

El Cartel de Sinaloa y el CJNG lideran un imperio global de drogas, mientras la frontera sur se militariza
Al cierre del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la sombra del narcotráfico no solo persiste, sino que ha mutado en una red transnacional más sofisticada y lucrativa. Según la DEA, el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) obtienen ganancias multimillonarias anuales por el tráfico global de fentanilo, dominando por completo el mercado estadounidense.
Con presencia en más de 40 países, incluyendo los 50 estados de Estados Unidos, estos grupos criminales han sofisticado su operación: mientras que en Estados Unidos controlan el tráfico de opioides sintéticos, en Asia y Oceanía se expanden con metanfetaminas, negocio que, según la DEA, les deja 100 veces más ganancias que en Norteamérica. África, por su parte, funciona como puente hacia el mercado europeo.
India aparece ahora como nuevo proveedor de precursores químicos, desplazando parcialmente a China. La red financiera de estos cárteles abarca desde Sudamérica hasta Rusia y Sudáfrica. En México, controlan el puerto de Manzanillo y gran parte de la frontera norte, operando con la protección de una red de funcionarios y militares corruptos, advierte la DEA.

La otra versión
Pero la historia tiene otra cara: Estados Unidos presume hoy la frontera “más fuerte y segura de su historia”, según Donald Trump. Más de 9,000 elementos del Pentágono vigilan los 3,500 kilómetros de frontera, desplegados con vehículos artillados, drones espía y patrullas en tierra y mar. Sin embargo, esta imagen choca con la realidad de un mercado estadounidense que sigue siendo el mayor consumidor de drogas del mundo.
Trump y la Casa Blanca aseguran que los cruces ilegales y el trasiego de drogas han disminuido dramáticamente, sin mostrar evidencia clara. Expertos en salud pública señalan que la baja en muertes por sobredosis no se debe a un control más efectivo, sino al miedo entre los usuarios que han optado por metanfetaminas, menos letales que el fentanilo.
Operativos fallidos
Este panorama no es nuevo. Entre 2006 y 2011, el fallido operativo “Rápido y Furioso” introdujo más de 2,000 armas a México para ser rastreadas, muchas de las cuales terminaron en manos de cárteles. Hoy, el poder de fuego y financiero de estas organizaciones criminales está fuera de escala.
En paralelo, las autoridades mexicanas aseguran avances: se han desmantelado más de 758 laboratorios clandestinos, asegurado más de 1,400 kilos y 2 millones de pastillas de fentanilo en los últimos seis meses. Sin embargo, la percepción de inseguridad urbana no mejora de forma significativa en muchas zonas del país.
Mientras México insiste en la atención a las causas, la militarización del lado estadounidense sigue creciendo. Y en medio, una industria global de muerte que sigue activa, rentable y cada vez más compleja.
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