda automatizar tareas desde el escritorio sin necesidad de saber programar, confirma una tendencia clara: la próxima gran frontera de la inteligencia artificial no está en la nube ni en el navegador, sino en nuestra propia computadora y en las tareas cotidianas de la oficina.

Personalmente, he probado ambas herramientas, con sus debidas precauciones, y si bien no les he podido sacar tanto provecho como afirman sus entusiastas promotores en redes sociales (además de que me gané un regaño por andar instalando programas potencialmente peligrosos en la computadora), creo que constituyen opciones interesantes para quienes quieran experimentar con nuevas aplicaciones de IA. Sobre todo, sirven como una ventana hacia lo que los sistemas de inteligencia artificial serán capaces de hacer en unos meses.

Darle tanto control de una computadora a la IA podría parecer peligroso, y en efecto, lo es. En apenas unas semanas, OpenClaw se ha convertido en lo que investigadores de ciberseguridad han calificado como una pesadilla global de seguridad. Un análisis de SecurityScorecard detectó más de 135,000 instancias de OpenClaw expuestas en internet, muchas sin ningún tipo de autenticación. El investigador Jamieson O’Reilly demostró que podía acceder a claves de API, tokens de Telegram, cuentas de Slack y meses completos de historiales de conversación de usuarios desprotegidos; incluso logró ejecutar comandos con privilegios de administrador en sus computadoras. Por otra parte, investigadores de Koi Security y Snyk encontraron cientos de complementos maliciosos en ClawHub, la tienda oficial de extensiones de OpenClaw, que se hacían pasar por herramientas legítimas de criptomonedas o productividad, pero que en realidad instalaban malware diseñado para robar contraseñas de navegadores, claves de billeteras digitales, credenciales SSH y datos bancarios. Quizá el caso más alarmante fue el de un complemento llamado «buy-anything», que instruía al agente a recopilar números de tarjetas de crédito y códigos de seguridad para realizar compras en Amazon, exponiendo la información financiera del usuario en texto plano dentro de los registros del sistema. Resultó que darle una tarjeta bancaria a una IA no fue tan buena idea para muchas personas.

Pero una de las noticias más virales de los últimos días no fue un modelo ni un nuevo robot autónomo, sino un ensayo de casi 5,000 palabras escrito por Matt Shumer, CEO de OthersideAI titulado «Something Big Is Happening» y publicado en la red social X el pasado 10 de febrero. El texto, que acumuló más de 75 millones de vistas y 34,000 reposteos en pocos días, fue escrito con una intención muy clara: no para la comunidad tecnológica, sino para sus amigos, familiares y todas aquellas personas que le seguían preguntando «¿qué onda con la IA?» sin obtener una respuesta que hiciera justicia a lo que realmente está pasando. 

En el ensayo, Shumer admite que el ya no es necesario para el trabajo técnico de su propia empresa, y que los modelos más recientes no solo ejecutan instrucciones, sino que muestran algo que se siente como criterio propio. Pero lo verdaderamente preocupante, según el autor, no es la capacidad de la IA en sí misma, sino la desconexión entre quienes trabajan con estas herramientas a diario y quienes aún las desestiman basándose en una experiencia con una versión temprana de ChatGPT.

Shumer comparó el momento actual de la IA con febrero de 2020: la bolsa iba bien, los niños iban a la escuela, la gente iba a restaurantes y planeaba vacaciones, mientras unas pocas personas hablaban de un virus que se propagaba en China. Tres semanas después, el mundo entero cambió. Para Shumer, nos encontramos en esa misma fase de algo que, según sus palabras, será mucho más grande que el COVID. 

Además, el autor enfatiza que quienes trabajan en tecnología no están haciendo predicciones, sino describiendo lo que ya les ocurrió en sus propios empleos. Y no es el único: en su ensayo cita al CEO de Anthropic, Dario Amodei, quien ha predicho públicamente que la IA eliminará el 50% de los trabajos de oficina de nivel inicial en un plazo de uno a cinco años

Como mencioné en mi artículo de la semana pasada, «¿Mi trabajo está en peligro por la IA?», las personas en campos como la ingeniería de software, el análisis de datos o la programación están siendo las primeras en experimentar esta transformación. Vale la pena escuchar a estos expertos cuando empiezan a notar estas tendencias, porque como advierte Shumer, lo que les pasó a ellos es una señal de lo que viene para los demás.

Hacia el final de su ensayo, Shumer ofrece seis consejos concretos para quienes quieran prepararse. El primero: este podría ser el año más importante de tu carrera, porque existe una breve ventana en la que la mayoría de las empresas aún están ignorando la IA, y quien llegue primero tendrá una ventaja significativa. El segundo: deja el ego de lado; quienes se resistan a usar estas herramientas por orgullo profesional serán los primeros en quedarse atrás. El tercero: pon tus finanzas en orden, evita endeudarte asumiendo que tus ingresos actuales están garantizados. El cuarto: evalúa tu situación actual y muévete hacia aquello que es más difícil de reemplazar, como las relaciones de confianza o las responsabilidades que requieren presencia física. El quinto: replantea lo que les dices a tus hijos y cómo la IA podría afectar su futuro. Y el sexto: construye el hábito de la adaptación, porque los modelos de IA evolucionan con tanta rapidez que la capacidad de aprender continuamente será más valiosa que cualquier habilidad específica.

El ensayo generó miles de reacciones tanto de apoyo como de rechazo. Quienes lo respaldaron fueron, en su mayoría, personas que ya usan estas herramientas a diario y que por fin encontraron un texto lo suficientemente claro como para compartirlo con sus seres queridos: el cofundador de Reddit, Alexis Ohanian, respondió con un escueto «gran texto, totalmente de acuerdo». Pero las críticas llegaron desde varios frentes. Algunos ni siquiera se molestaron en leerlo: Jeffrey Bilbro, editor de Front Porch Republic, lo descartó como «ensalada de palabras generada por IA, publicada por alguien con un interés directo en inflar las expectativas», y Kotaku confirmó que el ensayo fue escrito con ayuda de inteligencia artificial, lo cual para muchos fue motivo suficiente para ignorarlo. Megan McArdle, columnista del Washington Post, hizo la observación irónica de que el hecho de que un artículo escrito por IA pudiera provocar semejante tormenta era, en sí mismo, evidencia a favor de la tesis de Shumer

Otros cuestionaron sus conclusiones sin descalificar el texto por completo: un análisis publicado en Business AI argumentó que los datos de Shumer son sólidos y sus consejos prácticos sensatos, pero que sus extrapolaciones fallan porque asume que lo que ocurrió con la programación se replicará con la misma velocidad en campos como el derecho, la medicina o las finanzas, cuando la historia de la adopción tecnológica sugiere que la brecha entre capacidad e impacto económico es grande e impredecible. Gary Marcus, profesor emérito de NYU, fue más duro: lo calificó de «propaganda con cara de advertencia» y señaló que Shumer omite los errores frecuentes de alucinación y las investigaciones recientes de Caltech y Stanford que documentan fallas de razonamiento en estos modelos. 

Entre las respuestas más populares destacó la de Connor Boyack, presidente del instituto de política pública Libertas, quien escribió un contraensayo viral con una premisa directa: «La IA no viene por tu futuro. El miedo sí.» Boyack no niega que la disrupción sea real, pero argumenta que el pánico ante nuevas tecnologías es una de las reacciones más antiguas y consistentemente equivocadas de la historia humana, y que cada revolución tecnológica ha terminado generando más empleos de los que termina eliminando. Su consejo: en lugar de preguntarte si la IA te reemplazará, pregúntate qué puedes hacer ahora con IA que antes era imposible.

No podemos saber con certeza qué nos deparará el futuro. El miedo vende, y aquello que lo promueve se vuelve viral. Aun así, creo que ambas posturas tienen su parte de razón. 
Es cierto que la historia está llena de predicciones apocalípticas que nunca se cumplieron, y que la tecnología ha terminado creando más empleos de los que ha destruido. Pero también es cierto que la velocidad a la que avanzan estos sistemas no tiene precedente, y que ignorar las señales por comodidad o escepticismo rara vez es una buena estrategia. Quizá lo más sensato no sea ni el pánico ni la indiferencia, sino la curiosidad activa: informarse, experimentar con estas herramientas, entender qué pueden y qué no pueden hacer, y prepararse para un escenario en el que nuestras habilidades más valiosas sean precisamente aquellas que las máquinas todavía no dominan. Al final, la mejor forma de no ser sorprendido por el futuro es no darle la espalda al presente.

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