José Rodrigo Aréchiga Gamboa, el “Chino Antrax”, el primer narco-influencer

Carlos Jara

Lleno de seguidores, dinero, fama, likes y poder, así fue la vida del famoso “Chino Antrax”, sin embargo, fundador de una temible célula criminal, sin embargo, todo eso no lo pudo salvar de su trágico final un 15 de mayo de 2020

Esta historia comienza un 15 de junio de 1980, cuando, en Culiacán, Sinaloa, nació José Rodrigo Aréchiga Gamboa. Aunque hay algunos reportes que indican que nació en Sonora, creció y vivió en Sinaloa, dentro de una familia a la que no le faltaba nada. A diferencia de otros criminales, aparentemente no vivió pobreza en sus primeros años de vida.

El lugar donde creció le permitió convivir con una familia muy particular: la familia Zambada, conocida a nivel nacional por su legado en el mundo del narcotráfico. A pesar de ser amigo de los hijos de Ismael “El Mayo” Zambada, José Rodrigo no quería entrar al mundo del narcotráfico; él tenía otras metas.

En su juventud, intentó convertirse en piloto de las Fuerzas Aéreas Mexicanas, pero fue rechazado y no pudo entrar. Ante esto, comenzó a estudiar arquitectura y, gracias a su ingreso a la universidad, conoció a su novia y futura esposa, Yuriana Castillo Torres. Al convertirse en esposo rápidamente, intentó darle la mejor vida a su mujer; esto lo terminó orillando a unirse al crimen organizado.

Ascenso dentro del Cártel de Sinaloa y nacimiento de Los Ántrax

Alrededor de 2004, con 24 años de edad, Rodrigo empezó a trabajar para el Cártel de Sinaloa como chofer y mandadero. Gracias a su inteligencia y creatividad, comenzó a crecer fuertemente dentro de la organización. Además, empezó a coordinar envíos de droga de México a Estados Unidos, creando nuevos métodos.

Uno de estos métodos consistía en enviar la droga dentro de camiones de empresas legales, al menos de acuerdo con lo que dice la periodista Anabel Hernández en su libro El Traidor.

Además de esto, se volvió el jefe de seguridad de los hijos de Ismael Zambada: Ismael Zambada Imperial, “El Mayito”, y Vicente Zambada Niebla, “El Vicentillo”. Para 2008, se convirtió en uno de los fundadores del grupo delictivo “Los Ántrax”, quienes apoyaban al Cártel de Sinaloa en su guerra contra el Cártel de los Beltrán Leyva. Esto le terminó dando su apodo: el “Chino Ántrax”.

“Los Ántrax” se distinguieron por su forma tan cruel de acabar con sus rivales y por las terribles balaceras que protagonizaron. Otros líderes del grupo fueron: Alfredo Vizcarra Vega, “El Fello Ántrax”; Jesús Peña González, “El 20”; y René Velázquez Valenzuela, “El Sargento Phoenix”, entre otros.

Lujo, redes sociales y la construcción del narco-influencer

Con el paso del tiempo, el “Chino Ántrax” y su grupo se volvieron cada vez más temibles y sanguinarios. Su sello característico, un anillo de calavera, no podía faltar. Con todo esto, José Rodrigo se ganó el respeto de sus jefes; sin embargo, él quería más: quería fama y admiración. Por ese motivo, decidió hacer algo poco visto en criminales de alto poder: subir su vida a redes sociales.

A través de redes sociales como Instagram y Twitter, subió su vida: carros de lujo, mansiones, viajes por el mundo, tenis y ropa de alta gama, así como armas bañadas en oro.

Con todo esto, las autoridades de México y Estados Unidos comenzaron a poner sus ojos en José Rodrigo. Ya no era un sicario más, sino un jefe criminal importante del Cártel de Sinaloa, cercano a “El Mayo” Zambada. Por ello, se encargaba de las misiones más importantes del cártel, como la que ocurrió un 18 de octubre de 2013 en el Hotel Marbella, de Los Cabos, Baja California.

El atentado que lo marcó y consolidó su fama

Ese día, el “Chino Ántrax” se infiltró en la fiesta de 63 años de uno de sus grandes enemigos, Francisco Rafael Arellano Félix, líder del Cártel de Tijuana. En esa fiesta se encontraban grandes personalidades, como el jugador Jared Borgetti y el cantante Luis Antonio López, “El Mimoso”. Rodrigo entró vestido de payaso al recinto y, en un momento en el que se apagaron las luces, disparó contra Francisco, asesinándolo.

Esto lo convirtió en una “leyenda” dentro del crimen organizado. Los corridos que se le hicieron en su honor afirmaban que salió corriendo del lugar y se perdió entre la arena del mar. Ya no era uno más, era el famoso “Chino Ántrax”.

Corridos se le hacían en su honor, como si faltara seguir glorificando a estas personas en nuestro país, pero ese ya es otro tema. Todo lo que sube tiene que bajar, y José fue víctima de su propio ego. A finales de diciembre, viajó a Países Bajos para celebrar el Año Nuevo, pero cometió el error de publicar su viaje en redes sociales. Al llegar al aeropuerto de Schiphol, el 30 de diciembre de 2013, fue detenido por las autoridades y, para junio de 2014, fue extraditado a Estados Unidos.

Caída, fuga y un final marcado por la traición

En mayo de 2020, el exlíder de Los Ántrax fue condenado a cinco años de arresto domiciliario en San Diego, con un perímetro de 500 metros. Se dice que habló de más y dio información valiosa al gobierno estadounidense; gracias a ello, obtuvo una reducción en su condena.

Sin embargo, no respetó la medida y escapó el 6 de mayo, dejando solo su celular en el lugar. La noche del 14 de mayo de 2020, José Rodrigo Aréchiga Gamboa se encontraba en casa junto a su hermana y su cuñado, cuando notaron la presencia de hombres armados. Le sorprendió reconocer a varios de ellos.

Los agresores pertenecían al Cártel de Sinaloa, organización en la que Aréchiga también era pieza clave como líder de “Los Ántrax”. Se desató un tiroteo que se prolongó hasta el amanecer, hasta que se quedaron sin municiones.

Al día siguiente, autoridades encontraron una camioneta en Sinaloa con tres cuerpos en su interior, identificados como Aréchiga, su hermana y su cuñado. Posteriormente, se señaló que su asesinato habría sido ordenado por líderes del propio cártel, al considerarlo traidor. Las teorías sobre por qué escapó de Estados Unidos, luego de obtener un gran acuerdo, continúan hasta el día de hoy.

Como dato extra, apenas cuatro meses después de su detención en Ámsterdam, su pareja y madre de sus hijos, Yuriana, fue secuestrada en Culiacán, Sinaloa, al salir de un gimnasio. Un día después, su cuerpo fue encontrado sin vida y, de acuerdo con la FGR, la causa fue ahorcamiento.

Y así fue como terminó la vida de uno de los capos más temibles en los últimos tiempos. De muy poco sirvieron los carros de lujo, las mansiones, las decenas de corridos cantados por grandes artistas como Lenin Ramírez o Edén Muñoz y, sobre todo, de nada sirvieron los miles de seguidores en Instagram. Al final de cuentas, su destino fue el mismo que el de muchos: la cárcel o la muerte; en su caso, fueron ambas.

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