
Memorable es un adjetivo que describe aquello que merece permanecer en la memoria. Un acontecimiento, una persona o un momento que, por su impacto, resulta imposible de olvidar.
Francisco Guillermo Ochoa Magaña podrá generar opiniones divididas. Su juego podrá gustar o no. Sus errores podrán discutirse y sus decisiones cuestionarse. Pero si hay algo que jamás se le puede reprochar es su profesionalismo. Mantenerse como seleccionado nacional durante décadas no es producto de la casualidad, sino de la causalidad. Requiere nivel, disciplina y una capacidad extraordinaria para sobrevivir a las generaciones, los directivos, las críticas y el paso del tiempo. Hubo quienes intentaron quitarle el lugar, incluso parecían destinados a sustituirlo definitivamente. Sin embargo, como bien portero siempre encontró la forma de permanecer para así «guardar su meta».
Pero al atreverse a soñar, también atraviesas por pesadillas. Le tocó vivir el futbol desde ambos extremos. En algunos momentos fue el héroe que salvó a México con actuaciones inolvidables. En otros, cargó con el papel del villano. Fue señalado, criticado y responsabilizado de derrotas dolorosas. Pero precisamente ahí radica la grandeza de las trayectorias largas: solamente quienes soportan el peso de los errores tienen la oportunidad de construir suficientes aciertos para permanecer.
La experiencia no solamente la otorgan los años. También la construyen los momentos. Las derrotas. Las eliminaciones. Las victorias. Los Mundiales. Y pocos jugadores pueden presumir una colección de experiencias tan amplia como la de Memo.
Por eso resulta tan simbólico que únicamente tres futbolistas puedan presumir seis Copas del Mundo: Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Guillermo Ochoa. Los niveles de sus carreras son muy distintos. Las comparaciones futbolísticas son injustas. Pero la historia no distingue posiciones cuando se trata de permanencia. Solo ellos forman parte de una mesa reservada con tres asientos para quienes lograron permanecer durante más de dos décadas en la máxima competencia del planeta.
Al principio, el objetivo solamente era ganarse un lugar. Después, mantenerse. Al final, quedarse grabado para siempre. Todo comenzó en el lugar donde se pusieron los primeros «huevos». Ahí tuvo que romper el cascarón para seguir volando. Salió de su zona, cruzó continentes y realizó un viaje que pocos podrán replicar. Y quizá por eso el cierre tenía que ocurrir en el mismo lugar donde comenzó todo. Porque el nido que lo vio crecer también es el que lo recibió con las alas abiertas cuando regresó.
Para reconocer su experiencia y dimensionar todo lo que significan seis Copas del Mundo, había que volver al origen. Y si quieres entenderlo, no solamente recuerdes el final. Recapitula desde el inicio. Porque las mejores historias terminan donde comenzaron. Y por ello, Guillermo Ochoa es: MEMOrable.

